Desde mi sillón de orejas

El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 19 de diciembre de 2014 ~ 0 3

Eduardo Elitista y Salvapatrias

ministro-Serra-RexachSalvapatrias es una palabra que suele utilizarse con cierto tono crítico implicando que quien se presenta a sí mismo como tal no puede ser alguien que conoce sus limitaciones. No es mi caso en relación a mi amigo Eduardo Serra quien hace pocos días escribió un artículo de opinión en El País que bajo el título El Declive de los Estados Nacionales pone en juego, con la habitual maestría retórica de su autor, ideas que me interesan desde hace mucho tiempo y especialmente en estos tiempos en los que las ramas de los árboles (ni siquiera los árboles) no nos dejan ver el bosque. No solamente nos previene sobre el peligro para España de que los Estados Nacionales Europeos se difuminen en la globalización, sino que pone un énfasis, que podría parecer anticuado, en el peligro que corre la idea de Patria. De ahí que en el título de este post incluya la idea de salvapatrias. No es exagerado ni distorsionador pues, después de explicarnos el origen estatal de la superioridad de Europa, nos avisa de que el dominio de lo que llamamos Occidente (Europa y los EE.UU.) está en peligro precisamente por el declive, o decadencia, de esos Estados como tales estados. Como una prueba de esa posible decadencia nos cuenta, seguramente pensando en España, que:

Hasta hace solo unos años, determinados edificios de nuestras ciudades lucían a su entrada el cartel «Todo por la patria» y en las juras de bandera nos comprometíamos a derramar por ella «hasta la última gota de nuestra sangre». La patria representaba la soberanía, el ser (mundano) supremo, y así lo proclamaban solemnemente nuestras Constituciones.
Hoy, muy al contrario, la patria, a la que ahora denominamos «país», cuando no «Estado», ha pasado a ser una proveedora de servicios, fundamentalmente educación, sanidad y pensiones; proveedora a la que maltratamos sin ambages cuando comete el más mínimo error y, por desgracia, los comete con frecuencia.

Visto desde un punto de vista muy poco frecuente en estos campos de ideas diríamos, leyéndole la cartilla a Eduardo, que el impulso visceral que subyace a la idea de Patria y que es algo comunal, es un impulso dionisíaco que, si bien ha estado iluminado por el formalismo individualista apolíneo que subyace a los servicios públicos, está pasando a limitarse a éstos que, sin visceralidad patriótica, dejarían de jugar un papel constitutivo y se limitarían a conformar una maquinaria estrictamente mecánica. Maquinaria esta que, a su vez, parece no funcionar demasiado bien. Nos encontramos con un reloj de pulsera de estos que se dan cuerda a sí mismos aprovechando los movimientos de nuestra muñeca y que empieza a retrasarse por la ralentización de nuestros movimientos y por las averías del conjunto de tuercas que impulsan el movimiento de las agujas. Dioniso y Apolo son complementarios y eso hace que no podamos minimizar la importancia de los aparentemente pequeños problemas técnicos favoreciendo la atención a los impulsos creativos que estarían en peligro en buena parte por esa globalización que, seguramente y dada su naturaleza, no va a poder generar una patria global aunque la idea de una aldea global a la que se refiere Serra refleje su nostalgia así como la de alguno de nosotros respecto a símbolos nacionales, no iguales para todos.

¿Qué hacer políticamente en una situación así? Por esta pregunta yo entendería la duda de cómo podemos hacer política nacional de manera que solucionemos problemas internos, aparentemente menores y, al mismo tiempo, sepamos competir en un mundo global que plantea problemas realmente serios y estratégicos. Y es en este punto en el que Eduardo deja de ser un salvapatrias y se convierte en un político que trata de mantener a la que fue su patria en un estado fuerte no en sí mismo sino como parte de una coalición de Estados que sigan mandando en el mundo. El amigo patriótico se me ha convertido en político elitista que aspira a ser escuchado como un oráculo al que se le preguntan cuestiones que se diría no tienen solución evidente. La élite a la que aspira a pertenecer se eleva por encima no solo de los problemitas cotidianos simples sino más allá de las discusiones rutinarias y nadie más que él puede definir quién pertenece a esa élite.

Yo diría que, en opinión de Eduardo, solo puede estar a la altura de los tiempos de la globalización quien se de cuenta de que hacer política hoy exige una mayor amplitud en el abanico de pactos entre políticos de distintas persuasiones:

Hasta hoy solo había que pactar las políticas por las que nos relacionábamos con otros Estados: la exterior y la de defensa. Hoy es imprescindible pactar también muchas otras: desde la educativa y la de I+D+i a la energética o la medioambiental, pues todas ellas son necesarias para competir con otros países.

Y Eduardo nos dice que aquellos políticos que no se den cuenta de esto no podrán hacer el bien por su país (¿patria?) pues hoy en este mundo abierto se necesita apoyar la competitividad al máximo dejándonos de pejiguerías como serían esas cositas como el Estado el Bienestar o, añado yo malintencionadamente, la desigualdad. Si no renunciamos a utilizar la política como arma ideológica, diría Eduardo, no podremos mantenernos entre los Estados poderosos de hoy en día y esto a la postre nos empobrecerá en el futuro. La política hoy no podría ser populista y habría de ser elitista en el sentido de que deberíamos dejar sitio a gente que se da cuenta de estas limitaciones. Su premio, me parece que entiende y espera Eduardo, es que conseguirán recuperar el impulso vital de la Patria. Pero eso exige de un verdadero político de los que no se contenta con fantochadas que se esmere en la pedagogía explicando las cosas con claridad y que, al mismo tiempo, lleve una vida ejemplar sin caer en el aprovechamiento del poder en beneficio propio.

