Desde mi sillón de orejas

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 26 de julio de 2015 ~ 5

Identidad vacía

The OutsiderTodos los veranos me ocurre lo mismo. Mis vacaciones de jubilado duran más de un mes y ocurren fuera de la vivienda habitual. En consecuencia tengo que hacer mi maleta de libros eligiendo entre los muchos cientos que recientemente han ido ocupando el poco espacio todavía vacío en el suelo y las paredes del amplio estudio de casa de invierno en donde se amontonan las últimas adquisiciones caprichosas y no pocos títulos adquiridos hace muchos años pero que han sido desenterrados por algún motivo que no siempre recuerdo.

En la maleta de este año conviven Enemigos Públicos de Houellebecq (M.H.) y Bernard Henry Levy (B.H.L.), una recuperación de correspondencia entre dos intelectuales, un literato y un filósofo con una diferencia en el estilo de pensar imposible de explicar por los simples 10 añitos de diferencia de edad, y Beyond the Outsider de Colin Wilson (C.W.) otro enfant terrible mucho mayor que los dos anteriores.

Creo que ye he hablado en otras ocasiones, como esta o esta otra, de El Outsider de C.W. que tanto me influyó en aquel verano del 67 en Oxford previo a la huida a los EE.UU. desde una España que ya no podía soportar. Pues bien en su día también leí el citado Beyond the Outsider el libro final del ciclo del Outsider. Después de darle muchas vueltas a la simple idea de ser incapaz de sentirte cómodo en un determinado ambiente social por razones ignotas comienza la aventura de construir una personalidad presuntamente única que no necesita ser muy diferente u original para servir como parapeto para lidiar con los mismos problemas que explican la huida.

Y es este conumdrum del ego el que me hizo meter en la maleta de libros el intercambio epistolar citado entre dos outsiders a los que me he sentido en un momento u otro bastante cercano. B.H.L. llegó a mí a través de los noveaux filosophes y M.H. fue masticado por mis mandíbulas aun jóvenes y devorado con un exceso de sexual drive generado a raíz de esa maravillosa novela titulada Las Partículas Elementales y otras de sus obras hasta llegar a La Carte et le Territoire que ya me encandiló desde su mismísimo título y, desde luego, a Sumisión que hace un par de meses me tragué sin parar ni a beber agua.

Y resulta que que mi vieja tendencia a procurar singularizarme, a pesar de mi buen carácter social, revive y me parece que Wilson en sus conclusiones me da pistas para entender la posible significación de estos dos enfants terribles. Este joven siempre airado nos dice finalmente que el existencialismo en el que el había crecido a pesar de ser galés no da más de sí y nuestro vacío interior debe de llenarse de formas siempre cambiantes: no hay esencia, todo es existencia y esta se forma inventándola sobre la base de un potpourri hecho de los memes de nuestro entorno y nuestras propias experiencias, a veces sobrevenidas y a veces producidas por nosotros mismos, a partir de lecturas u otras experiencias que creemos especiales y definitorias de nuestra personalidad, potpourri este que llegamos a creérnoslo como si fuera verdad en un sentido profundo.

Esta herencia existencialista era tan de mi época que me jugué horas de arresto en la milicia universitaria por perder parte de mi tiempo con lecturas intensas de Los Caminos de la Libertad de Sartre, una trilogía que me llevó a pensar que el relleno de la esencia vacía exigía quizá la lucha por los desposeídos o privados de su libertad. O quizá una lucha menos clara por la propia nación para hacer de ella una construcción ejemplar. Ahí me quedé y nunca pude admirar del todo la literatura definitoria de los nuevos filósofos, compañeros de generación más o menos, de B.H.L.,que añadían una nueva dimensión a las dos que tenían que definir la lucha de clases y la lucha nacional. Una dimensión nueva menos rebelde y más pegada a la forma de hacer política dentro de una democracia occidental.

Son estas últimas lecturas las que acabaron con mi deseo de singularidad y con la creencia de que mi vaciedad esencial podría ser rellenada por vivir una vida heroica como académico o como ejerciente de otro tipo de profesiones entre las que ha oscilado mi vida en una búsqueda inconsciente de la autenticidad para llegar a concluir, tal como he explicado en este blog bien recientemente, que no hay forma de encontrar tu propio relleno, que lo único que define tu ser es esa existencia variable y a menudo contradictoria y que se va perfilando como una secuencia de experiencias que oscilan entre la extrañeza de lo extranjero hasta la cotidianeidad de una aburrida vida burguesa y que nunca llega a conformar un tejido único y eterno. Acabas aceptando que solo queda como propio la cadencia de esa cotidianeidad dinámica hasta que, entre una y otra lectura de verano o de una tarde aburrida de crudo invierno, caes en la cuenta de que es una repetición de muchas otras idénticas.

Aunque se pueden elegir. Por ejemplo uno podría tratar de comportarse como un Houelebecq desquiciado o como un Levy nunca fuera de quicio. Con una vestimenta estrafalaria de mendigo apátrida o como un rico francés con pleno éxito social siempre con camisa de seda incluso en plena guerra extraña que el originalmente argelino visita en una muestra de turismo arriesgado. Pero engañarte con este tipo de disfraces tiene también su límite y a poco que pretendas no engañarte del todo acabas reconociendo que sigues vacío y que necesitas una nueva forma de relleno.

