Desde mi sillón de orejas

El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 28 de febrero de 2015 ~ 0

Discurso de la Academia 2. Sobre Economía: micro y macro

Behavioral Economics: Buy the Right ThingRecordad la advertencia.

Seáseme permitido comenzar por el principio diciendo que la economía moderna es un sistema, complejo o no, en el que se mueven los seres humanos desde casi el comienzo de los tiempos y que la Teoría Económica o Economía con mayúscula es un intento de entender la asignación de recursos entre esos agentes, ya sea para el consumo ya sea para la producción, a partir de una caracterización de esos seres humanos, incluida la racionalidad, y de una institución que se llama mercado.

Este intento de entender acabó generando un modelo central, el sistema de equilibrio general, en el que un número muy grande de agentes individuales, dotados de cantidades finitas de un gran número de bienes, los intercambian en el mercado determinando así un precio para cada mercancía en cada fecha y en cada posible estado de la naturaleza hasta llegar a una situación en la que no hay otra asignación posible que sea unánimemente preferida.

Los estudios sistemáticos de este modelo central constituyen la Microeconomía y aquí los economistas han generado resultados muy potentes y muy útiles para la organización de una sociedad en la que quizá no tengamos siempre «todos» los mercados abiertos, en la que surgen nuevas instituciones para poder trasladar poder de compra entre fechas o entre estados de la naturaleza que reducen el riesgo o en la que se usan bienes públicos que nadie quiere contribuir a sufragar.

En estos estudios se han generado muchas ideas respecto a la regulación o a la lucha contra los monopolios; se ha relajado la hipótesis de la racionalidad instrumental y se ha comenzado a elaborar lo que se llama «Behavioral Economics» en la que se estudian todos estos temas en un contexto en el que los agentes individuales se mueven por motivos e incentivos bien entendidos por los psicólogos (como el Nobel Kahnemann) a través de experimentos y que conforman una racionalidad menos estereotipada en la que cabe el altruismo e incluso la racionalidad expresiva (en la que uno no solo compra bacalao porque le gusta sino porque eso le identifica como bilbaíno); se han entendido mucho mejor los mercados financieros, incluidos los de derivados raros, se ha elucubrado sobre la posibilidad de emergencia de burbujas y se han estudiado los mecanismos de gobernanza de la empresas etc.

Este campo de la Microeconomía, en el que florece por ejemplo el último premio Nobel, Jean Tirole, no plantea problemas y sigue siendo un campo abierto como se puede ver pensando, por ejemplo, en la discusión relativamente reciente sobre la unificación de las agencias regulatorias independientes en España del que por una u otra razón se habla muy a menudo.

Este modelo central básico es, sin embargo, tan abstracto y ambiguo como para no poder ser utilizado sin más para estudiar ciertos problemas como el paro, el déficit presupuestario, la inflación, la balanza de pagos o los tipos de cambio. Estos problemas exigen la agregación de las variables micro en variables macro que, al no ser muy numerosas, pueden ser manejadas con relativa facilidad y nos permiten albergar la esperanza de poder llegar a recomendar medidas de política económica entendibles e implementables y sobre las que los políticos pueden discutir.

Esta es la Macroeconomía y la mayoría de los últimos premios Nobel han recaído sobre estudiosos de esta rama (desde Lucas a Prescott pasando por Sargeant). Tomemos el modelo central, agreguemos todos los agentes en uno solo y todas las empresas en una sola y dejemos correr el modelo a lo largo del tiempo, con unas gotitas de aleatoriedad, observando su comportamiento, que puede generar ciclos en el empleo o en la inflación o períodos largos de aburrimiento como «La Gran Moderación» de los noventa.

Esta breve explicación es suficiente, señores académicos, para que a continuación pueda concentrarme en la explicación de la crisis y en la exploración de las posibles explicaciones y las correspondientes posibles soluciones.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 26 de febrero de 2015 ~ 1

Discurso de la academia: 1. Introducción

Advertencia. Ayer , día 25 de Febrero tuve el honor de pronunciar la segunda conferencia del Aspen Institute España Fellowship Program bajo el título de «Lo que no hemos aprendido de la Gran Recesión». Como me pasa a menudo, mi charla era demasiado larga por lo que tuve que saltarme algunas partes. Con el permiso de Aspen Institute España voy a tratar de reproducir aquí todo lo que tenía programado decir pero de una forma un tanto peculiar. Voy a cambiar el estilo de escritura para construir una parte de un intento de novela que comencé hace tiempo supuestamente en París y que todavía no tiene nombre definitivo pero que aquí denominaré El Discurso de la Academia. Y lo voy a hacer en varios posts que irán apareciendo bajo este nombre precedidos por un enlace a esta advertencia.

Introducción

discursoBuenos tardes y muchas gracias por la disposición que muestran ustedes, distinguidos miembros de esta Academia, a escuchar a este humilde candidato al ingreso. Me dispongo a exponer en alta voz lo que llevo pensando hace años, que no hemos aprendido nada de esta crisis económica que, con el nombre de la Gran Recesión, hemos sufrido desde julio del 2007 hasta hoy en varias fases que han afectado de manera diferenciada a distintos y países y zonas económicas en un mundo globalizado y que hoy todavía nos tiene en vilo a los europeos por el asunto de Grecia y su reto a la U.E a partir del triunfo de Syriza.

Se han escrito miles de páginas al respecto que podría clasificar. Podría así mismo resumir las innumerables ideas en unas pocas claves que parecen haber ganado crédito en estos años en el mundo de las publicaciones técnicas. Podría también dar una opinión, más o menos informada, sobre el éxito relativo de unas u otras medidas de política económica e incluso puedo filosofar un poco sobre el significado de «aprender». Podría hacer todo eso y algo de todo ello haré, pero creo que es sano y honrado que, desde el principio, de este discurso les diga, ilustres académicos, que ante la pregunta «¿qué hemos aprendido de la crisis?» voy a responder que nada y que, eso, saber que no sabemos nada que no supiéramos, es ya mucho, pues nos abre todo un espacio de trabajo significativo y creo que rupturista.