Soy consciente de que no he incluido aquí todo lo que cuenta Eduardo en su artículo, pero creo sinceramente que no he distorsionado su nostalgia de un mundo pretérito en el que Dioniso y Apolo se daban la mano o su intención de superarla a través de una alta política al alcance de poca gente y en la que la embriaguez de Dionisio ha de ser frenada. No es mi intención polemizar, pero termino diciendo humildemente que muchos que no pertenecemos a ninguna élite, pero tampoco somos unos ignorantes, no queremos renunciar a la embriaguez ni creemos que ello nos vaya a llevar, por sí mismo, a la irrelevancia total. Nuestro reto es todavía más complicado que ese al que Eduardo nos llama a enfrentarnos. Pero es el que me interesa a mi, nacionalista tranquilo, uno sobre el que he escrito muchas veces y sobre el que volveré.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 17 de diciembre de 2014 ~ 0 1

El cine y la televisión españoles

pedro casablancAyer me quedé hasta la una de la madrugada mirando TVE para ver hasta el final la película sobre Prim que ha producido y dirigido Carlos Bardem. Si el espectador no sabe casi nada de la historia de España, la película no se lo aclarará todo, pero le dará una idea y, en el mejor de los casos, le llevará a tratar de aprender algo sobre una época que precede a la Primera República y luego a la Restauración. Pero no era esto lo que me retuvo con los ojos abiertos a pesar de la somnolencia ni tampoco la calidad de la película.

Me rondaban la cabeza ideas sobre el cine español y sobre el papel de la televisión en la vida social. Después de más de un año de escuchar quejas renovadas sobre el IVA cultural y la huida del público de las salas, en estos últimos días nos hemos enterado de que los resultados de audiencia y económicos del año que ahora acaba serán muy buenos. Me pregunto si no tendrá algo que ver el hecho de que TVE dedica fondos a producir películas. E incluso si es quizá posible que el cine español no sea tan malo como en general se proclama. Si será posible que los directores, actores y demás técnicos hayan encontrado una cierta carrera que pasa por el teatro y por la televisión.

Mi sensación es que la colaboración cine/televisión es buena para la cultura y me congratulo de que esa colaboración redunde en beneficios para el sector en general, lo que muy bien podría ser el caso ya que la televisión privada está ya dentro del negocio. Pero si este fuera el caso ¿no nos debíamos preguntar si no sería bueno privatizar la TVE? En mi opinión la televisión debería considerarse como un servicio público para cuya provisión parecería natural, aunque no necesario, la aportación de todos los ciudadanos. Lo que me parece curioso es que gente que opina esto, que se privatice TVE, suele al mismo tiempo oponerse a los nuevos negocios de consumo colaborativo ya sea en el transporte en ciudad (UBER) o en el arrendamiento de pisos turísticos (Airbnb).

Bueno, no lo sé todavía aunque tenga mi voto decidido: quiero una televisión pública y unos servicios provistos de forma compartida y privada cuando se trata de transporte o arrendamientos turísticos. Pero nada de esto es lo que me retuvo ayer ante la caja tonta. Tampoco la calidad de la película sobre Prim que me pareció escasa; sino lo divertido que me resultó reconocer las caras de actores (pocas actrices había) que me resultan familiares de esta serie que una cadena privada (Antena 3) emite ahora en un horario para viejos jubilados. Me refiero a Amar es para Siempre, continuación de Amar en Tiempos Revueltos (de producción pública). Reconocí a Luis Bermejo (Paco en la serie) apenas visible en la película como un sospechoso Gobernador y a Pedro Casablanch, el ayudante del regente Serrano que hasta hace como un mes era Damián Blasco en la serie.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 15 de diciembre de 2014 ~ 0 1

Sistema complejo

sistemas complejosJuan de Mercado, el 08 del 06 del 2012, y usando el conocido chiste de que «hay tres economistas, uno que sabe sumar y otro que no» escribe que, en ciertos temas, hay economistas que parecen no saber sumar. Aplica Mercado esta sencilla idea a varios temas entre ellos esa idea que hoy renace de repartir el trabajo reduciendo la jornada laboral. Ideas como esa, que a un lego le parecerían obvias no lo son tanto si caemos en la cuenta de que un sistema económico es siempre complejo. Esto es lo que decía al respecto:

Los sistemas económicos son complejos. En ellos, cada variable depende de los valores actuales y futuros de muchas otras, las cuales a su vez dependen de los valores actuales y futuros de las primeras. Es más, estas relaciones de dependencia son cambiantes en el tiempo, dado que las decisiones que toman los agentes económicos varían en función de sus expectativas sobre el comportamiento actual y futuro de otros agentes. Es por ello por lo que la evaluación de medidas de política económica requiere el uso de modelos económicos (que, necesariamente, han de ser dinámicos, es decir, han de tener en cuenta el futuro, de equilibrio general, es decir, han de tener en cuenta la determinación conjunta de todas las variables, además de lógicamente coherentes, es decir, adecuados a la cuestión que se quiere analizar).