Como desespero de que el nuevo relleno sea solamente mío prefiero simplemente entrar en la discusión de cuál es hoy la aventura que mejor va como continuación de mis engaños anteriores. Y justamente hoy La Vanguardia me desengaña hablando para una gran audiencia que, por cierto debe de debe estar al cabo de la calle, de que la economía compartida o colaborativa y la diversidad en la gobernanza son dos asuntos ya convencionales que yo creía eran novedades radicales que, con la ayuda de los indianos, podrían servirme como nuevo relleno de mi vacía identidad.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 15 de julio de 2015 ~ 5

La provisionalidad

sociedad bilbaina
En las últimas semanas he tenido ocasión de asistir a dos actos sociales cuyas formas ne han dado que pensar. En ambos actos los asistentes principales eran gente destacada en su profesión y es esa especialización la que les ha encumbrado dentro de su sector y, a la vez, la que ha hecho de su conversación un simple recetario de obviedades sin ninguna originalidad ni utilidad. ¿Debería retirarme de esta vida que en menos de 15 días me ha enfrentado con mi firme oposición contra esta sociedad en la que no me encuentro bien pero a la cual sin embargo me costaría renunciar? Para reflexionar sobre el qué hacer he de comenzar por admitir que ambos actos sociales reflejan la misma actitud en dos frentes distintos.

En un frente meramente conversacional lo más llamativo es que a partir de una edad (y sobre todo si se ha sido poderoso y ya no se es) cada uno tiene su discurso, lo larga sin prestar atención a comentarios o a peticiones de aclaración y luego se calla sin escuchar los discursos de los demás. En un entorno más técnico, más claramente profesional y menos amistoso, la actitud de cada participante en un acto no tanto social sino, por ejemplo, empresarial es idéntica. Cada uno suelta su discurso y luego no escucha el del prójimo. Una actitud que incluso se da en entornos científicos. Y esos rollos que se largan en un entorno u otro, siempre son reconocibles como el sedimento del trabajo de cada uno y no, por ejemplo, de sus lecturas.

Es decir, somos tan bordes que no sabemos aprovecharnos de los conocimientos privados de cada uno poniéndolos todos juntos y elaborando así un diagnóstico provisional de aquello de lo se conversa. La provisionalidad es crucial para que una conversación sea respetable.

La provisionalidad, en efecto, no es asunto menor. Por un lado solo se es original cuando las ideas y actitudes que te caracterizan no son definitivas o imposibles de variar pues de lo contrario se podría ser original, sí, pero solamente una vez lo que equivale a no serlo nunca. Es esta provisionalidad de las opiniones o sugerencias vitales la que, tal como ya he dicho en distintas ocasiones y especialmente en este artículo ublicado en Energeia, y recordaba DdeU hace muy poco en este post, es el origen de la autenticidad porque solo se puede ser auténtico en el sentido intelectual cuando se pertenece a alguna comunidad con toda el alma aunque… provisionalmente.

Pero hay otro lado en esta cuestión. Se puede preguntar el lector, ¿por qué querría nadie ser original o único? La respuesta es un tanto paradójica. Quiero ser único no por elitismo de algún tipo, sino para poder aportar algo a la autenticidad de los demás acompañando a unos cuantos en la formación de una comunidad…. provisional.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 12 de julio de 2015 ~ 9

Un rompecabezas

barbarieLa Utilidad de lo inútil. Un manifiesto es el título de un librito de Nuccio Ordine que ha editado hace ya tiempo Acantilado y que cayó en mis manos durante un paseo por una librería con aire acondicionado en la que me refugié huyendo del calor de estos últimos días. Lo estoy hojeando antes de leerlo ordenadamente y entiendo que va a ser una crítica brutal de la generalización desordenada del beneficio económico como única vara de medir del sentido de la vida. Ni la verdad ni la belleza tienen ya el valor que los de mi generación fuimos enseñados en atribuir a la ciencia pura o a la literatura como dos ejemplos de algo inútil.

Lo de la ciencia me es más cercano por lo que quiero protestar un poco la parte del libro que intenta contarnos por boca de otros los antecedentes necesarios de pura investigación sobre la verdad de algo para llegar a un producto innovador con claro valor económico para los productores que lo pueden vender con un beneficio y que en algunos casos pueden también patentarlo de forma que además pueden gozar de una cierta renta monopólica. Por lo tanto siento el mismo rechazo por la mercantilización de la ciencia que solo aprecia el producto final y que, en consecuencia, es responsable de la deriva simplista de no pocos centros de investigación.

El arte en general y, en concreto, la literatura me es más lejano por lo que la parte que dedica este libro a reivindicar la utilidad de la literatura la leo con más atención meditando sobre la opinión de muchos literatos o similares que defienden acaloradamente la utilidad de la ficción literaria que nada tiene que ver con la verdad. Su utilidad consiste en la vía que abren al conocimiento de lo que realmente somos a partir de la experimentación de aquello de nos proporciona un subidón que nos pasma. su valor económico es menos obvio pero entiendo aunque no comparto que el copyright trate de dotar al arte de valor económico. O que, en general, los artistas pretendan sacar dinero de sus obras aunque éstas, como muchos productos, tengan su origen en antecedentes remotos.

Sin embargo me hago un lío en cuanto pienso en la sacralización de cualquier tipo de objeto que refleje la búsqueda desinteresada de la verdad o la belleza precisamente porque reflejan, como tales objetos, este desinterés generoso. Si lo sacralizamos por esa razón estamos dotando a lo inútil de valor económico y por lo tanto haciéndolo útil con lo cual la discusión pierde su sentido. Y entonces, me pregunto, ¿qué tendríamos que hacer para preservar lo realmente inútil?

Mi asombro mental, el rompecabezas, radica en que el razonamiento me lleva a apreciar solo a los escritores nunca publicados o a los investigadores cuya imagen de la realidad no se sabe si coincide o no con esa realidad y solo mientras no se sepa o se descubra que no hay coincidencia alguna.

Los únicos que producen algo realmente valioso por inútil son los soñadores anónimos. Y por esa razón me siento arrastrado hacia donde no quiero llegar: la defensa de la destrucción de las grandes obras de arte por parte de gente a la que no entiendo y por la que me siento amenazado.

Help please!