A partir de este momento dividiré mi exposición en cuatro partes. En primer lugar y por un deseo de completitud comenzaré exponiendo lo que todos sabemos es la Economía con mayúsculas separando estratégicamente lo que es el modelo básico microeconómico y cómo del surgen dos familias de modelos macroeconómicos. En segundo lugar trataré de aclarar cómo las ideas explicativas sobre la Gran Recesión proceden, en parte, de una u otra de estas familias y cómo esas ideas llevan a sugerencias de políticas económicas alternativas. En tercer lugar contestaré en negativo la pregunta sobre lo que hemos aprendido lo que me llevará a un epílogo en el que avanzaré mi convicción de que debemos cambiar no solo nuestra manera de trabajar en Economía sino también lo que entendemos por aprender y lo que consideramos es la verdad.

En los siguientes posts iré completando este programa en la esperanza de que constituyan quizá la parte final de la la novela con la que lucho delatando el carácter débil y contemporizador de su protagonista salpimentado con ciertos toques de protesta y de acusaciones amargas.
Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 22 de febrero de 2015 ~ 2

Predatory Journals

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Predatory Journals es el nombre genérico que se da a las revistas científicas tramposas a través de las cuales se pueden cometer graves pecados científicos, o eso parece a la luz de estos posts en NesG: el de Bagües en el que se cita al de Fernandez Villaverde. En uno de los comentarios a este segundo post el autor del primero hace un buen resumen de la situación.

Me sorprende que algunos comentaristas sean tan indulgentes con el tema de los predatory journals (por no hablar de las predatory conferences). Para los lectores que no pertenecen al mundo académico, se trata de falsas revistas científicas internacionales gestionadas por individuos ajenos al mundo científico que a cambio de una módica suma te publican el artículo, independientemente de su calidad. Puede que haya algún caso en el que el autor ingenuamente no se haya enterado, pero en general se trata de un pacto de canallas en el que ambas partes salen ganando: el pseudoeditor de la falsa revista se lleva el dinero de las fees y el autor con pocos escrúpulos adorna su CV con una publicación en una revista internacional con un nombre rimbombante. No engaña a nadie del gremio que se dedique medianamente a la investigación pero puede colar como mérito en según qué situaciones. Y aunque no tengo pruebas de ello, no me extrañaría que gran parte de estas publicaciones en estas falsas revistas científicas internacionales se estén pagando con dinero público.

Suena todo un poco feo pero también raro porque no es creíble que nadie piense que cuando recibe una invitación a escribir en uno de estos Journals debido a la gran reputación que le adorna en el campo correspondiente, se lo trague. Es una falsedad tan grande como cuando un presunto amigo te pide dinero por mail, desde Sri Lanka, digamos, para poder volver a casa puesto que le han robado la cartera con el dinero y el billete de avión.

Y, sin embargo, no consigo indignarme por la existencia de estos Journals predatorios o por su uso para rellenar el CV o por el «mal» uso del dinero público para pagar la publicación correspondientes. Es algo tan tonto que tampoco entiendo bien que alguien se dedique a hacer la lista de estos Journals. Su presunta mala calidad debería ser evidente a partir de su lectura y si no lo fuere pues igual no está tan mal que existan estas revistas tramposas.

Curiosamente los detractores de este pequeño timo me recuerdan a los que atacan las protestas de los taxistas ante la emergencia de, por ejemplo, este medio de transporte colaborativo que se llama Uber. Alguien respetable como Richard Stallman, que además de nacer el mismo día que yo aunque algunos años más tarde, y haber pasado por este winterworkshop de la FUE como enemigo de la propiedad intelectual, explica aquí sus razones para recomendar que, en las circunstancias actuales, no se use. Pero, sin embargo, a mi me parece que no hay quien pare este arreglo que acabará siendo totalmente legal en cuanto se elabore una cierta regulación única para el gremio tradicional y para los que ofrecen sus servicios a través de Uber.

Pero volviendo al problema de la defensa de la verdad científica y la denuncia del error, no veo razón alguna para que no haya una especie de almacén central de publicaciones, bien ordenadas, sobre las cuales cualquiera pueda hacer de referee, anónimo si quiere, explicando sus reticencias o denunciando errores, reticencias y errores que todo el mundo puede leer y sopesar.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 17 de febrero de 2015 ~ 5

Seducción y verdad

Palas Atenea imponiendo la paz entre el oficio y la industria, por Federico Amutio y Amil
Todos estos días han sido como unos ejercicios espirituales ignacianos en los que he intentado saber, una vez más, quién soy y, en segunda instancia, si ese individuo que yo soy merece o no esta pertenencia pública a una élite que no respeto. No he perdido el tiempo sino que he tratado de entender qué es la sabiduría y si yo me puedo creer que realmente soy un sabio, tal como afirmaba aquí, o si lo soy más que mi posible predecesor y amigo poco a poco cobardemente abandonado por mí. Mi idea original era no admitir esa oferta debido a que Javier, como ejemplo de persona que pertenecía a esa banda y a la que yo tendría que rendir homenaje, no lo merecía pues su obra no tenía nada de esa economía teórica que yo aprecio y a la que he tratado de aportar sin demasiado éxito. Pero, de repente, he encontrado una obra suya que me ha dejado asombrado justamente por su sabiduría y que sin embargo ha sido totalmente ignorada por sus colegas, incluido yo, me temo.

Hace más de veinte años, en efecto, publicó un librito inclasificable bajo el nombre extraño de «Seducción y Verdad» que he recordado que me regaló en su día y que nunca leí. No es de extrañar que tampoco nadie me hablara de él pues mis colegas desean y necesitan contribuir significativamente al conocimiento y no pierden el tiempo en leer algo que comienza con esta cita de Raymond Chandler un autor que nada tiene que ver con el conocimiento económico y que tampoco parece que pueda ayudar a acercarse a lo que podríamos llamar sabiduría:

No tiene por qué ser una magnífica escritura.
No tiene por qué ser terriblemente buena.
Basta con que sea mía.

A pesar de esta sospecha inicial resulta que en la siguiente página del Prólogo leo lo siguiente que me deja tocado.Tratando de explicar por qué va a escribir sobre cuatro autores neoclásicos del siglo XIX afirma que lo hace..