La apelación a la complejidad de un sistema sin más me pone nervioso y me enfada.

Para empezar porque, si esto es así en un sistema específico cabría preguntarnos por qué no se aplica la teoría de sistemas complejos a fin de encontrar una respuesta. Un sistema complejo suele tener soluciones múltiples y cabría que, en ciertas condiciones, la reducción de jornada tuviera sentido más allá del mero reparto de una cantidad dada de trabajo medida en horas entre más trabajadores trabajando menos cada uno de ellos.

Pero hay otras razones para mi enfado. No se puede pues hablar de sistemas complejos sin plantearse cómo diferenciar entre teorías reflejadas en modelos complejos. ¿Podemos continuar con el falsacionismo popperiano? Según este criterio deberíamos mantener una teoría hasta que se haya probado falsa; pero lo que está ocurriendo alrededor, por ejemplo en Macro, es que se mantienen aunque estén muy cerca de que hayan sido probadas falsas y se mantienen porque el grupo social de quienes practican esta rama del saber es muy poderoso académicamente. Hay pues que abandonar el falsacionismo e inventarnos otra manera de palpar nuestro camino hacia la verdad. Sugiero que consideremos como criterio de verdad no la correspondencia entre la idea y la cosa, sino la idea que más ha costado parir, esa idea que se ha impuesto al grupo a pesar de la dinámica compleja de ese mismo grupo y que está por debajo del poder académico.

Ya comprendo que esta sugerencia no es muy seria, pero a mi edad uno empieza a creer al cuerpo, es decir a lo que se impone a su mente.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 9 de diciembre de 2014 ~ 0 3

Una Macreoeconomía escindida por demasiado tiempo

entusiasmoComo deberes para nuestra reunión navideña anual Juanjo Dolado nos envía unas lecturas obligatorias. Por un lado tenemos que leer un artículo de Fourcade et al. sobre la estructura de la profesión de los economistas académicos y su complejo de superioridad dentro del conjunto de las ciencias sociales en general. Sus ideas principales son estas tal como se expresan en la introducción del artículo:

In this essay, we explore the shifting relations between economics and the other socialsciences in four specific dimensions.

First, we document the relative insularity of economics and its dominant position within the network of the social sciences in the United States. Though all disciplines are in some way insular – a classic consequence of the heightening of the division of academic labor (Jacobs 2013) – this trait particularly characterizes economics.

Second, we document the pronounced hierarchy that exists within the discipline, especially in comparison with other social sciences. The authority exerted by the field’s most powerful players, which fosters both intellectual cohesiveness and the active management of the discipline’s internal affairs, has few equivalents elsewhere.

Third, we look at the changing network of affiliations of economics over the postwar period, showing in particular how transformations within higher education (most prominently the rise of business schools) and the economy have contributed to a reorientation of economics toward finance.

Finally, we provide a few insights into the material situation, worldviews, and social influence of economists, which also set them apart from their academic peers. Taken together, these traits help to define and account for the intellectual assurance of economists and, in turn, for their assertive claims on matters of public policy

Estas ideas son curiosas en sí mismas, pero los comentarios de P. Krugman y de B. De Long se concretan en una dirección específica, la de la Macroeconomía y, ante su aparente fracaso -más o menos relativo- nos llevan hacia la discusión sobre la situación científica de esta subdisciplina. Quiero concentrarme en este área puesto que en ella se cruzan las ideas que dan prestigio dentro de la profesión y las que acaban influyendo sobre la política económica.

Krugman dice aquí, en el contexto específico de comparar a los macroeconomistas de agua dulce con los de agua salada, que

Again and again we’ve seen freshwater macroeconomists declare that New Keynesians, let alone those who respect the older stuff, don’t get some basic point; they don’t understand the accounting identities, they don’t understand Ricardian equivalence, they don’t understand the Euler condition, they don’t understand the Fisher equation. Each time it has turned out that the Keynesians understood the concepts perfectly well, and that it was the anti-Keynesians, in their haste to cry “Gotcha!”, who were making elementary logical errors or suffering failures of reading comprehension. You would think that at some point they’d catch on, and realize that New Keynesian economics may be wrong, but it’s not stupid, and neither are the people who do it. (If your worldview says that Stan Fischer and Olivier Blanchard must be dumb, you have a problem.) But they never do seem to learn. Why?

Y Brad de Long entra más en detalle en este comentario:

As I see it, Lucas’s initial bet was that informational imperfections and the consequent confusion between nominal and real price changes where the drivers of the short-run accelerationist Phillips curve, and that credible monetary policies that eliminated any such confusion would stabilize output and employment. Milton Friedman warned at the time that this was silly–or, perhaps, that this was silly if one did not understand that the inflation “expectations” relevant to next year’s price level were a long distributed lag of inflation expectations extending at least a generation into the past. And as model after model failed Lucas, Prescott, and their epigones doubled down, calling for better microfoundations and thinking up new statistical reasons why the correlations in the data that suggested that their research program was degenerating could be explained away.