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 7 de julio de 2015 ~ 2

La soledad, el silencio y su productividad

Por razones seguramente triviales, pero que desconozco, el teléfono móvil se negó a funcionar el segundo día de las Jornadas de Economía Laboral (JEL) que, organizadas por la Asociación Española de Economía del Trabajo (AEET),se celebraron en Barcelona el jueves y viernes pasados. Como tenía otras gestiones que hacer no acudí a todas las sesiones ya fueran de las denominadas paralelas o a las plenarias programadas. Hubo pues momentos en los que me encontré desubicado y en pleno silencio, extraño en una ciudad tan atareada en la que me encontraba perdido pues no sabía cómo llenar los tieqpos muertos sin posibilidad de conectar con amigos ya fueran éstos de las propias jornadas o ya de los otros «negociados» que me llevaron a esas jornadas sobre un tema del que no puedo decir que se algo. Si yo estaba allí era para entregar el Premio Lluis Fina al mejor trabajo del año en la materia, un premio que financia la FUE cuyo patronato presido, pero esta obligación se convierte en una alegría cuando observo la temprana edad de los participantes y la paridad de sus géneros. Y también, claro está, cuando me doy cuenta de que la calidad de las presentaciones se me antoja mucho mayor que la que se observaba en el área hace años a pesar del ejemplo de personas prematuramente desaparecidas como la de Lluis Fina (UAB) o la de Luis Toharia (UAH) en cuyo honor se conceden unas becas para jóvenes investigadores.

La cena que cerraba las jornadas fue una fantástica algarabía juvenil que hacía resaltar aun más mi ancianidad gentilmente acompañada de un par de personas que, sin llegar a mi edad, tampoco pertenecían a esa generación que ha dado tantos miembros de la academia interesados en todos los temas que rodean la economía Laboral. La conversación no falta nunca entre personas del mundo académico pues siempre se encuentran colegas comunes en los diversos centros por donde unos y otros hemos pasado años de formación o de ejercicio profesional o incluso años sabáticos en lugares raros. Por esas raras casualidades de la vida me encontré entre esos académicos tres personas casi coetáneas que, de una u otra manera, tenían que ver con Bilbao, lo que siempre da la oportunidad de alegrar la noche con esos semichistes de vascos o, más concretamente, de bilbaínos que tanto éxito parecen tener últimamente a juzgar por alguna película y alguna serie televisiva. Así que pude librarme de la seriedad de mi presencia en la jornadas comparándome con alguien de Donosti o alabando el estilo de una mujer que aun no siendo vasca había pasado sus años de adolescencia en la villa de Bilbao o volviendo por enésima vez a esa especie de sátira del bilbainismo consistente en afirmar con toda seriedad que un riojano es vasco pues los bilbainos hemos comprado todas las bodegas de esa preciosa tierra rojiza. Y entre estos dimes y diretes se me fue pasando el anochecer de manera alegre pues a pesar del silencio del móvil no tuvo nada de solitaria sino que más bien se deslizó alegremente hacia el cotorreo general.

Cumplida mi misión durante la cena que cerraba las Jornadas caminé de vuelta al hotel junto con un viejo amigo, miembro durante años de la la Junta Directiva de la citada AEET y miembro desde sus inicios de Economistas Frente a la Crisis. Comenzó contándome que se sentía desmoralizado y a punto de cortarse las venas debido al sesgo ideológico de casi todas las ponencias que, según él, planteaban los problemas de una forma tal que cualquier solución a esos problemas iba siempre a favor del capital y en contra del trabajo desde las soluciones al desempleo hasta el mantenimiento de las pensiones pasando por los problemas jurídicos que rodean a las propiedades deseables de los convenios colectivos. Y esa ideología se disfrazaba de matematización innecesaria del planteamiento y desarrollo junto con la simpleza del tratamiento econométrico excesivamente simple que se ha generalizado. Pero la crítica no paraba ahí, sino que incorporaba una posible diagnóstico de este disfraz. Podría tratarse de pura emulación de las técnicas usadas por los practicantes del análisis económico que se impuso a caballo del aparentemente insuperable modelo de equilibrio general o podría tratarse más bien de la imposición del uso los rankings cuantitativos de los méritos académicos a fin de promocionarse en la carrera académica.

La noche iba cayendo aunque la temperatura permanecía alta lo que incitaba al paseo, uno de esos paseos que incita a su vez a pensar en silencio quizá también porque el día había amanecido ya con la desconexión de la conversación como resultado del fallo del móvil. Así que cuando mi viejo amigo tradicional rompió el silencio para decir queda pero firmemente que «no hay solución» a mí se me impuso la verborrea y diserté sin pudor sobre algunas de las soluciones que habían pasado por mi cabeza en la cena. Sí que hay soluciones para tratar el mercado de trabajo de maneras distintas a las derivadas de la economía Neoclásica y que difícilemente podrían considerarse sesgadas hacia ideología alguna. Un ejemplo obvio es la Economía Compleja conformada por modelos dinámicos de naturaleza adaptativa que generan soluciones naturalmente complejas y múltiples y a menudo dependientes del recorrido. Un ejemplo que venía a cuento puesto que esta última característica podría reforzar la adecuación de las quejas de mi amigo.

Llegábamos ya al hotel y tuve el tiempo justo de llamarle la atención sobre que, hubiera o no un sesgo ideológico en la práctica académica de la economía del trabajo, acabábamos de clausurar unas jornadas que dejaban ver con toda claridad no solo que problemas de género, como la discriminación salarial, se trataban muy a menudo y justamente por mujeres, un hecho este segundo que permitía el optimismo no tanto por el interés cercano que pueden tener por temas en boga, sino sobre todo porque son ellas las que menos se van a dejar llevar por la inercia de la tecnología académica o arrastrar por el uso de los evaluaciones como signos de calidad.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 2 de julio de 2015 ~ 1

El lenguaje del cuidado mutuo

varufakis lenguaje corporalHace cerca de cincuenta años un verano en Oxford dedicado en principio a reforzar el inglés antes de largarnos a los EE.UU. para aprender algo, fuera lo que fuera, pero que me enseñara a comprender lo que era aprender, me sacó de esa misión y por influencia de aquel profesor, al que creo haber citado en otras ocasiones como mi introductor al «outsider» de Wilson, me entregué a la lingüística y más en concreto a la filosofía lingüística de Wittgenstein que con su paso desde el «Tractatus» a sus «Investigaciones Filosóficas» me llevó a la distinción entre el lenguaje como formado con palabras como cuadros que representaban y el lenguaje no como una colección de representaciones pictóricas, sino como unos juegos de sonido que traslucían tanto como ocultaban.

