Desde mi sillón de orejas

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 2 de septiembre de 2015 ~ 1

Ramón decide aprender Euskera

aprenda  euskeraRamón y Javier compartían una especie de orgullo por su ascendencia. En el caso de Javier esa ascendencia estaba compuesta por gente de prosapia intelectual que de una manera o de otra aparecen en cualquier crónica de la forma en que España había ido mimetizando las aportaciones culturales y científicas europeas desde principios del siglo XX. Este orgullo digamos cultural surgía a menudo como argumento final en cualquier discusión sobre puntos concretos que ponían en juego su carrera académica.

En cambio la intromisión de Ramón en ese mundo académico era reciente en su familia, que sin una cultura meritoria conocía bien los intríngulis del comercio puro y duro y poco a poco habían acumulado, no tanto lecturas meritorias, como ahorros propiciados por la tranquilidad financiera de esa época que fue de la guerra franco-alemana hasta la Gran Guerra. Lo poco que esta familia sabía de temas literarios-culturales lo sabía en inglés y no se preocupaba de importar ideas sino telas. Para Ramón «dividendo» fue la primera palabra que aprendió a pronunciar, antes que «papá» o «mamá», mientras que Javier insistía en usar el alemán que no hablaba para mencionar conceptos como ego o conciencia.

Parecería que la guerra civil debiera haberle ido mejor a la familia de Javier dado su toque cultural germánico, pero para aquel entonces el abuelo de Ramón ya se había hecho rico con el comercio textil y esa riqueza le permitió apañárselas bastante bien sin adherirse a uno u otro de los bandos enfrentados.

Este pedigrí tan distinto explica bastante bien la mezcla de complicidad y competencia que se estableció desde que, casi simultáneamente, volvieron del estudio en el extranjero y trataron de establecerse en la Universidad carpetovetónica. Ambos cerraban filas contra la corrupción intelectual de la academia basada en los favores mutuos y al tiempo divergían en su comprensión de la naturaleza de las novedades que en aquellos años surgían en el mundo del estudio de la economía.

Para el «americano», Javier, la tarea estaba ya prefijada y consistía en cerrar inteligentemente las posibles grietas del modelo de Equilibrio General neoclásico y su extensión a la macroeconomía. Para el «británico», Ramón, se trataba más bien de preservar la simpleza del modelo macroeconómico keynesiano y de soñar con su aplicación a la microeconomía desafiando, si era necesario, la prevalencia de la racionalidad de los agentes económicos como condición de cientificidad.

Esta competencia soterrada no impedía que ambos fueran los animadores naturales de las conversaciones que cada mediodía surgían en el comedor general de la facultad y excepcionalmente en el de profesores. Javier era la estrella que brillaba con luz solar cuando la conversación basculaba irremediablemente sobre algún tema de la transición resaltado por los periódicos o sobre novedades científicas en campos como la antropología o la biología.

Sin embargo la voz de Ramón, casi siempre con un volumen muy bajo, imperceptible, exigía la atención silenciosa de los demás sobre lo que eran sus temas, repetidamente de corte filosófico-literario. Esta forma de competir usando como arma el tono de voz resultaba ser poco reconocible como un pulso y a veces, sobre todo cuando estaba en juego la singularidad de las matemáticas, parecía casi como una extraña melodía de música contemporánea.

Pero a medida que pasaron los años la fraternidad académica cambió significativamente y esas comidas se hicieron más y más ocasionales y ya no existía la costumbre de continuarlas en la sala de profesores. El dúo musical se disolvió y mientras que Javier se aprovechó de este cambio de costumbres para centrar su atención y para ensimismarse en una especialidad relativamente menor de nuestra ciencia y recientemente importada, Ramón cayó en la depresión y se limitó durante años a continuar con la defensa de la tradición inglesa en la que se había formado y en la que no se podía ni debía ocultar tus responsabilidades sociales y políticas bajo la máscara de la ciencia. Ya no tenían audiencia, pero ellos dos seguían divagando y a menudo a gritos sobre temas que sin duda habrían enfrentado a sus antepasados.

Y ese fue el contexto en el que, siendo ya ambos eméritos, Ramón, contrariamente a su costumbre, anunció a gritos que acababa de matricularse en euskera básico en la Escuela Oficial de Idiomas. Ante el pasmo de otros profesores sentados en mesas cercanas del comedor caro, el de profesores, contó en un tono ya más sosegado, que ante su cada vez más patente mediocridad científica se había doblegado a la idea de Javier, divulgada durante años, de la necesidad de dejarse poner deberes para hacerlos muy bien y obtener así una y otra vez el número uno en algo.