A la luz de estos comentarios y más allá de la situación de la profesión en general frente a otras relacionadas con otras ciencias sociales, caben algunos comentarios muy generales pero no por ello faltos de interés.

La primera moraleja es que el complejo de superioridad de los economistas parecería basado en unas actitudes que no hacen ningún favor a la VERDAD si por verdad entendemos algo relacionado con la correspondencia entre teoría y realidad económica. Y esta correspondencia ha sufrido mucho en estos años de crisis en los que las buenas ideas con correcto fundamento metodológico, instrumentos adecuados y modelizaciones inteligentes han tenido que inclinar su cabeza después de años de superioridad autoasignada ante ideas más ad-hoc, matematizaciones menos brillantes y modelizaciones un si es no es ramplonas.

La segunda moraleja, propia de la jerarquización profesional que detectan Fourcade et al., es que este ejemplo de la Macro en los últimos treinta años es desde luego un resultado de esa dependencia del recorrido que, sostenida por la reputación como fuerza estructuradora de la autoridad, deja fuera del camino muchas ideas antes de que hayan podido ser corroboradas o falsadas con la consiguiente dificultad de volver atrás cuando nos damos cuenta de los errores en los que hemos incurrido.

Y aunque no fuera difícil volver atrás cabe que nos preguntemos ¿atrás, hasta donde? Y si no sabemos contestar a esta simple interrogación es porque seguimos anclados en una idea de VERDAD no necesariamente adecuada. No nos libramos del falsacionismo Popperiano y ni siquiera contemplamos la posibilidad de que haya otras ideas de VERDAD más acordes con los valores que subyacen a la insularidad de la economía dentro de las ciencias sociales.

Si nos creemos únicos es porque -aunque no lo digamos así- somos mejores, ya que comunicamos un entusiasmo vital por la continua búsqueda de ese mismo entusiasmo que aunque quizá no tenga muy en cuenta la llamada realidad quizá pueda ser la simiente de una manera de trabajar que no deja de transitar por todas las bifurcaciones posibles sin dejarse llevar por la influencia de los que cortan el bacalao por razones a su vez relacionadas con este entusiasmo. ¡Dejemos que el entusiasmo sea el criterio de convergencia entre recorridos distintos de la Macroeconomía!

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 30 de noviembre de 2014 ~ 0 8

¿Se acabó la discusión?

mercado
Recordemos que el FT apoyaba hace unos días, y como siempre con prudencia, la idea del impago parcial o retardado de la deuda que pretende Podemos en forma de reestructuración de dicha deuda. Como además y tal como decía en el último post parece que la explicación de lo que pasa se ha hecho totalmente convencional, creo que se podría decir que ya no hay discusión.

Ha vencido, en efecto, la idea más cercana a la tradicional, pero seguramente Woolf lo cuenta mejor y con mayor autoridad en su columna del pasado día 26 de noviembre de la que destaco los siguientes dos párrafos. Este es el primero:

The [preferred] alternative is to address the sources of structurally weak demand. One policy would be to redistribute incomes from savers to spenders. Another would be to promote spending. This is why Japan’s consumption tax increase was so misconceived. Japan should tax savings instead. This violates the prejudice that thrift is valuable. But in a world suffering from demand deficiency syndrome, it is not. Unproductive savings should be discouraged

Esto es evidente en el caso de Japón y la medida resultó incomprensible desde el mismo momento que se tomó. Sin embargo no se trata solo de que la paradox of thrift esté vigente sino que, además, en Japón no parece haber problema con el endeudamiento porque son los propios japoneses quien se hacen cargo de él y porque seguramente sigue vigente las ideas de Leijonhufvud tal como las explique en este post en el que se añade algo que merece la pena recordar en palabras del propio Axel quien insiste en que fuera del Corredor Neoclásico es imposible poder decir de manera creíble algo de este tenor: «tengo este proyecto de inversión que rendirá sus frutos en el futuro y desearía intercambiar hoy esa perspectiva por factores de producción que me permitan producir hoy los bienes futuro». Y continúa: «y es ahí donde llegamos cuando el sistema financiero está totalmente atorado con préstamos malos».

No cabe duda de que este ha sido el caso en Japón y en Europa, pero ahora en este último continente no se trata de que el sistema financiero no haya mejorado, pues sí que lo ha hecho al menos un poco, se trata de que no solo estamos en una situación de fallos de demanda efectiva, sino que también tenemos problemas de oferta. Es aquí donde conviene recordar un segundo párrafo de Woolf:

[T]he possibility of structurally weak supply [also exists]. The solution is encouragement to work, invest and innovate. But policies designed to promote supply must not simultaneously weaken demand.

Este es el problema, cómo encontrar esas políticas de oferta que no dañen a la demanda agregada. Para reflexionar sobre este punto de una forma inicial quizá debiéramos detenernos un segundo sobre la tasa natural de desempleo y sobre el llamado output gap o Ley de Okun. Si la primera aumenta porque el diseño del mercado de trabajo es defectuoso y se reduce la intensidad de búsqueda debería ser cierto que el output gap disminuiría y en ese momento se comenzara a generar empleo a poco que se creciera. Podríamos decir que como ya «nadie» busca activamente empleo un pequeño empujoncito a las oportunidades de crecimiento se topa con un paseante descorazonado que igual contesta que sí a una oferta como quien admite un descuento inesperado, por revestir una forma nueva, en forma de puntos por ejemplo, en un supermercado.