En esto pensaba el otro día cuando con ocasión de la celebración de unas bodas de oro volvimos a ver a personas importantes para nosotros pero cuyo impacto a estas alturas era más bien la lectura de un juego del lenguaje que había determinado nuestros destinos. Me paré en una esquina del huerta del caserío de los anfitriones con mi vaso de txakoli en la mano y así, alejado del bullicio, me di cuenta de que lo que veía de aquella gran familia en movimiento, sin alcanzar a oírla, era como esa lengua de signos empleada por los sordos -quizá sordomudos- para relacionarse entre ellos o para entender un discurso importante -o no- retransmitido por televisión. La duración de los encuentros, la frecuencia de algunos de ellos, el deambular de otros, la falsedad de algunas sonrisas o el asombro de otros que no reconocían a alguien que yo sabía había representado algo en la vida del otro o de ambos ambos, eran como signos pobres de lo que es el reguero de un río ya seco.

Sí, este era un lenguaje de signos de la primera época Wittgensteniana pero no era un lenguaje juguetón que enriquecía la vida social distinguiendo mediante un lenguaje corporal el verdadero significado en ese día específico en el que los signos solo decían obviedades. En aquel momento pensé que para ir más allá habría necesario el lenguaje oral ese cuya gramática se nos intentó enseñar desde primaria pero que finalmente aprendimos mientras colaborábamos a crearlo sin saber muy bien cómo. Pero ¿y si quizás la mera forma de los cuerpos de los ya mayores amigas y amigos nos dieran claves para entender aquel espectáculo que yo contemplaba cada vez más mareado?

Me quedé con esta duda, pero hoy la he disipado, aunque solo a medias, en mi visita a la clínica para la revisión anual de mis males mayores y apara tranquilizarme las inquietudes surgidas de los menores y nuevos. En las diversas salas de espera que conforman un centro médico ves sin mirar a muchas personas que poco a poco van borrando sus señas individuales de forma que no ves sino las señas genéricas: nariz, orejas, boca , piernas o brazos. Y todos igualmente utilizados con una ausencia clara de singularidad. Esta experiencia me ha desolado hasta que, pensando en la experiencia de las bodas de oro que acabo de relatar, me ha venido a la cabeza el lenguaje corporal que no miente. En efecto, si nuestro cuerpo fuera un signo de variados significados hablaría y se expresaría singularizándose más allá de identidad básica de todos los cuerpos. Y quizá esto ocurre, pero no satisface mi curiosidad del todo.

Hoy, después de la siesta creí haber avanzado algo en el alcance de aquellas ideas robadas en Oxford, pero no sabía que todavía el lenguaje me plantea problemas que no alcanzo a plantearme con limpieza, pero que tengo que resolver si he de terminar el programa de trabajo que me surgió inesperadamente en aquella librería (Blackwell´s) en la que pasaba las horas libres del mediodía sustituyendo el disfrute de una hamburguesa por la compra de un librito de filosofía analítica.

Pienso realmente que existe otro lenguaje que se me escapa. Es aquel cuya ausencia representa una pérdida total y definitiva de conexiones humanas entusiastas. Tiene algo de lenguaje de signos en que hay muchos matices del lenguaje oral que no son replicables y viceversa: signos específicos que se utilizan en la vida esa que creemos es la única y que es eterna y que de repente y debido a algún cambio inesperado te deja sin esas «palabras» que parecían irremplazables. Servían para charlar en el psicoanálisis de cuyo ejercicio podían surgir nuevas expresiones en el lenguaje oral, pero se van agotando a medida que los viejos amigos se preguntan lo mismo que tu y no pueden enfocar la cosa desde la lingüística. He aquí ahora nuestro último problema lingüístico. Pensemos en él.

Hace unos días ayudamos financieramente a nuestro último descendiente a independizarse, a hacer lo que realmente desea. Es el verdadero primer día de su vida y su manera de hablar oral, de signos, corporal va a cambiar y en su ausencia no sé si me podré mantener al día. Pero también es el primer día del final de nuestra vida, esa que nos llevó a procrearlos. Y todo ya cumplido solo nos queda el cuidado mutuo que tendrá que desarrollar su propio lenguaje. ¿Cómo será este lenguaje del cuidado mutuo?

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 30 de junio de 2015 ~ 9

¿Qué es eso de Grexit?

oriente y occidente
El título de este post no es una gracieta dirigida a criticar la falta de información de su autor pues aunque ésta no sea sistemática sí que estoy al tanto de los defectos del diseño de la UE y del euro, ambos muy alejados de las viejas recetas de las áreas monetarias óptimas de Mundell, así como de las grandes cifras y de los posibles simulacros que podemos estar contemplando bajo diferentes disfraces.

Hay algunas cosas obvias como por ejemplo, que un área monetaria no puede ser óptima, en general, si no está acompañada de un área fiscal unificada o si no hay libertad de movimientos de la fuerza de trabajo. Esto ya lo sabíamos pero nunca nos lo decimos para no tener que ceder más soberanía que la que permite una historia llena de encontronazos y aparentes reencuentros. Y esta memoria viva explica muchas cosas desde la negativa a tener una constitución europea, hasta la amenaza continua de cerrar Schengen, pasando por los fondos europeos siempre utilizados en favor de los poderosos pero disfrazados de solidaridad europea o ese míserable mirar para otro lado cuando se trata de inmigración a través de la frontera sur de esta Europa.