…como banco de pruebas para observar cómo se las arregla un individuo para hacer de la teoría económica su obra, esa especie de secreción interna que, como vaciado en yeso de sí mismo, le refleja y permanece ahí tangible, objeto de manipulación física y mandala de meditación, salvándole de la inanez de la vida y,finalmente, quizá, de la muerte.

Esto ya se parece más a la búsqueda de la sabiduría y en los párrafos siguientes me deja asombrado y cabreado pues me doy cuenta de que he perdido años en mi propia búsqueda de sentido pues podría haber aprendido mucho de él si hubiera leído que lo que pretendía era exorcizar esa dificultades para vivir que sentimos los hombres y que se puede entender como…

…sentirnos a la deriva sin timón en un mundo caótico, en donde no hay jueces o testigos que atestigüen o validen nuestro devenir personal.

Desde estas primeras páginas de este libro de quien fue mi amigo y al que fui abandonando porque se desviaba del buen camino hacia la verdad, aparece lo que ahora yo llamaría la búsqueda de esa sabiduría que yo podría haber aprendido de él, pero que me negué a hacer para seguir colaborando a lo que yo consideraba conocimiento científico a fin de sentirme como parte de un grupo de gentes respetables que dedican su vida a la creación de algo que, al final, no me hizo sentirme orgulloso nunca.

Y, de esa manera me sentí frustrado y me mentía a mí mismo contándome en silencio que lo que yo necesitaba era una forma de pensar que,como decía Javier….

…me permitiera construir una verdadera quilla que me permitiera navegar, a la deriva sí, pero de forma enhiesta y orgullosa.

Sospecho que a la luz de este trabajo de Javier que, en su día, desprecié pueda yo, no solo decidir sobre mi respuesta de ingreso en la academia de XXXX, sino también ser capaz de entender el porqué de estas dubitaciones que ya me resultan bastante cargantes. Tengo que leerlo entero pues ya desde este prólogo me produce celos de esa sabiduría a la que aspiraba desde aquella juventud en la que parecía que nos entendíamos. No dice nada nuevo sobre la “verdad”, una mera propiedad de nuestro lenguaje, pero reconoce que esa verdad, nunca definitiva, nos deja insatisfechos.Con años de adelanto estaba ya descubriendo lo que ahora se ha empezado a llamar sabiduría y que él llamó seducción. Esto es lo que escribe:

He llegado a comprender que por «seducción» entiendo la sintonía erótica con el mundo real. Entrando en resonancia con el pulso de las cosas conocemos el mundo de una manera visceral y podemos dejar huella en él, quizá transformarlo, aunque es posible que nunca lleguemos a entender.

Me siento muy mal por no haber sido capaz hace veinte años de haber atendido a este amigo que debió sentirse entristecido por el hecho de que yo pusiera la verdad por delante de la vida y ello me llevara al distanciamiento precisamente cuando lo que nos unía eran preocupaciones vitales de las que dejamos de hablar y que, ahora entiendo, a él le dirigieron por el camino de la sabiduría y a mí por el del conocimiento. No sé si su camino le llevó a la soledad y si ésta fue satisfactoria. Sí creo saber que mi camino hacia el conocimiento me granjeó muchos amigos aparentes que, sin embargo, solo lograban ocultar apenas una soledad de fondo. Ramón: ¡pregúntate ahora para qué sirve un timón si has perdido la quilla!

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 13 de febrero de 2015 ~ 0

Autenticidad y sabiduría

paseandoDesde hace tres años paseo por la ciudad siguiendo las instrucciones del librito del infartado tal como expliqué en este post en el que trataba de explicar, y me atrevía a mejorar, una de las más famosas ideas de Nietzsche, la del Eterno Retorno. Los paseos que allí describía, siempre cuesta abajo y a la sombra, han continuado siendo fuente de muchas ideas y «ocurrencias» que a menudo encuentran su sitio en ese pequeño cuadernito o agendita que siempre llevo encima y en ocasiones son expandidas en este blog o en otros lugares más públicos. El paseo por lo tanto es ya una parte de mi vida tanto laboral, yendo y viniendo a y de la oficina, como de fin de semana en paseos sin meta que me permiten descubrir rincones para mí desconocidos que me transportan a otro mundo. Lo curioso es que en estas caminatas me siento yo mismo y no me reconozco pues el entorno me refleja un ser que desconozco.

De vez en cuando los paseos de fin de semana los hago acompañado de otras personas y es precisamente una de estas personas,CA, la que me ha regalado un libro, escrito por Frédéric Gros, un filósofo francés, en 2008, editado aquí por Taurus y que lleva por título justamente «ANDAR. Una filosofía». Ya sabía que Nietzsche era un gran andarín aunque no imaginaba que lo era tanto, que llegaba a andar hasta 10 horas diarias en algunos momentos de su vida. Sabía que Thoreau era un gran escritor y recuerdo haber leído Walden como un elogio de la vida retirada, pero no estaba al tanto, o no recordaba, que era un paseante fervoroso. Tampoco sabía que esta afición o necesidad afectaba también a a Rousseau y a Rimbaud. Y aunque la experiencia de caminar parece tener unos orígenes diferentes en unos u otros (más allá de la necesidad de huir y estar solo) los efectos de poner un pie delante de otro de manera acompasada en medio de la naturaleza son a menudo parecidos en casi todos ellos: una especie de descubrimiento de uno mismo que les cambia la vida aislándoles de las convenciones sociales. Parece que,aunque no lo hace Gros, al menos en la mitad del libro que llevo leída, podríamos decir que esas enormes caminatas en la naturaleza les proporciona a estos y otros autores eso que se suele llamar autenticidad,una noción difícil de entender cuando no se refiere a una cosa u obra de arte, un algo a lo que podríamos acercarnos mediante la lectura de este libro de Gros, cosa bien de agradecer pues, más allá de la familiaridad con el «Sein und Zeit» de Heidegger, imposible de adquirir para el lego, no hay forma de saber lo que queremos ser cuando deseamos ser auténticos. Y tampoco sabemos si esa propiedad del carácter se puede obtener de otra manera que caminando precisamente en la naturaleza.