He aquí pues el problema intelectual, cómo diseñar políticas micro que incentiven no solo la financiación bancaria sino también el mercado de trabajo. Mientras lo pensamos quizá podemos comenzar una nueva línea de pensamiento que ponga el foco en la forma de vida que va surgir después de que se hayan practicado todas las curas de choque. Mi apuesta es que cuando ya podamos decir que estamos fuera de peligro de una nueva recesión, no solo tengamos los europeos que repensar la política de nuestras instituciones, sino que estemos en disposición de iniciar una nueva forma de vida. Por mucho que nos anuncien que las primeras señales de la recuperación son los incrementos en las compras de bienes de lujo -como automóviles caros y yates de lujo- no creo que esto anuncie un nuevo estilo de vida. Creo más bien que ahora que Alemania no tiene más remedio que ceder, llega su triunfo en términos de austeridad en la manera de vivir apartándonos de los excesos de los que hemos sido testigos al principio de este este siglo.

Y si esto es cierto parecería que quizá fuera bueno mirar a la desigualdad resaltada por Picketty más allá de la forma de medir el capital de los impuestos a los muy ricos. Pero esto es otra cosa en la que ahora no voy a entrar. Pero si puedo terminar diciendo que no, no se ha acabado la discusión.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 24 de noviembre de 2014 ~ 1 4

Inflación y Eurobonos una vez más

globosMe permito comenzar recordando que la Crónica de una Crisis que termina más o menos a finales del año 2013 ya contenía la receta semikeynesiana de Inflación y Eurobonos. Desde el principio parecía lo obvio por lo que «Hacia un Nuevo Relato» se inició aquí como una serie de más de ochenta posts tratando de focalizar la forma nueva de pensar y no únicamente en macroeconomía. La idea era solo semi- keynesiana pues no consistía solo en gasto público financiado por deuda y bajadas de tipos de interés en caso de que la trampa de liquidez no las esterilizara, sino que ponía el énfasis en generar inflación para hacer más llevadero el proceso de endeudamiento, es decir en una combinación inteligente de política monetaria y de política fiscal.

Tal como explican con gran claridad Peter Temin y David Vines este tipo de solución hoy ha de tener en cuenta lo que hoy ya sabemos sobre la equivalencia ricardiana y el tamaño de los multiplicadores del gasto para calibrar bien el tamaño de gasto adecuado pero, por lo demás, la receta es la de siempre. Así se aplicó en los EE.UU. desde el principio de esta Gran Recesión todavía bajo la presidencia de Bush con el apoyo decidido de su Secretario de Estado Paulson. Pero parecía que no hacía falta o que la receta no era adecuada.

La cosa pareció que se solucionaba hacia el 2010, pero los problemas financieros de todo el mundo estaban ahí latentes y la actividad volvió a ralentizarse para reactivarse de nuevo hasta hace poco cuando hemos topado con el problema de Europa, que no se atrevió a seguir la receta de siempre aunque no por antigua sino a fin de aplicar la cataplasma todavía más antigua de aguantar el chaparrón con austeridad, es decir, envolviéndose entre las mantas de la cama no nos fuera a pasar como a los japoneses que solo se libraron del shock del enorme peso de la deuda porque casi toda la deuda era interna y porque los japoneses son seres humanos muy civilizados capaces de acomodarse a largos periodos de languidez.

Tuvo que venir Draghi y enfrentarse con la rigidez europea y las crisis financieras, como la resaca de la griega, mediante una finta que amenazaba con saltarse informalmente su mandato mediante una frase mágica («todo lo que sea necesario») para ir acercándose hacia la receta de siempre y que seguía funcionando. Pero tuvo que hacerlo poquito a poco y con la vigilancia continua de Alemania y su Banco Central. Han sido necesarios casi dos años, pero a pesar de esta oposición parece que ya no caben dudas de que hay que generar inflación mediante la compra condicionada de ciertos tipos de deuda para que, finalmente, y a través del G-20, hasta Alemania acepte la intervención del BCI para construir infraestructuras, una aceptación frente a la cual alguien como Joaquín Estefanía se muestra un tanto escéptico en su ya diaria columna de El País correspondiente al reciente día 16.

Por fin hemos llegado a la receta por la que yo abogaba: Inflación y Eurobonos. Pero hoy cabe preguntarse: ¿Incluso con esta enorme deuda que Europa ha acumulado por no actuar antes? El optimismo me lleva a pensar que se puede inflar la economía mediante una especie de QE, versión open markets operations, siempre que sepamos construir un bono especial y ponderado de acuerdo con el peso en Europa de sus componentes. Por fin encuentro, no imagino yo, y más tarde de lo deseado, la clave para que funcione algo así como los eurobonos. Se halla en un articulito obligatorio de dos mentes claras, las de L. Garicano y L.Reichlin, sobre como crear un «bono europeo» que premia el funcionamiento del QE que nos saque del peligro de Devaluación en Europa. La idea de un bono ponderado es tan sencilla que uno se pregunta cómo no se le había ocurrido a alguien.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2179 ~ 16 de noviembre de 2014 ~ 0 0

Enrique, Jon y Johann W.