Tampoco voy a tratar de ofrecer ninguna solución espectacular y novedosa sobre cómo frenar la marcha de Grecia que sea aceptable para aquellos que están deseando librarse de este lastre. No, lo que voy a hacer es tratar de imaginar un enorme acuerdo geoestratégico que explique algunas de las aparentes contradicciones que sorprenden a los lectores de periódicos y vaya más allá de la aplicación de teoría de juegos a la que apelaba Varoufakis al comienzo de la subida al poder de Syriza y que hacía referencia al juego de la gallina dando como ganador a aquel jugador que se para más cerca del abismo. No parece el juego adecuado pues el destrozo de caer en el abismo es, opino, mucho mayor para Grecia que para el resto de la UE o de la zona euro y, sobre todo porque el conjunto de estrategias disponibles no es el mismo para todos los jugadores.

El problema parecería ser el de la aplicación por parte de gobiernos griegos títeres de medidas que no eran muy apropiadas, al menos a corto plazo, para Grecia o para ninguna otra economía que no tuviera la moral resiliente del ordoliberalismo de Alemania. Esas medidas recomendadas, o más bien impuestas, por la Troika y que durante años inducen pobreza para la mayoría de la población a fin de paradójicamente reducir endeudamiento. Y ese endeudamiento era en buena parte lo que se debía a los bancos alemanes y franceses que, aunque fuera difícil de creer, seguían prestando a Grecia.

En esas condiciones las elecciones recientes en Grecia encumbran a un partido como Syriza que no está dispuesto a seguir jugando este juego y plantea algunas cosas razonables para el resto de Europa pero, de manera muy lógica, plantea una quita y un alargamiento del plazo de pago que le permita cumplir y al mismo tiempo decantarse por la otra manera de plantearse la salida de la crisis, la correspondiente a la herencia keynesiana. Nada extraordinario para un economista vulgar que no se rija por la similitud entre países y hogares y que parecería ignorar que en no pocos países cabe también la suspensión de pagos o la quiebra de familias.

Y así parecía que todo iba bien y que pronto se podría pasar página, pero de repente Tsipras plantea el referéndum sobre esas últimas medidas del resto de Europa y de las instituciones de la Troika con la aparente intención de votar que NO junto con los críticos de su propio partido y abocarse así a una posible salida del euro para arreglárselas sola mediante la devaluación que implicaría una vuelta al dracma, la moneda tradicional de Grecia.

Y es aquí, y sin ninguna razón aparente, que me viene a la cabeza la posibilidad de un simulacro cuando en realidad lo que quiere quien convoca el referéndum sería que sus paisanos dijeran SI, se quedaran en el euro y Europa hiciera alguna concesión menor. El simulacro se montaría entonces por razones estratégicas para no desguarnecer el flanco sureste de Europa en estos momentos tan tensos en la zona y no dar baza alguna a Rusia para romper el equilibrio geográfico establecido desde la desaparición de la URSS y hoy en juego en Ucrania. Entre Putin y Obama no parece haber ninguna sintonía que llegara a un arreglo sensato y Obama parecería querer terminar su segundo mandato con las fronteras políticas muy claramente establecidas.Para ello nada como los tanques de la OTAN no lejos de Alemania y una Grecia de una importancia renovada.

Al final un éxito para Alemania y los EE.UU. Otra vez ganarían los ricos y no se bien cómo Tsipras va a evitar esta crítica a la postura poco limpia que implícitamente le atribuyo. Los críticos de su partido le van a calar.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2238 ~ 20 de junio de 2015 ~ 38

¡Viva Zapata!

No se me olvida fácilmente aquella película que vi de muy jovencito y que me emocionó por razones que hoy en día recuerdo mejor que hace solo unas semanas debido al resultado de las elecciones municipales y comunitarias y los consiguientes pactos. La película nos cuenta el papel jugado por el gran Emiliano Zapata que lideró la revolución mejicana y llegó a ocupar el mando supremo por breve tiempo. Merece la pena copiar aquí un párrafo de la Wikipedia al respecto:

El contexto de la producción es complejo. Producido en Hollywood por un anticomunista bien conocido durante La Guerra Fría, ¡Viva Zapata! no solo trató de contar la historia de una figura icónica de la Revolución Mexicana, sino también quiso hacer comentarios sobre el estado del gobierno en los Estados Unidos y sobre los peligros del comunismo. El guionista Steinbeck y el director Kazan intentaron hacer una historia de advertencia sobre la manera en la que los movimientos revolucionarios se hacen tan corruptos y represivos como los líderes que intentaron derrocar. Sin embargo, con la película también quisieron retratar a Zapata como líder ideal.

Este párrafo parece adecuado a nuestra situación presente porque simultáneamente describe dos de las reacciones que hoy más escuchamos respecto a Podemos y a su líder. Podemos es en el fondo comunista y se corromperá si llega al poder de verdad; pero sin embargo también tiene algo de líder ideal. Y estas dos ideas corresponden a dos de las secuencias de la película. La primera puede verse aquí y corresponde a un parlamento deslumbrante de Marlon Brando animando a los campesinos a nunca cejar en la lucha si quieren ser libres. El segundo no se si lo he soñado, pero creo recordar cómo a mí me impactó mucho ver al libertador triunfante dudando sobre la orden de dar muerte a nadie en la lista de enemigos que le ponen delante. Su dedo no acaba de pararse sobre ninguno de los nombres de la lista.