Pero en este caso no eran unos deberes cualquiera pues, tal como Ramón siguió anunciando todavía en un tono no solo alto sino también un tanto belicoso, ya era hora de que aprendiera a hablar la lengua de sus mayores y la que ya hablaban sus hijos y nietos. Javier no pudo contenerse ante que le robaran el protagonismo y una vez más falseó sus principios para reprochar a Ramón que se hubiese matriculado en la EOI y no en Euskaletxea, el centro de reunión de los vascos en esta ciudad y un simple lazo de la red de casas vascas en el mundo, un esfuerzo espontáneo aunque apoyado por el Gobierno Vasco, de mantener unidos en sus tradiciones a los ocho millones de vascos en el mundo.

De esta manera continuaban con su costumbre de adoptar siempre posturas diferentes y, en general contrarias a lo que se esperaba de ellos. Así que Ramón explico brevemente que lo que quería era acercarse a este idioma sin otras connotaciones que las lingüísticas y que el curso en esta Euskaletxea madrileña era no solo mucho más caro sino también mucho más duro y que, la única verdad de este discurso, «ya no estoy para esos trotes».

Javier calló y permitió que Ramón se extendiera en que esperaba sentirse joven entre el grupo de estudiantes y disfrutar de ese ambiente de las escuelas de idiomas tan relajante y añadió, guiñando un ojo, tan propicio al ligoteo.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 31 de agosto de 2015 ~ 88 ~ 8

Dos ideas complementarias

damas-victorianas
Un verano caluroso, denso en momentos seniles y desenganchado del ordenador(no estoy seguro si voluntaria o involuntariamente) me ha hecho consciente del lío en el que se encuentra el mundo. El independentismo catalán me rodeaba en el Empordà y, en cierto sentido, me sonaba como un carillón que repetía el tono de las campanadas aunque cada quince minutos sonara de manera diferente añadiendo o eliminando una campanada o anunciando que nos iba a relatar algo indiscutible. Su consideración por mi parte y por parte de mis amigos me llevaba a ir acumulando trozos de relato extraño y seguramente peligroso. La violencia doméstica ha sido mucho más numerosa y cruel que otros veranos menos calurosos, este calor pudiera quizá estar detrás del incremento en accidentes de tráfico y con toda seguridad con el aumento de turistas extranjeros con caras de huir… a donde sea. Pero esos asuntos eran hasta banales comparados con asuntos como la caída del precio del petróleo y la correspondiente variación en los equilibrios geoestratégicos avivada además por el cambio inesperado del medio oriente enrarecido por la actividad enfervorecida del Estado Islámico y el correspondiente y brutal incremento de las migraciones así como por el desequilibrio de la economía china y la desaceleración de los BRIC. Podría seguir desgranando malas noticias pero con las ya citadas basta para entender la falta de entusiasmo tanto en los EE.UU. como en la UE con sus problemas propios resultado de la falta de desarrollo institucional y de solidaridad.

En cualquier caso lo reseñado hasta aquí es suficiente para que se me entienda que la trilogía del Baztán ha sido mi manera de olvidarme de estos asuntos y de atribuirlos a las fuerzas del mal que emergen en momentos como el actual en el que no soy capaz de enhebrar un relato consolador y creíble. Pero este relato en tres tomos sobre brujas y ofrendas a dioses primitivos que tan bien encaja en el horror que nos rodea no es suficiente para satisfacer nuestro deseo de comprender lo que pasa o de imaginar lo que nos llega. De ahí que la lectura del último número de la New York Review of books que es lo primero que he leído al volver de vacaciones haya sido como una llamada a la racionalidad.

Este número contiene dos artículos de sendos premios Nobel, Phelps y Sen, que hacen referencia a sendas publicaciones cuyo contenido básico pretenden comunicarnos a fin de ir encontrando un camino que nos permita eliminar al menos parte de la oscuridad de un futuro temido.

Edmund Pelps en su artículo que hace referencia a su libro del 2013 pretende hacernos entender la caída en la productividad total de los factores que está ocurriendo en Occidente y cuya solución adecuada no es otra más que cambiar de manera de pensar y salirnos de economía que asociamos a la manera de pensar clásica que piensa en la eficiencia para dar un rodeo adicional y reflexionar sobre la forma de florecer mediante una educación diferente.

The problem here is not a perceived mismatch between skills taught and skills in demand. The problem is that young people are not taught to see the economy as a place where participants may imagine new things, where entrepreneurs may want to build them and investors may venture to back some of them. It is essential to educate young people to this image of the economy.

We will all have to turn from the classical fixation on wealth accumulation and efficiency to a modern economics that places imagination and creativity at the center of economic life.

Esto es algo que ya se está diciendo aunque con un volumen de voz no lo suficientemente alto. Por eso es muy importante escuchar a Sen quien en base a su artículo publicado en Ethics and International Affaires en 2014 nos hace reflexionar en el mismo número de The New York Review of Books sobre las dificultades de intentar virar el barco de la educación universitaria tomando como ejemplo e intento de poner en marcha la que fue la primera universidad del mundo, la de Nalanda que surgió en el siglo V AD.