GoetheQue Johann W. Goethe es un escritor vasco es algo que ya sabemos al menos desde hace años según nos cuenta Juan José Miralles, físico del departamento de Física Aplicada de la Universidad de Castilla La Mancha, en un post inquietante al que yo enlazaba años ha porque hacía referencia a un amigo muy querido y que pueden leer aquí. Esta certeza, continúo yo tongue in cheek, se refuerza por si fuera necesario con su parecido conmigo tal como resalté aquí con ocasión de mi visita a la Neue Pinakoteke de Munich el verano pasado.

Si se toman el trabajo de rastrear las señales en la arena del post enlazado dentro del blog inquietante al que me refiero encontrarán una especie de primer esbozo de lo que luego sería un ejemplo de teoría conspiratoria referida a los acontecimientos del 11M. Tal como explica Jon Juaristi en el prólogo del libro de Rosa María Rodríguez Magda, mi amigo Enrique, compañero de despacho de Jon en la UPV sería, de acuerdo con la autora del libro, no solo un enrabietado antiespañolista sino también un converso al Islam a través de las enseñanzas de Ian Dallas supuestamente recibidas en la Universidad de Colorado en el campus de Boulder a donde llegamos tanto Enrique como yo (¡ya casado) al final de los años sesenta.

El profesor de física aplicada Miralles interesado en redes y sistemas complejos que abocan al caos ve aquí un hilo del que tirar a fin de documentar las posible conexiones entre ETA y el Islamismo que, coordinados en red, podrían estar socavando la civilización occidental a través del terrorismo que lleva no solo al 11M sino que también llevó tres años antes al 11S. Una de las posibles pruebas estaba en el homenaje que se le hizo a Jünger en la UPV a raíz de la concesión del doctorado Honoris Causa. Esta teoría conspiratoria aplicada al 11M dejó paso a otras menos ad-hoc pero tan iluminadas como esta. Ya para siempre tanto Enrique como yo (en mucha menor medida) seremos sospechosos de conspiradores pero lo que quiero destacar es que nadie podrá decir que somos nacionalistas identitarios pues, aun sabiendo que el origen de todo somos nosotros los vascos, admitimos el entramado con gente que aparece en la historia mucho más tarde como serían los discípulos de Mahoma y, en mi caso y para incrementar la complejidad del trabajo de Miralles, tuve en el Vicerrectorado de Investigación de la UPV un ayudante judío israelí a pesar del nazi que llevo dentro.

Para colaborar en lo posible en esta búsqueda de tramas ocultas les cuento que no solo Goethe era vasco o que Jünger fue homenajeado en la UPV (campus de Lejona) sino que los alemanes que acuden al mismo supermercado que yo aquí en Madrid en busca de arenques visten exactamente como un bilbaíno de mi época con gabardina y boina (o similar) más paraguas.

Estos recuerdos me llegan de golpe en una entrada de otoño en que Madrid no brilla como suele y en la que me desplazo con todos los adminículos que me identifican como un vasco bilbaíno sospechoso de enredarme con islamistas, judíos e incluso nazis para cambiar el mundo a fin de que se reconozca de una vez por todas el liderazgo natural de nosotros los vascos. Pero sin Enrique, y con Jon ganando premios Euskadi de escritura en castellano, me encuentro solo y me abandono a una de mis nostalgias favoritas consistente en canciones folklóricas alemanas. Escuchen:

Verlassen, verlassen
verlassen bin ich
wie ein Stein auf der Straße
so verlassen bin ich
Keinen Vater, keine Mutter
kein Feinsliebchen hab ich
jetzt seh ich recht deutlich
wie verlassen bin ich

Jetzt geh ich zum Friedhof
zum Friedhof hinaus
dort knie ich mich nieder
und weine mich aus

Ach Liebchen ach Liebchen
was hab ich dir getan
du gehst an mir vorüber
und schaust mich nicht an

Sí, me encuentro abandonado como un adoquín sin que nadie me conozca.

Juan Urrutia

Juan Urrutia2179 ~ 21 de diciembre de 2014 ~ 0 0

Otro gran primer párrafo

El primer párrafo es donde un autor de ficción se la juega de verdad tal como decía hace ya muchos años usando como ejemplo el Call me Ismael de Melville. Siempre he pensado eso y puede que ahí está la explicación de mi escasa, por no decir nula, producción literaria. Es imposible competir con ese primer párrafo de Mobby Dick, o incluso con estos primeros párrafos de los que he escrito aquí (Bolaños)o aquí (Flaubert). Hoy he encontrado otro primer párrafo, en este caso de Jean Echenoz en su librito Un año, que me ha llamado poderosamente la atención:

Victoire,luego de despertar una mañana de febrero sin recordar nada de la fiesta y encontrar a Félix muerto a su lado , en la cama, hizo su maleta, no sin antes pasar por el banco, y tomó un taxi rumbo a la estación de Montparnasse

.