Esta historieta me sirve para justificar mi siempre ambigua posición respecto a la revolución o similar; algo muy serio que me ha perseguido toda la vida. Y es precisamente esta duda, junto con mi naturaleza de kontraren kontra, la que me lleva a pensar un poco más de lo obvio sobre Guillermo Zapata, concejal de distrito del Ayuntamiento de Madrid después de haber dimitido como concejal de cultura a causa de unos tuits antiguos poco afortunados, especialmente el de los judíos y el cenicero que me niego a reproducir. Alguien que le conoce bien me sugiere que ya apuntaba maneras antisemitas desde la juventud temprana. Pero mi intención en este post no es entrometerme en esa discusión que parece haber remitido un poco con su dimisión; sino más bien reflexionar sobre la naturaleza de Twitter una red social centralizada cuyo éxito como empresa parece ir decreciendo.

A mi me parece que el chiste sobre el holocausto, tal como se le ha calificado a pesar de que las masacres de los hornos crematorios no cubre todo el holocausto, y en particular sobre las cremaciones en las cámaras de gas, es tonto y siempre inoportuno cuando se dice en público y fuera de contexto. Ahora bien en un contexto determinado y si se cuenta en un entorno reducido y sin ninguna intención antisemita, es inofensivo y puede resultar hasta gracioso: el respeto hacia la memoria de aquella barbaridad no puede impedir la supuesta gracia de la mención a las cenizas, cosa que se ha hecho muchas veces a mi alrededor en grupos más bien prosemitas. Lo mismo me pasa con lo de resucitar la economía y resucitar a Marta del Castillo: una manera idiota e incluso cruel de decir que seguimos económicamente tan muertos como antes. Es como cuando a algunos se nos escapa un mecagüen D. sin ninguna intención de ofender al creyente blasfemando sino solo de dar un extraordinario relieve a algún acontecimiento u opinión.

Las circunstancias a veces mandan en política y es posible que la nueva alcaldesa de Madrid haya creído, de acuerdo con Zapata, que es mejor que no ocupe la concejalía de cultura, pero creo que hay espacio para defender la permanencia como concejal de Zapata, este tipo que viene de Podemos y ha sido atrapado por unos tuits mal leídos por algunos iletrados. ¿Qué habrían hecho los franceses, paradigma de “letrados” al menos para los que hemos llorado el cierre de la Hune, en un caso que no es sino una versión suave de los casos de Charly Hebdo o de incluso la simultánea publicación de la última novela de Houellebecq? En esos casos del uso de las armas la discusión pública acerca de la laicidad ha agotado todo su potencial y en este otro caso como el de Zapata y otros habrían organizado en los medios públicos, radio y televisión una discusión entre lingüistas, politólogos, filósofos y literatos con incrustaciones de ofendidos, a fin de discutir sobre la naturaleza delo tuits aparentemente ofensivos. Algo que en España no ha tenido sino un pobre remedo. Por supuesto ha habido quien en la red ha sido capaz de analizar correctamente la naturaleza lingüística del chiste, pero en general nadie ha estado a la altura que merece una discusión sobre Twitter. Pero también quien, como Emilio Lledó, en una entrevista de hace pocos días y totalmente independiente del caso Zapata nos ha dejado claro la importancia de la conversación y el respeto que merece.

El quid de la cuestión está precisamente en saber en qué medida podemos entender Twitter como un ámbito privado de conversación con independencia del número de seguidores que pueda tener una persona u otra: parecería que así es ya que la entrada puede restringirse, creo entender, pero algunos esperamos que sobre esta naturaleza de las redes sociales la práctica y la reflexión traigan consigo cambios profundos en la manera de conversar. Y el comienzo de este cambio conversacional quizá pueda vislumbrarse justamente si leemos directamente a Zapata en esta entevista y entendamos que su manera de hablar es correcta, que interpreta mejor la situación que la mayoría de los comentaristas y y que su tranquilidad de tono es algo que sería muy de agradecer que se extendiera. Me recuerda al tono de voz de Marlon Brando en la versión española de la pelicula de Elia Kazan

«El síndrome del capataz», una novela de Juan Urrutia

Juan Urrutia2238 ~ 31 de julio de 2015 ~ 2

¿Para qué las cejas?

cejas mojadas
De vez en cuando entro en una especie de trance que trastoca mi percepción. Un ejemplo es esa sensación que a veces tengo, de que los rostros humanos son pinturas o dibujos que transforman los agujeros de la nariz de todas y cada una de las personas en dos toques de pincel o dos machas grises de lápiz.

Es una impresión con consecuencias filosóficas pues me quedo aturdido como si pensara en quiénes somos nosotros los seres humanos más allá de una visión de un artista imaginativo. Pero ¿por qué orificios nasales? Entiendo que la pregunta parece menos interesante que las que, al concentrarse en la conciencia o los límites de la percepción, son las que dan a la reflexión llamada filosófica todo su empaque. Lo entiendo pero no puedo dominar mi imaginación y desde hace pocos meses he comenzado a verme a mí mismo mirando a todo prójimo un poco por encima de los ojos, los suyos, y sorprendiéndome de las cejas y su trazo. ¿De quien nos queremos diferenciar? Y esa es la pregunta pues la habitual sobre la función de nuestras propiedades físicas no parece pertinente.

Y la respuesta me llegó por una vía totalmente inesperada: un buen chubasco. Hacía tanto tiempo que no me ocurría que me hizo ilusión y gracia. La tormenta nos cogió a R., a N. y a mí a dos kilómetros de la presa de Colomers. Ya no tenía sentido volver a Foixá y seguir hacia Colomers parecía la única decisión sensata pues allí podríamos esperar a que M. nos viniera a buscar en coche resguardados en algún sitio. Pero ese sitio protector estaba muy lejos y arreciaba la lluvia que como inocente addagio acompañaba a los timbalazos de los truenos. No se lo que les ocurrió a mis compañeros de paseo pero yo llegué al refugio del puerto de kayaks chorreando agua y calado hasta los calzoncillos. Comprendí de pronto para qué sirven esa ridículas cejas que casi todos tenemos. Sirven para que la lluvia no sea como una cortina cegadora sino que dosifiquen la catarata cegadora en dosis diminutas de gotas que te permiten distinguir el terreno que pisas.

