Desde mi sillón de orejas

El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 26 de octubre de 2014 ~ 0

Una vieja fotografía: La Fille du Regiment y Los Justos

detonadorLlevo dos miniposts (este y este) mostrando mi falta de inspiración y en el primero de ellos reconocía mi triste esperanza de que la representación de La Fille du Regiment en el Teatro Real de Madrid me inspirara un poco. Pues así ha sido, pero de manera indirecta, al remitirme extrañamente a Los Justos de Camus que, adaptada desde el inicio del bolchevismo anterior a la revolución del 17 a los tiempos de ETA hace unos quince o veinte años, contemplé hace más de una semana en el Las Naves del Español en el Matadero en Madrid. En ambas obras hay alguien que, con tono distinto en uno y otro caso, pone en juego las facetas aparentemente contradictorias de ese entusiasmo que echo en falta cada vez más a menudo. Es ese aspecto aparentemente contradictorio del entusiasmo lo que quiero explorar en este post.

Quizá la mejor manera de comenzar la exploración sea el examen de un recuerdo específico. Me veo en una antigua foto en la que yo aparezco disertando como una especie de falangista exaltado en el comedor de casa de mis padres en Bilbao. Creo que estaba chillando impertinentemente, con la osadía de la juventud, sobre la vacuidad de una vida en la que ésta no se pone en juego. Me fijo en la foto. La supongo sacada por mi hermana y alrededor de la mesa recuerdo al menos a mi madre, las manos de mi padre, la «tía» Isabel, hermana del Padre Arrupe, con el que mi madre insinuaba que algo tuvo que ver cuando, ambos libres, paseaban por la Gran Vía bilbaína y, creo recordar, un primo que por aquel entonces estaba viviendo en esa casa de mis padres en su primer trabajo después de licenciarse en física en Madrid y de haber tenido una infancia nómada dada la necesidad que su padre tuvo de exilarse después de la guerra civil. Demasiadas aventuras a mi alrededor como para que yo me sintiera cómodo con esa mi vida burguesa que solo ponía en juego su vida, es un decir, provocando a los grises. Mi memoria me dice que yo estaba tratando de decir con cierto tono provocador que, ya en tercero o cuarto de carrera, me angustiaba por la vida burguesa que me iba a tocar vivir cuando en realidad estamos hechos para jugárnosla en aras de algún objetivo liberador que la dotara de cierto heroísmo y que evitara el aburrimiento y la monotonía de una vida de clase media.

¿Qué hacer con un entusiasmo así? Descartado el sacerdocio, que no me parecía, ni me parece, nada excitante, ni siquiera cuando va orientado a las misiones, me quedaban dos opciones para hacer algo con la sobreabundancia de entusiasmo que amenazaba con hacerme vomitar las propias entrañas. O bien El Amor (heroico) o bien el amor (doméstico), dos formas de vida que en mayor o menor proporción también pueden ir juntas. De hecho, de la tensión entre una y otra sale la obra de arte en la que una vida puede consistir… a veces.

Hace dos semanas, como decía, acudí a la representación de Los Justos de Camus trasplantada a la situación vasca de una época de ETA en la que las bombas contra vehículos eran moneda corriente. Más allá de la bonita puesta en escena en la que todos los personajes permanecen atados a un único centro y de los no tan bonitos y, desde luego, innecesarios añadidos para identificar el País Vasco, lo que Camus quiere poner en juego es la tensión vital entre la llamada exaltada del heroísmo dirigido a la liberación frente al opresor, algo épico, y el sereno deseo de no herir a seres inocentes que se asocian a las personas individualizadas y amadas, algo lírico. Apretar o no el detonador de una bomba al paso del enemigo de tu pueblo puede llegar a constituir una tensión vital entre dos pulsiones que marque una vida y lleve a tu definitiva individuación como ser único, como individuo auténtico y no abandonado a las convenciones sociales de tu entorno.

Hace tres días la puesta en escena de la obra de Donizetti, una especie de ópera cómica en la que, más allá de ligereza de una música simpática y llena de espíritu de desfile militar, me hizo pensar en el mismo problema de la tensión entre el Amor y el amor en una versión light pero así mismo esclarecedora. La “hija” de un regimiento napoleónico que comparte con todos sus miembros el amor que se da entre padre e hija, el compañerismo de la cantinera, ambos amores líricos, y un cierto Amor épico o entusiasmo patriótico por la muy heroica conquista napoleónica, resulta ser una tirolesa de noble ascendencia que está dispuesta a abandonar todo esto por el amor lírico por un tirolés aparentemente vacío de cualquier fidelidad patriótica. La tensión vital es la misma que en el caso de Los Justos, pero aquí parece triunfar el amor poco heroico entre un hombre y una mujer que nada tienen de individuos auténticos.