Es precisamente esa aparentemente necesaria cercanía a la naturaleza y sus variaciones, esa lejanía de la vida urbana,la que parece estar por debajo de la autenticidad de los pensadores citados. Si esta aparente conexión entre autenticidad y naturaleza es realmente necesaria abandono toda esperanza de alcanzar esa propiedad del ser humano. Odio la naturaleza a no ser que se le haya domesticado un poco y la odio porque me da miedo. Y no se trata de un miedo a conocerme a mí mismo pues este miedo ya lo exorcicé en el diván. Se trata de un terror a la muerte que siempre está tan cerca de la naturaleza. Si el hombre es auténtico solo cuando reconoce que es un «ser para la muerte», me temo que no tengo esperanza alguna de llegar a ser auténtico.

A no ser, claro está, que ese ser siempre el mismo y solo el mismo se pueda alcanzar de otra manera. Se trataría de olvidarse de las convenciones sociales o memes que definen una identidad colectiva, noción esta que podría confundirse con la de autenticidad cuando, en realidad, son lo contrario pues para ser yo mismo todo el tiempo y tal como dije en una revista seria de filosofía, tengo que desprenderme de esa identidad mediante esa traición secuencial a la que, a veces, he alabado como única forma de llegar a ser tu mismo. Esa renuncia es más fácil cuando uno tiene posibilidades de convivir en el seno de sociedades con convenciones definitorias distintas a aquellas con las que uno se identifica en uno u otro momento. Y esto es hoy más fácil cuando sus paseos son urbanos en una ciudad en la que conviven muchas identidades distintas. Cuando uno sigue esta vía más de hoy en día ocurre que, a menudo, resume de una cierta identidad en los contactos en los que incurre en su camino hacia la autenticidad.

La autenticidad como vemos puede exigir sacrificios y cierta soledad, cosas estas que la hacen casi inaccesible. Le pasa lo mismo que a la sabiduría: que como es difícil de definir la confundimos a menudo con el conocimiento. Así decimos que un experto o un buen científico son sabios, lo que puede ser cierto, pero no porque sepan mucho de una cosa o de muchas. Alcanzar la sabiduría es difícil sin partir de conocimientos acumulados, pero hay que ir más allá, lo que posiblemente exija olvidar sus detalles para trascenderlos mediante respuestas pensadas a preguntas muy razonables aunque nada corrientes.

Una de estas podría ser si, por ejemplo Nietzsche, era un sabio o un simple experto en filología griega. Es esto, la filología, lo que estudió y lo que le llevó a Basilea en donde como profesor jovencísimo logró un enorme éxito. Pero, sin embargo, lo que este joven profesor alemán perseguía no era el conocimiento en sí sino, más bien, esa sabiduría que exige, como la autenticidad, soledad y desapego a poder ser simultáneos. Esto es lo que rezumaba este post reciente en el que yo me negaba a ser un experto y afirmaba, con cierta ironía que era un sabio.

Pero debería preguntarme si se puede ser un sabio sin haber pasado por el conocimiento que hace de uno un experto. Mi experiencia me dice que esto no es posible pues la sabiduría es una especie de metaconocimiento algo impracticable cuando no se tiene conocimiento, de la misma forma que no se puede alcanzar la individuación sin la pertenencia. Y porque creo esto no me puedo quedar con esas ideas bien intencionadas pero, en mi opinión, cortas que relacionan la sabiduría con la espiritualidad o con el rechazo de ciertos valores humanitarios, como la salud, cuya persecución poco sabia haya podido ser la causa de algunas tragedias (talidomida por ejemplo). No, la sabiduría es un metaconocimiento que trasciende la manera convencional de dar por sentada una verdad. Si se trata habitualmente de la concordancia entre la palabra y la cosa, la sabiduría nos dice que no hay ninguna verdad eterna. Y es esto lo que produce una soledad y una inseguridad que solo se cura vaciando la cabeza en el paseo solitario.

Termino autocitándome:

No es muy difícil cantar a la diversidad como catalizadora de la generación de conocimiento; pero resulta que es también una enorme ayuda para la persecución exitosa de la sabiduría siempre que por semejante cosa no nos limitemos a entender la persecución de un conocimiento trufado de valores espirituales o de objetivos que protejan nuestra especie. No niego que la sabiduría puede añadir efectividad a estas finalidades, pero ellas no conforman la sabiduría como tal sabiduría que sí que podríamos considerar como el objetivo último a perseguir. Esta sabiduría necesita diversidad que a su vez exige el nomadismo entre diversas especialidades de la ciencia…

Nótese que este párrafo puede aplicarse tanto al conocimiento y su relación con la sabiduría como a la autenticidad y las convenciones sociales. Sin estas y sin conocimiento no podemos esperar alcanzar la autenticidad o la sabiduría.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 8 de febrero de 2015 ~ 2

Nomadismo y sabiduría

Varufakis
Con ocasión del triunfo de Syriza hemos tenido la oportunidad de rastrear en la red no pocas ideas del nuevo Ministro de Finanzas griego. Entre ellas llama la atención, por inesperada en un académico,su orgullo de ser una especie de economista-en-residencia en una empresa de videojuegos que se llama Valve. No solo nos hace pensar que el economista académico puede ser un activo en una empresa sino también un profesional que puede colaborar a que las empresas no solo estén interesadas en la generación de beneficios, sino que, como un medio hacia ese fin, se empeñen en generar conocimiento e incluso sabiduría. Estas dos cosas se desprenden de una intervención específica de Varufakis (que ahora no encuentro) en la pone mucho énfasis en lo que podría parecer una trivialidad o una simple curiosidad: el hecho de que todas las mesas tengan ruedas de forma que todo trabajador pueda desplazarse hacia donde le parezca que sus cualidades pueden ser más útiles. Se trata de una especie de nomadismo interior a la empresa cuya descripción por el economista-en-residencia nos sirve para ir más allá de esta empresa en particular y acercarnos hacia la comprensión de lo que son el conocimiento y la sabiduría.