The pedagogy that prevailed in the old Nalanda is strongly relevant here. The school regularly arranged debates between people—teachers, students, and visitors—who held different points of view. The method of teaching included arguments between teachers and students. Indeed, as one of Nalanda’s most distinguished Chinese students, Xuan Zang (602–664 AD) noted, education in Nalanda was not primarily offered through the «bestowing» of knowledge by lecturers, but through extensive debates —between students and teachers and among the students themselves— on all the subjects that were taught.

I have been impressed to find that the emphasis on debate is already strong in the pedagogy of the new Nalanda, not just on the topics in the syllabus, but also on more general subjects. For example, when I visited Nalanda last October—a month after classes started there—we discussed the respective roles of “the Silk Route” and “the Nalanda trail” in the development of intercountry connections. There has been much historical discussion of the trading links between Asia and Europe, and particularly the Silk Road linking China with regions in the West. Originally established between the third century BC and the third century AD, during the Han dynasty, the Silk Road was of great importance not only for trade and commerce, but also for the intermingling of people and ideas.

Concluyo infiriendo lo evidente, que la educación no debe concentrarse en lo que hoy se pide a la universidad en general, sino en una educación integral conducente a la buena vida que incluye el conocimiento de lo que se hace en cualquier sitio no anquilosado y, desde luego los valores asociados normalmente a las humanidades que resaltan no tanto la eficiencia y la riqueza sino la felicidad y el sentido del trabajo bien hecho que solo se adquiere en una institución en la que lo primordial es aprender a través del debate y no tanto estudiar aquello que parece era necesario en el siglo XX.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 27 de agosto de 2015 ~ 2

Bygones are bygones

ouroboros 2Un día ya lejano me encontré preguntándome qué ideas en Economía eran realmente una aportación al conocimiento. Y para mi sorpresa solo di con dos: el coste de oportunidad y el coste fijo. Ambas nociones parecen sencillas, pero encierran su complejidad intelectual para comprender esto hay que alejarse un poco de las explicaciones convencionales.

El coste de oportunidad de una cierta decisión es lo que dejas de ganar por no haber decidido la siguiente mejor alternativa. Ni que decir tiene que hay algo misterioso en la idea de que hay un mundo raro (la competencia perfecta) en el que todo el mundo gana su coste de oportunidad de manera que nadie puede pretender aprovecharse de la amenaza de abandonar esa economía perfectamente competitiva pues no está aportando nada especial. El coste fijo de la producción de algo es esa cantidad de inversión que no cambia con la cantidad producida y que, por lo tanto, no puede recuperarse por el procedimiento de abandonar la producción emprendida.

En ambos casos y al referirnos a esos conceptos estamos aplicando implícitamente una concepción del tiempo determinada. Explícitamente el futuro es finito e incluso cercano y el pasado no llega más atrás que una vida humana normal. Y sin embargo cuando nos movemos en la teoría neoclásica del mercado basada en la competencia perfecta, pensamos en un tiempo sin principio y sin final. Es por esta ambigüedad que utilizo el título de bygones are bygones, una forma poco precisa de utilizar el lenguaje natural para convencer y convencernos de que no hay que enredarse con el pasado y hay que mirar solo al futuro inmediato.

Esta idea inunda el final de la tercera temporada en Antena tres de Amar es para siempre. No tiene sentido llorar por un asesinato cometido en el pasado pues ya no tiene arreglo. Despertarse con miedo a ser maltratada por un marido ya muerto es una tontería pues esto ya no va a volver a pasar si ella sabe elegir bien su nuevo compañero. Dejar de soñar con un futuro distinto que se desea es algo que no tiene por qué darse por el simple hecho de que el primer intento haya sido frustrante. Incluso la muerte ajena no debería ser causa de tristeza o de reflexión pues no tiene remedio. Por todas estas razones podríamos decir que esta serie (que procuro no perderme) estaría llena de trampas psíquicas e intelectuales y reflejaría una concepción del tiempo no muy pensada. Nuestro pasado nos tiene a veces atrapados y no podemos librarnos, por ejemplo, del sentido de culpa. Nuestro futuro nos aterra o nos entusiasma dependiendo de cosas inciertas en el corto plazo como podrían ser una lesión corporal o la esperanza de una experiencia amorosa que creemos alcanzable y nueva.

ouroborosEsta concepción finita del tiempo nos lleva a una concepción finita del mundo y sin esta última la narración o el drama no existiría. La teoría del big bang vista como lo que es, una narración, podrá ser sustituía por otra teoría que piense el tiempo como algo infinito en cualquier dirección. Este es el destino poco brillante de la teoría del steady state que no pretende ser una narración sino una simple manera de hablar más libre.