¿Qué predicaba yo en aquella cena que aparece en la foto correspondiente a mi juventud temprana? Me temo que entonces me encontraba mucho más cerca de esa persona a la que Camus no deja apretar el botón del detonador que del simple campesino tirolés que acaba cantando a la mayor gloria de Francia. Y, desde entonces hasta esta recientemente adquirida ancianidad ¿qué ha pasado conmigo? ¿Apretaría hoy un cierto botón, hablando en términos metafóricos, o me dejaría llevar por la sensiblería del amor? Como no sé responder a este interrogante no tengo más remedio que no entregarme y seguir luchando para llegar a ser alguien más allá de una partícula elemental prescindible. La sequedad de la que me quejaba en los dos miniposts con los que he empezado este no va a ser superada con el lamento, sino solamente con el mantenimiento de la tensión entre la individualidad y la especie sin rendirse a la una o la otra.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 19 de octubre de 2014 ~ 0

El FMI cambia de actitud en octubre

IMFforecastNo me encuentro entre los economistas que no se pierden ningún World Economic Outlook del IMF. Pero el que dio a conocer hace unos días y correspondiente a Octubre obtuvo unas reacciones que me han llevado a echarle un vistazo y aconsejo su lectura aquí. No me detendré en datos concretos ni tan siquiera en una descripción somera de la situación mundial. Me interesa recalcar solo que esa situación es peor de lo que se esperaba que fuera solo unos meses atrás (en abril).

Lo que más me ha llamado la atención es el paso que esta institución da hacia una medicina de recuperación basada en el gasto público, esencialmente en infraestructuras y especialmente para Europa, poniendo así en entredicho la actitud seguida hasta ahora por los economistas académicos y por las autoridades económicas alemanas que seguían enrocadas en la austeridad. Si leemos este último informe notamos con estupor que, sin abandonar sus exigencias de reestructuración en Europa, abren la vía mencionada para la inversión pública mencionada aun admitiendo que los multiplicadores no son ya lo que solían ser, cuantitativamente hablando, en los viejos libros de macroeconomía. Y para mayor sorpresa su recomendación se mantiene incluso si la financiación del gasto público hubiera de hacerse con endeudamiento.

Lo primero que quiero resaltar es que estas opiniones parecen avalar mi aparentemente loca reacción de hace ya casi siete años al comienzo de lo que luego se llamó la Gran Recesión: Inflación y Eurobonos. Nunca he renunciado a ella, pero ahora insisto con más fuerza, especialmente ante la situación europea. Situación que es peor de lo esperado con una tasa de crecimiento prácticamente plana. El BCE hace lo que puede dentro de sus estatutos pero ni así consigue subir la inflación hasta su límite estatutario del 2% entrando en una senda deflacionaria que sabemos a donde lleva con solo mirar a Japón. Draghi se las arregla para ir arrancando concesiones hasta incluso anunciar el comienzo de las compras de deuda soberana; pero ni aun así se ven signos de un sentimiento de mercado un poco optimistas, pues las inyecciones de dinero correspondientes no parecen surtir ningún efecto en la demanda agregada debido, claro está, a la salud maltrecha del mecanismo de transmisión entre la Política Monetaria y la utilización de crédito por parte de las empresas. Algo no va bien en los sistemas bancarios nacionales y los resultados del examen realizado son esperados con temor.

Esto me lleva al segundo comentario que quiero realizar. Si mi trabajo fuera el de aconsejar a los ahorradores cómo colocar sus ahorros lo estaría pasando muy mal, especialmente aquí con clientes del sur de Europa. ¿Deben seguir en renta variable en euros apoyándose en algunas mejoras industriales y en la posible devaluación del dólar? Salirse y pasar a alguna de las variedades de renta fija plantea el problema insoluble de a cual de ellas y en qué divisa. Mi sensación es que a falta de otra medida de fuerza por parte de los ahorradores quizá lo único que quepa hacer es salir a la calle para exigir a Europa la mutualización del endeudamiento sumando fuerzas para permitir un endeudamiento avalado por todos en proporciones a discutir, es decir los eurobonos.

Y termino diciendo que el nudo gordiano está hoy justamente en el endeudamiento ya sea este soberano, privado, interno o externo. Conocer los datos de cada país en lo que respecta a esta estructura del endeudamiento es la única forma de comenzar unas conversaciones políticas que no sean meras palabras vanas. Ya tenemos estos datos y se trata, sin duda de «netear» las deudas entre diversos instrumentos y, en ese sentido, el problema se parece mucho al de la financiación autonómica en España. El «fondo de compensación» debe utilizarse, pero con cautela, de forma que el ranking entre países no quede trastocado, aunque las diferencias disminuyan. A partir de ahí la mutualización de la deuda europea tiene una posibilidad de llevarse a cabo permitiendo así una cierta construcción europea de verdad. ¿Están los políticos europeos a la altura de este reto?

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 14 de octubre de 2014 ~ 0

El deber de la Universidad Pública

enseñanzaCreo que en pocas semanas entraremos en la semana de la ciencia 2014 y, como esta ciencia se hace no solo en las OPIs especializadas, sino también, y en buena parte, en la Universidad, me parece una buena fecha para comentar sobre las rebajas en el gasto público dedicado a esta institución y sobre la expectativa respecto al apoyo privado. Todo Rector y la CRUE como colectivo tratan, como es natural, de contactar con el sector privado para recabar apoyos que les permita mantener su posición en los rankings que hoy proliferan y que dan una idea, no muy adecuada por cierto, de lo que cada universidad consigue, y son seguidos por los usuarios y los patrocinadores.