El tránsito continuo entre diferentes grupos, cada uno de ellos formado por individuos con sus propias ideas surgidas de diferentes orígenes, es una forma útil de visualizar y pensar la vida nómada. Para empezar las mesas con ruedas son incompatibles con esas jerarquías que podrían entenderse como la forma de control que correspondería a un nomadismo de grado cero en el que los contactos entre diferentes mentes se limitan más o menos arbitrariamente. Estas jerarquías son pues nocivas para la búsqueda del conocimiento pues este florece en comunidades igualitarias. Imaginemos lo pobre que sería un desarrollo científico en el que cada investigador no pudiera intercambiar su conocimiento con otros pares bien sea de manera natural a través del irrefrenable deseo de contrastar ideas o bien sea mediante las instituciones creadas al efecto como podría ser el proceso de revisión por pares. No es por casualidad que cada día es más fácil acceder al conocimiento de primeras versiones de artículos ambiciosos. Un ejemplo de este rasgo del proceder científico en los últimos tiempos se ilustra en este artículo (referenciado en El Correo de las Indias) en el que se demuestra que cada vez la búsqueda de conocimiento se lleva acabo menos en el interior de las empresas y cada vez más en instituciones públicas que no solo generan rentas a las empresas privadas por cargar con los costes de la investigación, sino que, en cierta medida, contribuyen a diseminar el conocimiento que seguramente permanecería menos visible si fuese generado por la iniciativa privada.

Esta defensa del nomadismo intelectual es generalizable al nomadismo en general. Lo interesante es, sin duda, imaginarse un mundo en el que todas las comunidades del tipo que sean, fueran nómadas y pensar en el intercambio de ideas y de prácticas que los encuentros esporádicos traerían consigo así como en el enorme empuje al conocimiento que este nomadismo traería consigo. El Propio Varufakis nos proporciona un ejemplo de esas posibles ganancias en conocimiento cuando aprovechando dos artículos muy dispares sobre desigualdad acaba confesando aquí que ha aprendido más del autor que no respira ideológicamente como él que de aquellos que defienden la igualdad con razones ortodoxas. Y su defensa de quien en principio parecería estar contra la igualdad acaba siendo un canto a la diversidad de ideas al diferenciar desigualdad de diferencia o, yo diría, de diversidad; diversidad y diferencia que pueden ser compatibles con la desigualdad.

No es muy difícil cantar a la diversidad como catalizadora de la generación de conocimiento; pero resulta que es también una enorme ayuda para la persecución exitosa de la sabiduría siempre que por semejante cosa no nos limitemos a entender la persecución de un conocimiento trufado de valores espirituales o de objetivos que protejan nuestra especie. No niego que la sabiduría puede añadir efectividad a estas finalidades, pero ellas no conforman la sabiduría como tal sabiduría que sí que podríamos considerar como el objetivo último a perseguir. Esta sabiduría necesita diversidad que a su vez exige el nomadismo entre diversas especialidades de la ciencia y/o el conocimiento tal como pretendía decir yo en este post. Es decir, la especialización no es siempre tan fructíferas como a veces se pretende con lo que la multiplicación en las formas de buscar el conocimiento igual no es tan enriquecedora y solo refleja intereses creados. Sin embargo, creo que empiezan a serlo cuando dejamos de considerarlas especialidades con sus propios ritos y variadas cohortes de sacerdotes y comenzamos a ver en ellas ideas distintas de las que no se puede prescindir si queremos acercarnos a la sabiduría en sí misma.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2200 ~ 5 de febrero de 2015 ~ 1

La Economía de la Sabiduría

varufakis vs la ueJavier y Ramón todavía tenían tiempo en la vida, el suficiente para hacerse dueños de sí mismos; pero ninguno de ellos parecía ocuparse de esta tarea que no les preocupaba. Eran tiempos de cambio de siglo y a pesar de que poco a poco cada uno seguía un camino divergente seguían almorzando juntos cada día aunque día tras día le dedicaban menos tiempo y se iban acercando al cambio de costumbres del resto de los colegas que ya no estaban dispuestos a conversar durante el almuerzo sino que se toman el contenido de su tupper en su despacho para no perder tiempo y conseguir las publicaciones adecuadas para obtener sexenios y los correspondientes incentivos económicos. Ambos amigos se sentían alejados del main stream, pero la reacción de cada uno iba a ser diferente. Ramón se mantenía firme en su fe en una actitud científica ya vieja que insistía en apoyarse en la evidencia empírica para validar sus modelos, mientras que Javier se inclinaba por hacerse pasar por un miembro de los nuevos teóricos que prestaban una mayor atención a la coherencia interna de los modelos y a la extensión de la racionalidad a cualquiera de sus partes constitutivas, especialmente a cualquiera de las que debiera tener en cuenta la información existente y consistente con el propio modelo. Era este círculo lógico lo que a Ramón le alejaba de la ortodoxia pues chocaba con su pretensión de servir para algo en el mundo real más allá de las aulas y de los congresos y premios.

La Gran Recesión, de la que todavía tuvieron tiempo de comentar hasta que su mala salud aisló a Javier de todo el mundo, exacerbó sus diferencias y Ramón comenzó a dejarse llevar por autores heterodoxos para los que el gran pecado de la Economía en los últimos años consistía en no abandonar esos modelos que debido a ese círculo lógico no podían garantizar que se podían cerrar, es decir que tenían una solución y que ésta era única. Todo dependía en ellos del conocimiento de los agentes modelados y la modelización de ese conocimiento avanzaba lentamente y exigía rodeos a fin de ponerse al tanto de desarrollos recientes sobre redes y otras aventuras intelectuales denominadas genéricamente sistemas complejos. A ello se dedicó Ramón con gran detrimento de su propia producción intelectual y con una creciente duda sobre el sentido de lo que hacía. No era solo que ya no pudiera almorzar diariamente con Javier sin acabar casi a gritos, era además que no podía agarrarse a gurús respetables que le sirvieran de apoyo en su camino por un suelo resbaladizo. Su única fortaleza le llegaba de su falta de religiosidad que, derivada en una verdadera actitud enemiga de la trascendencia, le permitía mantenerse firme en su heterodoxia por mor de la manía explícita que anunciaba contra los sacerdotes de una religión que por muy científica que se pretendiera era tan poco fiable como todas.