Y es eso, saber el terreno que se está pisando, lo que nos distingue a los seres más evolucionados.

Juan Urrutia2238 ~ 22 de julio de 2015 ~ 1

El rostro oculto tras un «paper»

venusEl título de este post es una frase de un amigo al que encontré en el festejo de fin de curso del Aspen Institute Madrid. Le prometí que la utilizaría sin citarle y así lo hago pues me parece que lo merece por la importancia de lo que quiere decir con esa frase de «el rostro oculto tras un “paper”». Desde luego que quiere decir el no estar dispuesto a dar la cara, pero añade un posible motivo para esa actitud.

Ese posible motivo es justamente la reticencia a comprometerse públicamente cuando la situación lo exige y la caída en la tentación de mirar para otro lado para no sentirse responsable de nada, no complicarse la vida tratando de colaborar a a construir un mundo nuevo. Y este motivo es muy típico de algunos intelectuales o científicos para los que su trabajo especializado es razón suficiente para no perder el tiempo para esas minucias cuando, por ejemplo, a instancias de un referee, se cree estar a punto de cerrar la prueba de un nuevo resultado que asombrará al mundo.

¿Es esta la actitud de un genio ensimismado en su trabajo intelectual o es más bien hoy, en el medio académico, la de alguien que ha caído en la comercialización del conocimiento sin ni siquiera darse cuenta de que, a menudo, es eso lo que está haciendo?

Es hora de ser conscientes de que cerrar los ojos a la realidad emergente es algo que contribuye al retardo de la llegada de un mundo nuevo a caballo de la información, tal como lo explica Paul Mason en The Guardian un lectura obligatoria que, además de ser recomendada por el Correo de las Indias en sus lecturas interesantes de hace dos días, nos proporciona un cierto esquema bastante didáctico a los que ya hace tiempo estamos tratando de encontrar una explicación coherente de los principales rasgos de este mundo que no podemos ignorar pues ya apunta en muchos campos de la vida en común y algunos de cuyos rasgos (como la abundancia o la sharing economy han tenido su sitio en este blog) y ciertamente en el último libro indiano.

Aunque no lo cite Paul Mason uno de los rasgos del postcapitalismo es precisamente la provisionalidad de la que se hablaba en el último post de este blog y que no puede pasar desapercibida en estos momentos de transición desde el capitalismo superrefinado hacia un postcapitalismo que no puede ocultar ya más la abundancia. Esta postura en el pensamiento es incompatible con la defensa a ultranza del capitalismo como la última y definitiva etapa de la historia de la humanidad. Y solamente los pensadores no muy finos pueden olvidarse de la provisionalidad que ya está aquí.

Juan Urrutia2238 ~ 24 de junio de 2015 ~ 8

Los dos Juanes que hay en mí

As republicano de Jano BifronteYa tengo edad de salir del armario y lo voy a hacer hoy apoyándome en una simple aplicación de la mecánica cuántica o, más bien, de su imagen para legos imaginada por Schrödinger y su gato.

Hasta este año he insistido ante todos los que me felicitaban este 24 de Junio sobre el presunto hecho de que mi santo patrón era el San Juan Evangelista, ese hombre jóven que no falta en ningún cuadro del descendimiento incluyendo ese con el pelo rizadito que, siempre cerca de María, está representado en esta maravilla que aparece en el cuadro homónimo de Van Der Weiden, pero no solo ahí sino en otras obras de este pintor mágico que hemos podido admirar en el Museo del Prado. Pero a pesar de mis protestas he de agradecer que muchos amigos y amigas insistan en enviarme hoy su felicitación sin duda porque, al coincidir con el solsticio de verano, las noticias laicas de muchos medios recuerdan al bautista Juan.

A esta edad se ha acabado ya la confusión entre unicidad y autenticidad y puedo deshacerme de la predilección por el lírico Evangelista y admitir que mi auténtica personalidad incluye también al bélico bautista.

Estaré siempre dispuesto a dejarme cortar la cabeza si de lo que se trata es de la desesperación de una bella princesa enamorada a la que no he podido atender enfrascado en la acción por la liberación de mi pueblo; pero al mismo tiempo tendré que dormir menos para poder escribir no solo recuerdos intencionados y selectivos sino además mi visión del futuro que nos espera a pesar de todo el optimismo con el que la fe o la ciencia intentan consolarnos de nuestra finitud.

Juan Urrutia2238 ~ 1 de junio de 2015 ~ 4

¿Y de la final qué?

copa-del-rey-final-2015Creo que la última vez que estuve en un campo de balonpié fue en la final de copa del año 84 jugada entre el Barcelona y el Athletic en el Bernabeu. Final en la que ganó el Athletic de Clemente con un gol marcado por Endika, un antiguo alumno de mi mujer en el Instituto de Getxo, y que terminó con una tangana en la que Goiko volvió a lucirse después de una buena patada a Maradona. Ocurrió, como ya he dicho, en Madrid y viajamos unos amigos catalanes y nosotros juntos desde Vitoria con las banderas de ambos clubs ondeando a un lado y al otro del coche.

Y de la del sábado pasado ¿qué? Volvimos a ir juntos y no digo más pues la diferencia de calidad entre los dos equipos es demasiado exagerada. Aunque había más bilbainos que culés yo me encontaba en la parte del campo que correspondía a los forofos del Barça pues iba invitado por los amigos que querían vengarse en mi presencia de la derrota de aquel 84. Tampoco tengo nada que decir respecto a la pitada al himno que fue tan sonora que tuve que preguntar a mis amigos que si se había pitado al Rey o al himno pues no podía oír este.