La conversación con estos patrocinadores no es fácil por varias razones, pero que se pueden resumir en dos que voy a tratar de describir y que hay que ir estudiando si queremos hacer algo serio. La primera de estas razones es que los patrocinadores, disfrazados de diferentes maneras, no tienen una idea clara de la situación del sector y no saben qué institución en concreto sirve a sus intenciones. Intenciones estas que pueden ser muy variadas, pero que casi nunca son totalmente desinteresadas. O bien quieren utilizar una Fundación o similar a fin de crear mercados complementarios con sus otras actividades empresariales, o bien les gustaría que una institución docente cooperara a reducir los costes de transformación de su negocio. Todo esto ha sido ya estudiado bajo la rúbrica de tercer sector, ni público ni privado, y no parece que se pueda tener muchas esperanzas en él por lo que se acaba de apuntar. Ni siquiera en el campo de la cultura, tal como ha puesto de manifiesto la investigación en Economía de la Cultura

universidad de gremiosLa segunda razón es que incluso posibles mecenas desinteresados no saben muy bien cómo ayudar. Con su mejor voluntad, suelen tratar de regalarte sus mejores prácticas a fin de que la universidad de que se trate distribuya mejor sus fondos entre sus diversas finalidades, o aprenda a hacer la propaganda adecuada, o sepa las pillerías que hay que hacer para aparecer en lugares respetables de los rankings, tal como hacen las mejores business schools a nuestro alrededor y que siempre consiguen unos puestos envidiables. No se dan cuenta de que esta tarea exige unos gastos significativos que no se pueden recuperar con subida de tasas, a no ser que se trate de un centro privado.

Esta conversación siempre acaba insinuando que lo mejor sería que los centros públicos se fusionaran hasta alcanzar una dimensión suficiente como para atraer a muchos estudiantes y que luego se privatizaran para poder aumentar las tasas. Pero es que es justamente aquí en donde la conversación debería comenzar, pues de lo contrario se olvida lo que la Universidad Pública pretende o debiera pretender: nada menos que «el saber». No tanto el saber especializado en un área concreta con el ojo puesto en la innovación, cosa que mal que bien se hace a través de los proyectos de investigación financiados a través de fondos especiales provenientes no solo del Estado propio sino también de Europa. La Universidad Pública debe educar a nivel de grado a los ciudadanos del país al que sirven para que estos sean algo más que productores eficientes o consumidores responsables, para que lleguen a ser verdaderos ciudadanos capaces de cooperar con otros en la conversación pública que sostiene la fraternidad, la refuerza y genera confianza en el prójimo.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 12 de octubre de 2014 ~ 7

Entusiasmo

Tertulia Anĉovoligo

El jueves y el viernes rejuvenecí un poco y mi gran capacidad de entusiasmo se llenó casi por completo, todo ello gracias a la reunión de Anĉovoligo que hoy comentan las Indias aquí y de manera exhaustiva liberándome de la obligación de ser yo uno de sus glosadores y dándome la oportunidad de concentrar mi atención en mi propia experiencia general de sentir el alma ensanchada por el contacto con gente dispuesta y capaz de cambiar el mundo y de renovarse a sí mismos. Sí, es todo eso lo que sentí en Gijón en el contexto de la reunión internacional de grupos que, de una manera o de otra, están relacionados con la Sharing Economy, que pretenden seguir estándolo a través de su renovación y de la explotación de su potencial a la luz de ideas y experiencias que no se limitan al consumo.

Este entusiasmo mío me recordó a una parte del sueño que relaté aquí a la vista de la pintura de la época stalinista que con una luz deslumbrante mostraba ostensiblemente al hombre nuevo. Es muy posible que este recuerdo me viniera a la cabeza al escuchar una cita que me encanta referida por Marx al llamado paraíso comunista, una situación social utópica en la que el modo de producción ha hecho posible la abundancia y en la que, en consecuencia, cada uno puede explorar todas sus potencialidades correspondientes a sus multicapacidades sin ser obligado por el sistema en el que vivimos a presentarse con solo una cara. Aquel experimento no culminó y hoy sirve para recordar, entre otras cosas, que hemos de evitar la violencia, y elucubré con la posibilidad de que el mercado pueda complementar la economía colaborativa, llevándola más allá de sí misma, generalizando la competencia fraternal, cosa que quizá se pueda conseguir si evitamos las rentas del crony capitalism del que habla el The Economist en su último número (que salía a la venta) mientras hablábamos de estas cosas y lo hacíamos en un contexto de abundancia en la que cada uno no es nadie y tiene que juntarse con otros para tener algún peso. Neal apuntó brillantemente que no estaría mal si conseguimos nivelar el terreno de juego entre mercado, administración y el sector colaborativo. Un objetivo que mantiene mi entusiasmo.