Javier se limitó a apoyar a la nueva religión sin poder aportar nada propio y Ramón, que era a la sazón tan poco productivo como Javier, al menos sentía el orgullo del ateo que trabaja como un loco por mostrar la falta de base de las llamadas verdades de una religión falsa que cada vez se parecía más a los mormones por su ubicación en un lugar retirado del mundo. Si esto era lo que Ramón iba a contar en su discurso de entrada en la Academia de XXXX, y no pensaba que podría librarse de ello, tenía que dar un paso más. Si pretendía dar un portazo y renunciar debería apoyarse en sus escasos trabajos que trataban de poner en solfa esa religión que los ignorantes miembros de la academia parecían respetar; pero si pretendía llenar el vacío de la edad con un premio en el que no creía debía defender su ateísmo científico y centrarse en sus intereses intelectuales apenas compartidos por almas gemelas e igualmente solitarias como la suya y tratar de ir más allá de la ortodoxia triunfante y expandir lo que durante los últimos años no había tenido ocasión de comentar con Javier tanto por su salud precaria de este viejo amigo como por su alejamiento intelectual. No se trataba ya de crear conocimiento que fuese compatible con los datos que cada vez más numerosos hacían difícil tratarlos solo como evidencia empírica, sino realmente de ir más allá y tratar de generar no solo conocimiento sino sobre todo sabiduría.

Pero no podría limitarse a predicar que hay que ser sabio sin expandir, al menos un poco, qué entendía él por tal cosa ya que no coincidía con lo que se decía por ahí en un círculo de pensadores difícilmente calificables como científicos pero que tampoco eran otra cosa bien definida. Su única salida posible era romper la tradición y referirse ampliamente a acontecimientos actuales sobre los que habría que tomar partido y hacerlo, desgraciadamente, sin una religión o teoría que dotara esa posición de un suelo aparentemente firme. Nada justificaba, en efecto, la fe de Ramón en la diversidad y en la generalidad y sin embargo él estaba convencido de que la sabiduría no estaba relacionada con los valores de raigambre más o menos filosófica y empaquetados como ética sino con la capacidad de encontrar soluciones a puzzles prácticos, o reales, o políticos, fuera de un marco que no había cambiado desde Hobbes. No podría salirse de rositas sin confrontar el caso de Grecia y tendría que hacerlo desde una postura teórico-económica en la que no creía o desde una en la que creía pero que nadie respetaba ya pues estaba muy alejada de la religión que podríamos llamar oficial.

La batalla sobre la posible quiebra de Grecia y sus posibles remedios era sin duda un chicken game del que Varoufakis sabía mucho pero al que no era claro que le dejaran jugar justamente porque él jugaría con la ventaja de su conocimiento superior. Y entender una solución así no era fácil si no se mira a la historia por un lado o a la mecánica cuántica por el otro. La Historia ha vivido tantas veces los impagos totales o parciales de la deuda que posiblemente nos tranquilizara su consideración pues nos convencería de que finalmente, y sea justo o injusto, lo que ocurre es que gana el débil entre otras cosas porque no tiene gran cosa que perder y porque sabe que, pase lo que pase, la memoria de su chantaje solo dura unos años pues la memoria financiera es corta cuando se enfrenta a la codicia inevitable en el sistema económico en el que vivimos. La Mecánica Cuántica nos podría ser útil también para convencernos de que no deberíamos perder mucho tiempo tratando de elucubrar sobre la ola de heterodoxia política que parece nos anegará y que deberíamos tratar de medirla con las matemáticas correspondientes a partículas que sí que conocemos y nos podrían dar una medida que no dejara espacio para las locuras de los mercados.

Ramón se ve a sí mismo sonriendo como si estas ideas, convenientemente elaboradas, no pudieran justificar nada que no fuera un discurso de aceptación, pero la sonrisa se le hiela en los labios cuando recuerda que su sabiduría o, mejor dicho, lo que él cree que sería una postura sabia ante el problema de Grecia no podría evitar el uso de la Teología a fin de desentrañar el significado del comportamiento del BCE que parece negarse a seguir regando a los bancos griegos y que no quiere ni oír hablar de comprar nuevos bonos públicos. Como todo dios acabará haciendo aquello que no revela debilidad alguna y obligando a los griegos a reconocer que la izquierda, cualquier izquierda, y por lo tanto la recién llegada al poder en Grecia, ha de ser la que canalice su voluntad de que se paguen los pecados.

Juan Urrutia

Juan Urrutia2200 ~ 19 de febrero de 2015 ~ 0

¿El camino de la sabiduría?

rilkeEn el último post me decía: «Ramón: ¡pregúntate ahora para qué sirve un timón si has perdido la quilla!» No sé si es demasiado tarde, pero no veo otra posible reflexión para mí u otra actividad posible que no sea la de la búsqueda de esa quilla que a veces confundo con la sabiduría y a veces relaciono con la autenticidad. Como no sé muy bien donde buscarla no tengo más remedio que dejarme llevar por Javier quien, en ese libro que se cita en ese post pone al lector en contacto con alguien que, bien pensado, se acercó en su obra a construir una quilla y careció de timón, siempre viajando sin destino fijo. Se trata de Rainer Maria Rilke del que Javier me había hablado en alguna ocasión y justamente en relación al asunto de la autoría que se esconde debajo de la quilla:

Si todos los sabios del mundo y todos los santos del paraíso me abrumaran con su consuelo y sus promesas, y dios mismo con sus dones, si no me cambiaba a mí mismo, si no surgía de mi interior una nueva obra, en lugar de hacerme bien, los sabios, los santos y dios, exasperarían más allá de lo imaginable mi desesperación, mi rabia, mi tristeza y mi ceguera

O sea que me pongo a trabajar y en «Seducción y Verdad» Javier me da ya dos pistas para perseguir la sabiduría y su relación con la autoría. La primera es esta:

Y nosotros: espectadores, siempre, por donde quiera
vueltos hacia todo, pero jamás hacia la lejanía.
Las cosas nos desbordan. Las ordenamos.Se disgregan.
Las ordenamos nuevamente y nosotros nos disgregamos.