Juan Urrutia2179 ~ 13 de diciembre de 2014 ~ 0 2

Mis adminículos

bilbaobaldosaTengo un buen y querido amigo que dice a quien quiera oírle que me conoció con boina, paraguas y barba. Yo siempre aclaro que se confunde y que nunca he llevado esos tres adminículos juntos. Y es verdad, pero creo que también lo es, y debo confesarlo, que dependiendo del tiempo, a veces sí que llevo tres adminículos curiosos juntos, pues aunque la barba no duró mucho, la que siempre va conmigo es la gabardina, esa prenda que ya solo llevamos los muy mayores pero que, en mi caso, no deja obsoletos ni la boina ni el paraguas. Quizá esto es así pues hubo un tiempo, allí en mi infancia bilbaína, en el que sí que me protegía con boina, paraguas y gabardina en mi camino al colegio. Hacía frío, humedad y una fina lluvia que nunca cesaba de manera que, al acarreo de los libros escolares, debía añadir cada día esas tres defensas contra el mal tiempo. ¡Aquello era vida! Sobre todo por la tarde, después de comer en casa y de asistir a las clases hasta las siete de la tarde. Volver a casa era como una aventura de Salgari. Siempre lloviendo, casi siempre oscuro como una noche casi cerrada y con un frío que la gabardina no podía contrarrestar. Caminaba rápido, con ganas de protegerme, pero sobre todo de disfrutar de las sorpresas que me podrían estar esperando en casa una vez desembarazado del paraguas, la gabardina y la boina. Escribo esto cuando, por fin ha llegado a Madrid lo que la gente llama el mal tiempo, ese que yo asocio a la felicidad en mi Bilbao infantil con un clima que me llevaba allí, y hoy me lleva aquí, a caminar al ritmo exacto de lo que se llama vida, algo entre la nostalgia y el aburrimiento pero siempre presidido por esa todopoderosa esperanza exaltada de las sorpresas que me esperaban al llegar al calor del refugio, esperanza exaltada esta que, pase el tiempo que pase, nunca acaba por apagarse o serenarse.

Juan Urrutia2179 ~ 6 de diciembre de 2014 ~ 0 0

Tximeleta y Wittgenstein

tximeletaSe ha roto la racha y por primera vez en mucho tiempo nuestra venida a Bilbao no ha traído el sol consigo. Hace un tiempo de perros y los yates del Abra apuntan su proa hacia el noroeste evidenciando el que denominamos viento gallego, el que, a diferencia del francés, trae el mal tiempo. Graniza y hace frío y me paseo por nuestra casa renovada tratando de encontrar el sitio adecuado para cada cuadro pues el cambio del entorno exige una renovación de lo que lo enmarca. Pero lo que da forma y sentido a un entorno no son solo los cuadros; también cuentan otros elementos. Como, por ejemplo, las mesitas bajas. La nueva del salón tiene forma de ala de mariposa y debe ser por eso que, tomando la parte por el todo, recibe el nombre comercial de tximeleta. Se me ha ocurrido que cuando llegue el momento de volver a LA para siempre puedo ocupar mis mañanas en escudriñar por donde sopla el viento y colocar la proa de esa mesa tan ligera en dirección al viento que toque. Una forma esta de no distinguir el interior del exterior añadiendo un intento más a esta tarea terca en la que estoy enganchado y que trata de escapar de la prisión del lenguaje siguiendo la estela de Wittgenstein. Quizá algún día pueda decir que yo hablo y que ya no es cierto que el lenguaje me habla. Pero quizá esta tarea pueda ir más allá de lo esperado e invertir los términos. Estoy dispuesto a sugerir en el Ayuntamiento que proporcione boyas adicionales de forma que todos los yates estén amarrados a dos boyas simultáneamente comprometiendo así la dirección de su proa. El viento habrá dejado de ser un fenómeno del exterior y se habrá convertido en una característica identitaria de mi casa cuya tximeleta habrá de ser consultada por los meteorólogos.

Juan Urrutia2179 ~ 3 de diciembre de 2014 ~ 0 3

Adios al lenguaje

La última película de Jean-Luc Godard: un joven de 84 años que se da cuenta de lo que aquí hace tiempo llamé el fin de la heurística y de la concomitante obligación de subvertir el lenguaje para que no caigamos en el engaño de creer que las cosas tienen sentido porque podemos contar historias. En la discusión en la que me enzarcé en ése post Godard habría estado de mi parte y lo muestra ya desde el título de esta película, «Adiós al Lenguaje», de donde sale el título de este post.

A los dos días de disfrutar de la película de Godard escuché con relativa atención una conferencia de Fredric Jameson sobre la globalización y la representación en la que este señor tan serio nos venía a contar que la globalización en la que se habría desarrollado la postmodernidad en el campo cultural era muy difícil de representar en sí y que no daba origen a ninguna forma realmente novedosa de representación de uno u otro tipo que mereciera ser entendida como cultura. En la discusión del post citado hubiera estado en el otro bando junto con Vargas Llosa y tratando de relacionar el «High Frequency Trading» (aunque no pronunció estas palabras) con la falta de sentido de las producciones que pretenden ser cultura y no son sino mercancías en un mundo en el que el capitalismo ya no tiene alternativa. Ambos Godard y Jameson son o han sido marxistas y esta forma de ver el mundo les ha condicionado su discurso. Pero mientras uno ha renunciado a esa representación de las épocas históricas, el otro continúa buceando en esas aguas en busca del sentido de las formas de representación en el siglo XXI. A este crítico de la cultura se le entiende todo, es un profesor frankfurtiano y, por tanto, se entiende también cuando no acierta con su diagnóstico. Al primero, que es un artista, que ha renunciado a entender o a explicar, no se le entiende nada y por eso es mucho más didáctico pues nos enseña que «allá nosotros», una de las pocas cosas que hoy se pueden enseñar sin sentir el ridículo.