Este entusiasmo siguió siendo mi motivo de reflexión cuando ayer acudí, ya en Madrid, a las Naves del Español, a la representación de Los Justos, esa obra de mi admirado Albert Camus en la que se pone en juego la tensión entre la Justicia y el Amor. La producción que contemplé ayer es una adaptación de la tensión de la que Camus habla a la aventura de ETA. No es el momento de hablar de la oportunidad o de la calidad de esta trasposición, pero sí que es el momento de recordar que el conflicto evocado por Camus al final de los años cuarenta y que utiliza los primeros brotes de violencia antizarista a principios del siglo XX en Rusia como banco de pruebas, es un conflicto no resuelto y posiblemente no resoluble en medio del cual tenemos que vivir.

No se apagó mi entusiasmo, pero sí que mis pensamientos volaron por lugares ignotos en los que quizá un día no sea necesario tener que lidiar con esa terrible tragedia de servir a una causa digna haciendo sufrir a quienes uno ama. Tendrá que ser posible, me dije voluntariosamente y retomé el entusiasmo. Pero esta tarea va a ser ardua, lo que no quiere decir que sería mejor mirar para otro lado, sino que hay que mirarla de frente, pero siempre acompañados por gente de buena fe.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 6 de octubre de 2014 ~ 1

La gobernanza de la Globalización: una aproximación

barcoLa globalización es un hecho con el que hemos de contar y con el que, de hecho, contamos en casi todos los ámbitos en los que nos movemos. Creemos saber que va ir a más y que, poco a poco, van a ir desapareciendo hasta los paraísos fiscales, último reducto de la noción de Estado. Si, como reflexionaba el otro día, pensamos a partir de first principles, no podemos quedarnos en unas cuantas ideas cortas cuando tenemos que decir algo sobre problemas como el vasco, el catalán, el kurdo o el escocés, entre otros. Uno de esos primeros principios sobre los que hemos de construir nuestro discurso es, sin duda, la gobernanza de la globalización. En efecto, nos tenemos que preguntar si esa globalización será mejor gobernada por una única autoridad mundial, una especie de Estado global, o si cabe una acracia global y podemos esgrimir razones para pensar y desear que la globalización exija o permita una confederación asimétrica de comunidades de muchas clases diferentes que pueden incluir Estados o no.

Trataré de contestar a esta cuestión a partir de dos ejes distintos, el económico y otro un poco sesgado hacia lo filosófico. Y lo haré de una manera bastante poco rigurosa, y quizás hasta errónea, por lo que llamo aproximación a mi planteamiento.

Comenzando por lo económico afirmo, en primer lugar, que la pregunta fundamental que hay que hacerse es si lo que importa son los rendimientos crecientes por parte de la oferta o por parte de la demanda. Las economías de escala de una unidad productiva están asociadas a la reducción en el coste unitario de producción a medida que se producen más unidades para abastecer al mercado global. Quien sepa aprovecharse de este hecho tecnológico acabará teniendo un cierto grado de monopolio que le permitirá cargar un precio por encima del coste marginal incrementando así significativamente su beneficio. Pero estos rendimientos crecientes que ocurren por la parte de la oferta de bienes no son los únicos posibles. Hemos de considerar también los rendimientos crecientes por la parte de la demanda asociados a lo que se llama efecto-red. En un mundo digital, por ejemplo, cuanto mayor es la cantidad de clientela de, digamos, un proveedor de servicios telefónicos, mayor será la demanda de esos servicios por parte de este proveedor en concreto pues el nuevo cliente tendrá un acceso fácil a más gente. Este efecto camina también hacia el monopolio y este será cada vez el más general y el más potente en un mundo en el que se impone el internet de las cosas.

El interés ciudadano exige la regulación del monopolio y nuestra pregunta por la gobernanza se puede reducir a sopesar qué tipo de regulación es mejor en un mundo globalizado y dominado por el internet de las cosas. El criterio básico para contestar a esta pregunta es si la captura del regulador es más fácil cuando éste es global o cuando este está distribuido entre las diferentes comunidades del tipo que sean. La captura del regulador del monopolio total globalmente hablando es mucho más fácil cuando este regulador es enorme y global que cuando está constituido por una red de reguladores. Y el ejercicio del control que el regulador ha de ejercer es sin duda mucho más efectivo en jurisdicciones pequeñas.

El argumento hasta aquí es el mismo vengan de donde vengan los rendimientos crecientes, pero ahora trataré de entender que si distinguimos entre el origen de los rendimientos crecientes el argumento se refuerza. En un caso estos rendimientos crecientes provienen de las economías de escala asociadas a la globalización. En el otro caso los rendimientos crecientes provienen de las economías de alcance asociadas con la actividad de un único productor diversificado que puede atender las necesidades de mucha más gente en el mundo del internet de las cosas. Una economía de menos peso físico es mucho más fácil de regular de manera distribuida.