Una manera de decirme que esa búsqueda no tiene fin. La segunda es menos pesimista:

Y allí donde nosotros vemos futuro ve él totalidad y se ve en ella y está a salvo para siempre.

Ese es el objetivo único, perderse en la totalidad. Por el camino hay otras metas alcanzables como esta con la que Javier me fustigaba presumiendo de su alemán:

Du aber bist der tiefste Mittellose,
der Bettler mit verborgenem Gesicht;
du bist der Armut große Rose,
die ewige Metamorphose
des Goldes in das Sonnenlicht

Igual eso es todo lo que hay en la búsqueda de la autoría, la transformación continua del oro en la luz del sol. Y eso es lo que no he sabido hacer yo No tengo ni idea de cómo puedo glosar su figura y luego admitirme a mí mismo.

Juan Urrutia2200 ~ 3 de febrero de 2015 ~ 0

Yanis, Susan y yo

Mr. VaroufakisYanis (Varoufakis), el nuevo Ministro de Finanzas griego, es un economista conocido pero no reconocido por los mandarines de la profesión a pesar de su c.v.razonable y a causa de su izquierdismo irredento más allá de un simple impulso ético-político. Sin permiso lleva tiempo permitiéndonos leer sus ideas no simplemente económicas y desde hace años se han publicado algunos de sus reflexiones sobre lo que estaba ocurriendo. Da gusto ver cómo ayer llegó al diez de Downing Street sin escolta con las manos en los bolsillos y sin corbata. Es como el signo de la esperanza de que la política de altura y no meramente administrativa pueda no ser ajena a la ciencia económica. Cabe preguntarse si este estilo Varoufakis llegará a ser el símbolo de una nueva manera de vivir después de la crisis, una forma plana que rechaza esas jerarquías que, dentro de una gran empresa, explican la forma convencional de vestir de sus empleados: traje azul o gris y corbata a juego con los calcetines. Yo apuesto por ello y para ello me apoyo en una de las afirmaciones de Susan Miller, mi astróloga favorita, en relación a los Aries:

Está en un gran momento creativo: cuanto más innovador sea, más posibilidades tendrá de que aprueben y financien sus ideas.

Me parece que merece la pena resaltar que Yanis y yo somos astrológicamente cercanos periféricos. Si bien él es Aries, lo es muy temprano (24 del III), yo soy un Piscis muy tardío (16 del III). Es decir que Yanis y yo somos muy cercanos en el horóscopo, Piscis y Aries, y constituimos una pareja periférica respecto a su signo de manera que formamos parte de esas gentes que no se acomodan en casi ningún sitio. Ya he mencionado el gran futuro inmediato de Yanis y Susan dice lo siguiente respecto a mí:

La Luna llena le hará triunfar en el trabajo, con cantidad de proyectos nuevos y ampliados. Con el apoyo de Urano quedará satisfecho económicamente. La innovación y las nuevas ideas serán recompensadas

Solo me falta decidirme por alguna de las muchas ideas que tengo.

Juan Urrutia2200 ~ 25 de enero de 2015 ~ 0

BCE

mario_draghi_2330989bEl jueves fue un día grande y el viernes unos cuantos amigos brindamos por Mario Draghi admirando esa capacidad suya de moverse en el enmarañado campo de juego de los intereses europeos que, en esta ocasión ha resultado en la decisión por parte del BCE que se anunció el día anterior y que ha comenzado a poner en práctica la idea de los eurobonos. Esta idea de que, desde hace algo más de siete años años que se inició la Gran Recesión, lo que hay que hacer es generar inflación y mutualizar la deuda mediante la emisión de Eurobonos que permitan compartir el riesgo de un país entrara en bancarrota, se ha llevado a la practica finalmente gracias a las dotes diplomáticas del mandamás del BCE. El enorme tiempo que ha llevado la discusión entre los partidarios de esta idea sencilla y aquellos que creían que estas medidas eran contraproducentes por diversas razones que iban desde la necesidad de tomar medidas estructurales que la inflación podría hacer olvidar o por el azar moral que la solidaridad podría generar entre aquellos países rescatados por todos los demás, ha hecho que Europa comience a actuar. Con demasiada tardanza en mi opinión, pero hay que celebrar que, por fin, lo haya hecho.

En Crónica de una Crisis que acaba más o menos con la subida al poder en España del PP ya se mencionó esta manera de actuar, (por ejemplo aquí) y desde entonces se ha defendido muy a menudo en este blog. La última vez aquí como hace dos meses escasos en un post en el que no se citaba y debía haberse hecho este otro post de Garicano escrito hace dos años. Por fin tenemos una cierta versión parcial de los eurobonos, limitados al 20% del valor de la deuda pública viva que podrá adquirir el BCE, dejando el 80% restante al albur de los bancos centrales nacionales, razón por la que no nos satisface del todo a muchos de nosotros cuando hay no pocas ideas de cómo haberlos implementado de manera más completa; pero que, en cualquier caso, puede generar alguna inflación que devaluará el euro haciendo Europa más competitiva podrá reducir el peso de la deuda viva que siga en manos de los bancos quienes así podrán prestar más sin poner en riesgo su calificación crediticia.

Es posible que nuestra memoria nos lleve a Modigliani y Miller y nos haga dudar de que esta decisión del BCE pueda llegar a ser una solución tal como piensa Fernández Villaverde, pero también debemos recordar las condiciones de su idea de neutralidad o ideas derivadas como para pensar que no es muy evidente que ese famoso teorema sea aplicable del todo.Pero, en cualquier caso, más allá de estas disquisiciones me parece que el jueves pasado asistimos a un hito en la construcción de Europa. Parece mentira que un hombre solo (por así decirlo) pueda tener tanta influencia; pero hemos de recordar que Europa ya ha progresado así en el pasado, empujada por el entusiasmo de unos pocos.