Juan Urrutia2179 ~ 27 de noviembre de 2014 ~ 0 0

Señales malas

Malas SeñalesHe pasado unos días retirado bajo el poder de los antibióticos y solo me he enterado de lo que pasa en la calle a través de la televisión o internet cada vez más alejados ambos de las señales que uno capta cuando va y viene del trabajo. Seguramente me picó un bicho en el oído y probablemente fue en el tren. Renfe no es lo que era hasta antes de ayer, el tren estaba sucio, se olvidaron de ofrecerme auriculares y la puerta del servicio no cerraba bien. Unas señales no muy alentadoras respecto a la situación económica por mucho que los medios nos quieran hacer creer que vamos mejor.

Tumbado en mi chaise longue he vuelto a oír al chatarrero original ofrecer sus servicios. Servicios dirigidos hacia los hogares que ya no pueden sostenerse y tienen que vender algo viejo que sea de hierro. Y simultáneamente he notado la desaparición del tapicero que un día también voceó ofreciendo este otro tipo de servicio que parecería más a tono con una recuperación que da alas a la imaginación aplicada a la redecoración de una casa que estaba pidiéndolo a gritos después de unos cuantos años de austeridad. Pero cuando ya he vuelto a salir, más o menos recuperado creo haber notado otras malas señales.

Son malas tanto porque no se trata de señales técnicamente correctas como porque no creo que anuncien nada bueno. No solo he detectado una mayor mendicidad contradiciendo así los signos de recuperación que nos proporcionan las estadísticas macro voceadas por los medios, sino también un incremento notable de la mendicidad vergonzante. Señoras bien ataviadas con abrigos de hace unos años pero que todavía hacen su papel y que se acercan a uno con cortesía y musitan que les ayudes-que tengas piedad. Sigo preparado para mi rumanita a la que todas las mañanas le doy algo aunque sospeche que es parte de una mafia, pero no lo estoy para estas señoras arregladas que dirías acaban de salir de la peluquería. Es como si fueran las últimas víctimas de una contienda bélica y generan la misma especial tristeza por haber recibido la última bala del último disparo antes del armisticio.

Juan Urrutia2179 ~ 18 de noviembre de 2014 ~ 0 0

Dos gemelos

ibarra y petitboEl otoño y la edad son dos factores que, juntos, producen una cierta tristeza y, en mi caso, una merma de mis facultades mentales. Hoy no quiero insistir en mis lloros de viejo, sino hacerles ver que no he perdido todas mis facultades. Hay una que continúa tan viva como siempre. Me refiero a esa capacidad fisiognómica mía que acentúa cada vez más su poder de, no solo reconocer parecidos físicos, y sobre todo faciales, sino de revelar otras afinidades. Fijémonos primero en Amadeo Petitbo y a continuación en Juan Carlos Rodriguez Ibarra. Aproximadamente de la misma edad ambos han sido profesores de universidad a un nivel u otro y mientras el segundo ejercía de político de primera fila el otro pasó por el Tribunal de defensa de la Competencia para recalar luego en el mundo de las Fundaciones. Sus facciones, especialmente la barbilla muestra en ambos determinación y sentido de la realidad.

Juan Urrutia2179 ~ 11 de noviembre de 2014 ~ 1 0

Esta semana

abside burgalésFui a Barcelona y a Marsella siguiendo lo que Susan Miller me predijo. Resulta que vuelvo de este viajecito (del que ya les contaré) y no puedo evitar volver a consultar a mi nueva astróloga para ver lo que los astros me tienen preparado. Es en efecto cierto que estoy pensando en hacer una nueva escapada, esta vez a Bilbao, y me topo con que ella me aconseja que:

… realice un itinerario que además de educativo también sea inspirador.

No se cómo podría variar el itinerario habitual de ida y vuelta entre Madrid y Bilbao, pero supongo que ahí está justamente el reto. Quizá debería no parar en Landa sino entrar en Burgos y recogerme un ratito en la catedral. En caso de que esta visita no pueda ser llevada a cabo, Susan me dice que tendré que ocupar mi tiempo

…con revistas y libros que le hagan viajar mentalmente,

lo que me lleva a preguntarme a donde querría viajar realmente y me contesto que creo que a Uruguay.

Pero me siento inquieto porque no se trataría de un viaje sustitutivo en todos los sentidos ya que mi nueva astróloga termina diciendo que:

… debe asegurarse de que su lista de lectura esté llena de publicaciones que son aceptables académicamente

Pero ¿es esto lo que realmente deseo? Creo que, antes de decidir cómo enfoco esta semana, no me queda otra que concentrarme y reflexionar sesudamente sobre mi viaje recién terminado y de ahí sacar consecuencias académicas.

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