Y en este punto es fácil conectar con el otro eje argumentativo, el de corte un poco más filosófico o social. El argumento centralizador se sigue de la lógica de la escasez y de la racionalidad instrumental asociada a la teoría económica neoclásica. El argumento descentralizador se sigue de la lógica de la abundancia y de la racionalidad expresiva que poco a poco vamos aprendiendo a asociar a formas alternativas de conceptualizar lo que ocurre en el ámbito económico. La racionalidad expresiva tiene en cuenta la pertenencia a una comunidad (quizá una empresa) y las economías de alcance hacen sentirse a quien las produce como un digno miembro de la comunidad.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 27 de septiembre de 2014 ~ 3

Dos formas de pensar

230px-Frank_HahnComo resultado de un par de eventos, estoy pensando en las ventajas e inconvenientes de formas distintas de pensar sobre cuestiones complejas, como podrían ser, por ejemplo, la construcción de Europa en un momento de crisis económica seria, o la salida de España de la crisis en un momento crítico para Europa.

Una primera forma es completamente diacrónica y minuciosa, tratando de ver cómo ha evolucionado una cuestión concreta a lo largo de los años y tratar de distinguir ahí una pauta determinada que nos podría quizá permitir emitir un juicio razonado sobre la política a seguir. Esta forma de pensar exige un comienzo arbitrario. La otra forma de pensar es totalmente sincrónica y toma como punto de partida la situación actual y el lugar al que querríamos llegar.

Esta diferencia puede aplicarse a cualquier cuestión de cualquier ámbito del conocimiento, pero me parece especialmente aplicable a las cuestiones con las que ha abierto este post. En estos asuntos siempre recuerdo el comentario de Frank Hahn en Cambridge en una tarde cualquiera cuando ya pasaba parte de su tiempo en Siena. Recordaba el examen que había puesto a sus alumnos italianos sobre las políticas a seguir en un cierta situación económica y, haciendo un guiño, continuaba reflexionando sobre «en qué orden tomarlas». Es sobre este orden sobre el que cabe preguntarse si el análisis debe ser el diacrónico o el sincrónico, si nos preguntamos por la salida de la crisis en España a partir de la recesión aparente de Europa o por la construcción de Europa en esa situación.

Por una vez, y bajo la influencia de Mario Draghi, parece que un cierto consenso emerge sobre las políticas de demanda y de oferta que habría que tomar. Respecto a las primeras, tanto la unión bancaria junto con el activismo del BCE, como una política fiscal coordinada, parecen imprescindibles. Y en cuanto a las políticas de oferta, podemos hablar de todas las llamadas reformas en sentido genérico que trabajarían en favor de un incremento de productividad y mejora de la competitividad. En qué orden habría que tomar las decisiones pertinentes parece la única duda razonable más allá de precisiones cuantitativas, en mi opinión de segundo orden de importancia.

Pues bien, pienso la que hubiera sido la respuesta que Hahn hubiera exigido a sus estudiantes para aprobarles: todas simultáneamente. Solo de esa manera las medidas concretas se hacen creíbles, porque si alguien quiere hacer trampa, sabemos que la trayectoria seguida por el sistema económico europeo saldrá de la rama estable de la trayectoria hacia el punto de silla y el desorden será enorme. Es este miedo el que permite que el commitment aparente de cada país sea creíble y que las expectativas no se vean incumplidas.

Pero todo esto, además de inclinarme por una forma de pensar que podríamos llamar «from first principles», parecería exigir una especie de autoridad única. Pero esto es una conclusión espúrea, pues el ponerse de acuerdo sobre la institución que debería encarnar la autoridad presenta las mismas dificultades que diseñar la política óptima como suma de las políticas mencionadas tomadas simultáneamente. De hecho, me parece que la decisión sobre las medidas concretas a ser tomadas simultáneamente sería probablemente más acertada, más conducente a la trayectoria estable, si se tomara entre un grupo numeroso de autoridades.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2161 ~ 21 de septiembre de 2014 ~ 0

Sobre política científico-cultural

True DetectiveEn pocos días he tenido tres ocasiones de oír hablar de ciencia y sus dependencias del poder político. Por un lado Mäki disertó sobre el Imperialismo de la Ciencia desde la filosofía de la ciencia tratando de poner en solfa todo imperialismo incluido el de la filosofía de la ciencia. Por otro lado, Steven Turner se explayó sobre sociología política de la Ciencia planteando un problema muy pertinente en estas épocas de incertidumbres: si tendríamos que preferir la democracia o la tecnocracia (léase BCE y Mario Draghi) en la conducción de nuestros asuntos cotidianos. Finalmente, en una especie de festejo científico-musical organizado por Toni Hernando, la parte no musical del evento consistió en una charla muy relajada de P.M. Etxenique sobre el error de separar ciencia de las humanidades, explicando cómo el impulso científico está enraizado muy hondo en el espíritu humano.

El conjunto de estas tres exposiciones me ha dejado una sensación de que muchos asuntos, además del de la tecnocracia vs. la democracia, se han quedado sin atender. Pensemos en los pecados de la ciencia en su quehacer cotidiano, sea por parte de las empresas que explotan sus descubrimientos, sea por parte de los propios científicos en su actividad de rent seeking disfrazada de búsqueda de verdad o en su defensa de la auto regulación que lleva a los rankings y a contar las citas sin tener en cuenta las dependencias del recorrido que esto puede traer consigo. Todas estas cosas están en el candelero y todas están relacionadas entre sí de una u otra manera.