Juan Urrutia2200 ~ 27 de diciembre de 2014 ~ 3

El Duverger de ma jeunese

LibrairieAcaba de fallecer Maurice Duverger un autor francés de derecho constitucional general, y de otros temas relacionados, que me empeñé en leer al principio de la carrera en aquel tiempo en el que no me interesaba nada lo que me enseñaban de economía y, en cambio, sentía mucha curiosidad por el derecho político público. Poco a poco fueron cambiando las tornas y, a medida que se especializaba el derecho y la economía se hacía más abstracta, me pasé a esta última. Pero no es esto lo que quiero contar. Lo que me viene a la cabeza son esos viajecitos a Biarritz a aquella librería en la que se podía pedir que te enviaran libros a Bilbao, libros imposibles de encontrar en esta mi ciudad. Una librería que desapareció hace años según creo recordar y pienso que con acierto pues no aparece en esta lista de tres librerías que incluye el kiosko de prensa del gran ciclista Darrigade. Nadie debe pensar que solo íbamos a Biarritz a ver cine bueno prohibido en España o a comprar el Playboy. También íbamos a comprar libros serios que, en mi caso me sirvieron para presentarme como un estudiante brillante cuando en realidad es ya desde aquel entonces que aprendí a sacarles partido a las contraportadas de libros con los que me hago. Olfateo y memorizo la contraportada sin llegar a leerlos y mucho menos estudiarlos.

Juan Urrutia2200 ~ 21 de diciembre de 2014 ~ 0

Otro gran primer párrafo

Call-me-IshmaelEl primer párrafo es donde un autor de ficción se la juega de verdad tal como decía hace ya muchos años usando como ejemplo el Call me Ismael de Melville. Siempre he pensado eso y puede que ahí esté la explicación de mi escasa, por no decir nula, producción literaria. Es imposible competir con ese primer párrafo de Moby Dick, o incluso con estos primeros párrafos de los que he escrito aquí (Bolaños) o aquí (Flaubert). Hoy he encontrado otro primer párrafo, en este caso de Jean Echenoz en su librito «Un año», que me ha llamado poderosamente la atención:

Victoire,luego de despertar una mañana de febrero sin recordar nada de la fiesta y encontrar a Félix muerto a su lado, en la cama, hizo su maleta, no sin antes pasar por el banco, y tomó un taxi rumbo a la estación de Montparnasse.

Juan Urrutia2200 ~ 13 de diciembre de 2014 ~ 0

Mis adminículos

bilbaobaldosaTengo un buen y querido amigo que dice a quien quiera oírle que me conoció con boina, paraguas y barba. Yo siempre aclaro que se confunde y que nunca he llevado esos tres adminículos juntos. Y es verdad, pero creo que también lo es, y debo confesarlo, que dependiendo del tiempo, a veces sí que llevo tres adminículos curiosos juntos, pues aunque la barba no duró mucho, la que siempre va conmigo es la gabardina, esa prenda que ya solo llevamos los muy mayores pero que, en mi caso, no deja obsoletos ni la boina ni el paraguas. Quizá esto es así pues hubo un tiempo, allí en mi infancia bilbaína, en el que sí que me protegía con boina, paraguas y gabardina en mi camino al colegio. Hacía frío, humedad y una fina lluvia que nunca cesaba de manera que, al acarreo de los libros escolares, debía añadir cada día esas tres defensas contra el mal tiempo. ¡Aquello era vida! Sobre todo por la tarde, después de comer en casa y de asistir a las clases hasta las siete de la tarde. Volver a casa era como una aventura de Salgari. Siempre lloviendo, casi siempre oscuro como una noche casi cerrada y con un frío que la gabardina no podía contrarrestar. Caminaba rápido, con ganas de protegerme, pero sobre todo de disfrutar de las sorpresas que me podrían estar esperando en casa una vez desembarazado del paraguas, la gabardina y la boina. Escribo esto cuando, por fin ha llegado a Madrid lo que la gente llama el mal tiempo, ese que yo asocio a la felicidad en mi Bilbao infantil con un clima que me llevaba allí, y hoy me lleva aquí, a caminar al ritmo exacto de lo que se llama vida, algo entre la nostalgia y el aburrimiento pero siempre presidido por esa todopoderosa esperanza exaltada de las sorpresas que me esperaban al llegar al calor del refugio, esperanza exaltada esta que, pase el tiempo que pase, nunca acaba por apagarse o serenarse.

Juan Urrutia2200 ~ 6 de diciembre de 2014 ~ 0

Tximeleta y Wittgenstein

tximeletaSe ha roto la racha y por primera vez en mucho tiempo nuestra venida a Bilbao no ha traído el sol consigo. Hace un tiempo de perros y los yates del Abra apuntan su proa hacia el noroeste evidenciando el que denominamos viento gallego, el que, a diferencia del francés, trae el mal tiempo. Graniza y hace frío y me paseo por nuestra casa renovada tratando de encontrar el sitio adecuado para cada cuadro pues el cambio del entorno exige una renovación de lo que lo enmarca. Pero lo que da forma y sentido a un entorno no son solo los cuadros; también cuentan otros elementos. Como, por ejemplo, las mesitas bajas. La nueva del salón tiene forma de ala de mariposa y debe ser por eso que, tomando la parte por el todo, recibe el nombre comercial de tximeleta. Se me ha ocurrido que cuando llegue el momento de volver a LA para siempre puedo ocupar mis mañanas en escudriñar por donde sopla el viento y colocar la proa de esa mesa tan ligera en dirección al viento que toque. Una forma esta de no distinguir el interior del exterior añadiendo un intento más a esta tarea terca en la que estoy enganchado y que trata de escapar de la prisión del lenguaje siguiendo la estela de Wittgenstein. Quizá algún día pueda decir que yo hablo y que ya no es cierto que el lenguaje me habla. Pero quizá esta tarea pueda ir más allá de lo esperado e invertir los términos. Estoy dispuesto a sugerir en el Ayuntamiento que proporcione boyas adicionales de forma que todos los yates estén amarrados a dos boyas simultáneamente comprometiendo así la dirección de su proa. El viento habrá dejado de ser un fenómeno del exterior y se habrá convertido en una característica identitaria de mi casa cuya tximeleta habrá de ser consultada por los meteorólogos.

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