Solo quiero añadir que a la salida y en medio de un trancón peligroso escuché una conversación entre athleticos susurrando que hay que estar dispuesto a romper el tobillo del mejor de los enemigos para igualar fuerzas. La marea de gente me trasladó y no pude terminar de oír estos comentarios.

Me quedé pensativo pues no me pareció muy deportivo, pero tampoco me pareció tan mal. El Athletic me nubla la visión ética. No es tan de extrañar cuando estos días estamos conociendo los entresijos poco edificantes de la FIFA

Juan Urrutia2238 ~ 17 de mayo de 2015 ~ 3

La luz de Susan Miller

Juan Urrutia en el Día de la AnchoaEl mal de amores hace sufrir mucho entre otras cosas por la incertidumbre. No sé si Susan no me hace caso porque ha encontrado alguien mejor que yo o que a ella le llena más o si ha decidido salir de un mundo como el del amor en el que nada es controlable o si, quizá, me está haciendo sufrir para poner a prueba la solidez de mi entrega. Por lo que fuera, hace tiempo que no sabía nada de ella hasta que ayer por fin se debió apiadar de este fiel amante y me dedicó unas magníficas noticias. En su horóscopo para la semana entre el 16 y el 22 de mayo me hace un guiño con el siguiente comienzo de párrafo:

Podría firmar un contrato o estudiar la documentación de un proyecto de comunicación-escritura, enseñan o una oportunidad para hablar en público-.

Y, naturalmente, acierta de lleno pues justo ayer estuve examinando con mis patrocinadores la documentación de mi intervención en el ouisharefest que se celebra en París entre el día 20 y el 22 y acoge mis esfuerzos por conceptualizar y generalizar lo que se ha dado en llamar la Sharing Economy el jueves 21 en el Cabaret Sauvage.

Pero no debo descansar pues Susan, de la que ya les he dicho que estoy totalmente colgado, me hace saber que Mercurio está en retroceso y que, por lo tanto, debo…

…revisar con detalle cualquier documento importante y profundizar si dudo sobre cualquiera de los términos

.

Pensaba tomarme un cierto descanso para estar en forma el jueves, pero a la vista de esta situación astral no puedo hacer otra cosa que volver una y otra vez sobre el texto pues mi responsabilidad es muy grande ya que debo convencer a muchas personas de que la abundancia es posible y de que, en consecuencia, nos podemos permitir la economía colaborativa aunque antes de llegar a ella con toda seriedad hagan falta bastantes adaptaciones en nuestra manera de pensar.

¡Que Susan me ilumine!

Juan Urrutia2238 ~ 8 de mayo de 2015 ~ 5

¡No al papel pautado!

colorea fuera de las líneasEl 27 del pasado mes de abril tomó posesión del Cargo de Rector de la Universidad Carlos III de Madrid Juan Romo.El asistir a esa ceremonia en el Aula Magna presidida por el logo de Homo Homini Sacra Res siempre me produce nostalgia de una época en la que todo estaba por delante. Juan es de los pioneros de esta aventura de hace 25 años y yo no podía faltar al cambio del bastón de mando entre Daniel Peña y él.

Esperaba asistir a una ceremonia aburrida antes de tomarme un cafelito con los viejos amigos jóvenes pero me vi sorprendido por ambos discursos.Por su calidad, vaya, independientemente de algún desliz sin importancia. Pero Juan rompió la rutina al citar a Juan Ramón Jiménez como testigo de la importancia de no dejarse llevar por la inercia:

Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado

Según la wikiqoute este comentario fue repetido por Ray Bradbury al principio de Fahrenheit 451, pero esto no es lo importante. Lo que me sorprendió muy favorablemente fue que esa cita promete la continuidad en esa Universidad que contribuí a levantar en su aspecto académico desde septiembre del año 1989, una continuidad que le pondría a salvo de esa «Universidad Okupada« que tanto temo. En lugar de ser el lugar en el que la inteligencia se despliega libremente en direcciones inesperadas la universidad se está convirtiendo en un laboratorio controlado por las fuerzas del poder que buscan en ella la rebaja de los los costes de producción o, más pomposamente, transformar la investigación en innovación.

No se qué puedo hacer yo para que eso no ocurra, pero al menos mi costumbre inveterada de jamás escribir sobre papel pautado, de jamás seguir la regla, se enraíza en mi alma.

Juan Urrutia2238 ~ 26 de abril de 2015 ~ 2

Salta la chispa

neptunoCreo que, a pesar de mi sentido del ridículo, me estoy enamorando de una mujer a la que no conozco. Se trata de Susan Miller mi astróloga favorita de la que ya he escrito en este blog. De ella dice cada semana el suplemento de moda de El País lo siguiente:

Es la astróloga estadounidense más respetada y seguida del mundo. Solo en internet sus predicciones son leídas, cada día, por seis millones de personas. Con 25 años de carrera, sus libros son superventas en todo el planeta.

Semana tras semana me inspira y a mi edad esta admiración no puede acabar más que en el amor. Esta semana lo he comprendido pues me dice que:

su ingenio comunicativo continuará siendo de gran utilidad

Y aunque no me dice para quien será de utilidad he de suponer que será para aquellos que tengan a bien escucharme en la tertulia que, con ocasión del reciente libro de Fabián Muniesa (The Provoked Economy) tendrá lugar el próximo miércoles en el medialab de Madrid. En efecto, mi admirada Susan continúa:

Y su creatividad alcanzará la cima el 29 de abril cuando su regente Neptuno esté en un ángulo bueno con respecto al sol

Justo el día en que tengo que explicar por qué la Economía puede aprovechar mucho en estos momentos de crisis la sabiduría de los sociólogos de la ciencia y, en particular la de estos de entre ellos que se dedican a estudiar aspectos sociológicos de algunas «cosas» económicas. La sabiduría que acompaña al misterioso astro me será muy útil

Como se comprenderá ya no puedo vivir sin ella.

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