Sobre todas estas cosas se ha escrito en este blog en un momento u otro, pero hay otra cosa de la que también se ha escrito aquí y que me parece todavía más importante para la práctica del trabajo consistente en crear conocimiento. Aun admitiendo que conocimiento no es sinónimo de información en su día, al comienzo de ese nuevo relato que traté de delinear en una colección de una cincuentena de posts que algún día de estos verán la luz de una forma ordenada, me referí nada más comenzar a una idea de Economía de la información que me parece muy aplicable a las discusiones de estos días sobre la tercera ola de crecimiento negativo en Europa.

Pero dejando por hoy fuera el problema del sistema económico. centrémonos y pensemos en el sistema del conocimiento como aparato epistémico que trata de generar ideas. Me centro en las viejas ideas de Sah y Stiglitz aparecidas hace casi treinta años años en la A.E.R.(Sah y Stiglitz The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Polyarchies, American Economic Review, 76, 4, 1986, pp 716-727) y en donde introducen la distinción entre jerarquías y poliarquías como formas alternativas de seleccionar ideas sean científicas, tecnológicas, económicas o incluso culturales. Supongamos pues un aparato epistémico formado por filtros imperfectos, organizados bien sea en batería (poliarquía) o bien sea en línea (jerarquía). En el primer caso, una idea rechazada por un filtro puede ser aceptada por otro. En el segundo caso, cualquiera de los filtros puede vetar una idea por el contrario, estaría mejor representada por una jerarquía en la que los filtros son instalados en batería de suerte que cualquiera de ellos puede vetar una idea. En la poliarquía se trata sobre todo de no caer en el error de tipo I, evitando al máximo posible (dada la imperfección de los filtros) el veto a las ideas buenas. En la jerarquía, por el contrario, se trataría de evitar al máximo posible el error del tipo II no cayendo en la aceptación de ideas malas. Pero. ¿cuál de estas formas de organizar el aparato del conocimiento tiene mayor valor epistémico?

La respuesta a esta pregunta crucial no es inmediata pues depende la calidad de las ideas en el aire en el campo de que se trate. Pensemos, por ejemplo, y sacando un poco las cosas de quicio, en las series televisivas, y pensemos cómo vamos a autorizar el apoyo financiero a esas producciones que hoy parecen desbancar al cine como forma artística. Aplicando las ideas explicadas diríamos que hoy en día en el aire vuelan mejores series que películas y en ese ambiente cultural la financiación de series tendría mayores beneficios epistémicos que la de películas. En consecuencia los filtros para apoyar o no las series deberían establecerse en paralelo para maximizar la probabilidad de que pasen el sistema de filtros

Volviendo a nuestro problema, inicial nos preguntaríamos cómo están los tiempos en el mundo de la ciencia. Si fueran buenos tiempos para las ideas científicas deberíamos posicionarnos en favor de la poliarquía en la organización de las aceptaciones de artículos, etc. Si los tiempos no son buenos para las ideas científicas, pues no parece que en el horizonte se perciba un deseo por la verdad sino más bien una búsqueda de la explotación comercial, en ese caso mejor (epistémicamente hablando) imponer jerarquías y no dejar pasar tonterías.

Estas ideas no suponen una solución a los problemas plantados al principio de este post, pues no sabemos quién dice si los tiempos son buenos o malos para una cosa u otra. Sin duda, pero son un paso en la discusión ordenada de en qué medida y cómo deben ser apoyados los generadores de ideas dependiendo de los tiempos y teniendo en cuenta solo los beneficios epistémicos.

Juan Urrutia

Juan Urrutia2161 ~ 31 de octubre de 2014 ~ 0

Dos reflexiones: Introducción

Hace unos días la Fundación Areces organizó una sesión sobre el reciente premio Nobel Jean Tirol cuya obre fue glosada por David Pérez Castrillo, Gerard Llobet y Luis Garicano. Los dos primeros nos presentaron unas transparencias que dejaban entender muy pronto que Tirol había trabajado, y muy duro, durante cuarenta años en el área de Organización Industrial y en todas sus subáreas así como en todos los instrumentos exigidos para su desarrollo riguroso. Su libro, en efecto, continúa siendo, después de hace más de veinte años una referencia en el área. Faltaba que alguien indicara que también había trabajado en macro y en finanzas; pero Luis Garicano optó por obviar ese área en sí y, prescindiendo de transparencias, disertar sobre la necesidad de entender la simultaneidad, en el estudio del problema básico de la Ciencia Económica, del funcionamiento de los mercados y el de la autoridad, manifestada esta última en instituciones cuya regulación eventual debe ser estudiada siguiendo los pasos del flamante Premio Nobel. Esta última intervención, quizá por su sorprendente formato, me llamó la atención por su generalidad y me sugirió un par de reflexiones que pienso desarrollar un poco en próximos posts. En el primero trataré de resumir un antiguo argumento que desarrollé en un working paper ya antiguo sobre las condiciones bajo las cuales puede ser hasta conveniente la propiedad privada de una empresa de ciencia básica. En el segundo, de carácter más metodológico, indagaré alguna de las razones por las cuales es más difícil el progreso en Macro que en micro.

Juan Urrutia2161 ~ 24 de octubre de 2014 ~ 3

Las ramas viejas y altas

ramassecasaltasEn el último minipost les decía que me sentía seco como la rama de un árbol muerto, sin ideas nuevas y harto de repetir las mismas todo el tiempo. Hoy confirmo la impresión de falta de ideas nuevas y de la continua repetición de las viejas. En mis entrenamientos que practico tres veces por semana, he aprendido que es necesario desconectar unos músculos de otros a pesar de que esa conexión podría venir bien cuando se trata de hacer un esfuerzo especialmente grande. El ejemplo más ridículo de esa conexión es la utilización de los hombros para estirar bien los gemelos. Ejemplo de conexión ridícula, en efecto, pero también de su utilidad, pues a menudo no hay forma de mantener la pierna correspondiente lo suficientemente lejos como para que de verdad se estire el gemelo sin, al tiempo, apoyar los brazos en alguna superficie y cargar los hombros. El resultado de esa ayuda entre partes del cuerpo es que el gemelo no se estira todo lo que podría. Es naturalmente este entrenamiento que practico hace años el que ha hecho de mi un confederalista político: que cada miembro de ese cuerpo que llamamos confederación se las arregle como pueda sabiendo que no es lo adecuado con el espíritu del arreglo pedir demasiada ayuda y que solo se debe contar con un centro aparentemente de sobra y, sin embargo, crucial. Como los abdominales. Pero esto ya lo había dicho aquí, por lo que siento que estoy más seco de lo que pensaba y que no me extrañaría que tuviera que acudir a ese tipo de podador que corta ramas altas amenazadoras mediante una especie de palo rematado por un tijera que se abre y se cierra con ayuda de una cuerda que se maneja desde abajo. Porque estas ideas serán viejas, pero son altas.

Juan Urrutia2161 ~ 23 de octubre de 2014 ~ 2

Completamente seco

portada-hoyEl número de asuntos de interés disminuye en proporción a su importancia. Es decir, más se concentra cada periódico en unos pocos asuntos cruciales y menos atención presta a un abanico de asuntos aparentemente banales que, sin embargo, configuran nuestra cotidianidad. Pensemos en el Estado Islámico o en la lucha yihadista en general, en Ucrania y las tensiones secesionistas en el Este, en Europa y su deflación, en el Ébola en África o en España en particular o, si nos sentimos animados, en la corrupción española con el ejemplo ridículo de las tarjetas opacas. Mi problema como bloguero es que de todo esto ya he hablado o no sé decir nada serio o no hay nada que decir. Al final estas cosas dependen de cosas muy básicas. Veamos tres.

  • El origen de la legitimidad, a elegir entre la fuerza o las convenciones o, lo que es lo mismo, Schmitt vs. Kelsen, algo de lo que, realmente, no se puede decir nada.
  • De las rentas (marshallianas) o cuasi-rentas y su erosión o su permanencia, de cuya disipación en el límite de la competencia estoy harto de hablar.
  • De la forma de gobernabilidad, sobre lo que, de manera ex novo solo cabe decir que lo que debe primar es, otra vez, o la fuerza o la convención, y esta última, en este caso, debiera ser el principio de subsidiariedad y la confederación (no necesariamente de Estados) a la que ese principio nos lleva.

O sea, que me encuentro seco como una rama vieja de esas que caen en otoño. Nada que contar, me digo a mi mismo, aunque quizá mañana pueda contar algo sobre La Fille du Regiment con sus nueve dos.

Juan Urrutia2161 ~ 16 de octubre de 2014 ~ 1

The Economist 11-17 de octubre

economistMañana llega a los kioskos el nuevo número de The Economist y, como todas las semanas, llegará con algún artículo que merece la pena. El número anterior me resultó especialmente atractivo pues contenía al menos las siguientes cuatro entradas que me interesan y mucho ahora mismo.

En la página 4 comentaba inteligentemente el futuro del libro, cosa ésta que preocupa a los que, como yo, adoramos al libro como objeto.

En la p.39 nos regalaba un bonito artículo sobre el Estado de Colorado, una mezcla única de conservadurismo económico y de progresismo social al ser un Estado tradicionalmente Republicano y rico, pero de los primeros en admitir las bodas de gente del mismo sexo y el uso habitual de Marihuana. Tengo que volver por un lugar en el que fui feliz sin un duro en el bolsillo pero con Alan Ginsberg recitando su Aullido sobre el césped del campus de la C.U. en Boulder.

En la p.65 pone en entredicho el futuro de la banca a no ser que se renueve, justo cuando en el cierre de la reunión de Gijón sugerimos que cabría una utilización inteligente del información que acumulan los bancos a efectos de vender nuevos productos que podrían ayudar a hacer florecer la Sharing Economy al tiempo que lavan la imagen del sector.

Esto se complementa, en la p.69, con el recuadro sobre el Crony Capitalism, ese capitalismo de amigotes que tanto criticamos en esa reunión de Gijón y del que volvimos a predecir ese declive que nos llevará hacia una verdadera economía de mercado no necesariamente capitalista.

Juan Urrutia2161 ~ 15 de octubre de 2014 ~ 0

Jean Jacques y Jean

bildo-tirolA muchos de nosotros Francia nos ha dado siempre envidia y nos la sigue dando. A pesar del atractivo indudable de los E.E.U.U. entre los economistas, cuando un colega francés resulta destacado nos sentimos orgullosos, o al menos a mí me ocurre esto.

Me acaba de ocurrir con el premio Nobel que ha recibido Jean Tirol, un jovenzuelo de solo 61 años y que quizá lo hubiera recibido junto a Jean Jacques Laffont si este no hubiera muerto prematuramente. Son dos ejemplares de economista francés educados en el sistema de Grands Ecoles que además, en su caso, son dos grandes constructores de instituciones fuera de París.

Yo conocí a Laffont en California en el verano del 1974 y luego nos tratamos bastante cuando cada uno por su parte intentábamos, junto con muchos otros, crear centros de calidad cada uno en su país y fuera de las respectivas capitales.

Así nació ASSET una asociación que continúa bien viva tal como se puede ver aquí. Y fue a través de esta asociación y de la Escuela de verano de la FUE que tuve algunos contactos con Jean Tirol tanto en Bilbao como en San Sebastián de los que a veces me he hecho eco en este blog. En mis propias publicaciones se trasluce la admiración que he tenido a ambos. En el caso del reciente joven premio Nobel mis ideas provenían directamente de él en el campo de la especulación o de las burbujas pero sobre todo en el campo del gobierno corporativo con la idea de la Stakeholder Society a la que se hace referencia entre otros muchos sitios en el post con el que acabo de enlazar.

A pesar de las enormes contribuciones de estos dos economistas franceses lo que me más me gusta recordar es su terquedad en quedarse en la periferia desde la que irradian sus ideas y su insistencia en no abandonarse en esa periferia mediante un nomadismo enriquecedor.

Juan Urrutia2161 ~ 3 de octubre de 2014 ~ 1

Contra balbucear lo inefable

260px-Ludwig_Wittgenstein_by_Ben_RichardsHablamos demasiado. De todo: de cultura, de arte, de finanzas, de corrupciones varias, de presupuestos, de Cataluña, de Ucrania, de Hong Kong, del Estado Islámico, de la comisión Europea, de la austeridad, del cine español, del teatro, de los recortes en todos los renglones, de la pobreza, de la desigualdad y de mil otras cosas más. Y de todas ellas hablamos como si no tuviéramos conocimiento de causa, balbuceamos simplezas y nos repetimos hasta la nausea. Rara vez lo hacemos a partir de «first principles», tal como sugería deberíamos hacer hace un par de posts y, en consecuencia, no podemos ni siquiera entendernos entre nosotros. Y la razón de todo esto está en que, en general, esos principios básicos son inefables. Deberíamos recordar el final del Tractatus de Wittgenstein y afirmar que «De lo que no se puede hablar hay que callar». Es decir, «Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen». ¡A ver si así se entiende!

Juan Urrutia2161 ~ 1 de octubre de 2014 ~ 0

El Constitucional y el 9N

Ya sabemos que el TC ha suspendido por la entrada en vigor de La ley catalana de consultas y del decreto de convocatoria de la consulta del 9N. Una de las cosas más llamativas de esta decisión ha sido su celeridad a la este TC no nos tiene acostumbrados así como su unanimidad a pesar de las divisiones ideológicas internas. Pienso que no tenemos más remedio que pensar que o bien Mas y Rajoy están de acuerdo en la manera de salir de este embrollo, o bien bien ambos extremos, celeridad y unanimidad, son una señal emitida por el gobierno en connivencia con el TC de que Cataluña no tiene nada que hacer mediante la forma que ha elegido de expresar su voluntad. Si fuera esto último sería una muestra clara de mal gusto muy poco “británica”. Si se tratara de lo primero la cosa iría más allá del mal gusto.Con todo, éstas son cuestiones menores. Lo serio es saber en qué medida lo que se propone para el 9N, de acuerdo con el decreto correspondiente, es una consulta o un referendum. Si lo primero y el T.C. no anulara la parte correspondiente de la Ley de Consulta no habría razón alguna para prohibir la consulta por inconstitucional. Si el T.C. anulara toda la ley sin más se trataría de una muestra de prepotencia odiosa y muy poco elegante y si la mantuviera tal como está solo quedaría hacer pedagogía sobre la distinción entre las dos nociones de consulta y referendum. Hay expertos juristas que insisten en que se trata de un referendum pues si hay urnas no puede tratarse de una consulta que, según ellos, no es sino una encuesta con una muestra muy grande. Creo que confundir una consulta con una encuesta es tan tonto como confundirla con un referendum. Pero es que un referendum puede ser vinculante o no. Necesitamos un poco de pedagogía pero pasan los días y nadie nos la ofrece.

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