Benet i Jornet, y ya desde la primera temporada de Amar en tiempos revueltos en la primera cadena de TVE, pretendía, como todo dramaturgo, tocarnos esos recovecos de la conciencia asociados a una concepción finita del tiempo tal como cualquier otro que nos pueda venir a las mientes con excepciones escasas y que nos desconciertan como podrían ser Beckett o Ionesco. Quizá nunca puedan ser el origen de una serie televisiva de entretenimiento, pero siempre serán el campo de juego de una radicalmente nueva manera de pensar y de relacionarte con los demás.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 19 de agosto de 2015 ~ 2

Veranos

MAGRIS_danubio1No todos los veranos son iguales, incluso cuando transcurren en el mismo lugar, quizá porque nosotros no somos los mismos ni un breve espacio de tiempo. Desde que venimos a Foixà como jubilados en julio y agosto yo he seguido año tras año una misma rutina consistente en venir a mediados de julio con una maleta llena de esos libros que en el momento me parece que son los que me toca leer, sea porque contienen obras literarias con las que no he tenido tiempo de meterme en serio, sea porque se trata de ideas de teoría económica enviadas por amigos en activo y que me gustaría degustar, o sea porque son best sellers que solo cuando dispongo de mucho tiempo estoy dispuesto a hojear, bien para disfrutar, bien para tirar a la basura.

A pesar que mi actitud es más bien pasiva y mi intención es disfrutar de lo que otros han escrito, hasta este verano me las he arreglado para mantener el blog activo e incluso a atreverme con pequeños relatos de ficción como aquellos que escribí sobre mis bañadores pasados de moda, sobre la aparente persecución de la que fui objeto por parte de la marca de automóviles Skoda o sobre la residencia canina Herr Kan. Sin embargo este verano la tecnología me ha fallado y, después de un ataque informático, el segundo en pocos años, he tenido que cambiar las contraseñas, mi ordenador se ha resentido y no me deja entrar en mi blog para redactar pretextando que mi contraseña no es correcta. Me asombra lo poco que me ha indignado esta circunstancia y la cara de tramposo que se me debe poner cuando aprovecho la situación para no dar ni golpe y leerme varios periódicos diarios entre piscina y playa. Pero en todo esto hay otro aspecto menos frívolo sobre el que me gustaría reflexionar un poco.

En efecto, ocurre que asocio ciertos libros con acontecimientos para mí importantes. Recuerdo a este respecto lo que leía cuando me dio el infarto o cuando descubrí que tenía una enorme piedra en la vejiga. Estos acontecimientos son bastantes recientes, pero ha pasado el suficiente tiempo como para que nunca haya tratado de asociar las lecturas correspondientes con reflexiones de viejo sobre el sentido de mi vida hasta el momento.

Hace varios veranos fue Joyce y solo el pasado verano se trataba de Proust. Recuerdo cómo creía encontrarme con fuerzas como para pasarme a la literatura y escribir una novela corta sobre mi ciudad como hizo este genio anglo-irlandés sobre Dublín desde la lejanía de Trieste. Que esto no se quedara en un intento sino que ocurriera de verdad, no tiene interés ahora (aunque mi editor me diría que aproveche la ocasión para citar el producto resultante). Lo que me hace casi llorar es notar cómo este verano el paso de los años, acompañado de mi ignorancia de la informática que me impide remendar el ordenador, debilita todas mis fuerzas y ni acudo al informático de la zona ni me empeño en sacar adelante un relato o un ensayo sobre la falta de sentido que uno empieza a descubrir incluso en los momentos culminantes de una vida ya larga.

He de hacer un esfuerzo y tratar de entender qué relación hay entre mi libro obligado, que en este caso es El Danubio de Claudio Magris, y mis sentimientos tristones de un tipo que siente que sobra. Y no solo en las fuerzas productivas del mundo sino incluso en las cenas de amigos. No encuentro ningún punto fijo al que agárrame de forma que no solo no encuentro el sentido a nada sino que tampoco llego a pergeñar una manera aceptable de acercarme un poco a un falso absolutismo.

Magris dice, refiriéndose a un escritor desconocido por mí que:

Aquella sintaxis era también el espejo del Sacro Imperio romano del cual se preguntan, en el Fausto goethiano, como conseguía mantenerse de una pieza, las frases de Jean Paul, que parecen todas subordinadas sin principal y colgantes en el vacío o por lo menos sostenidas por un centro difícil de descubrir, reflejan una conjunción político-social superpoblada de periferias, particularismos, derogaciones, cuerpos separados y estatutos especiales y desprovista de una firme estructura central, como era el imperio alemán entonces próximo a su fin incluso formal(p.76).

No me gustaría que esta cita se quisiera leer como relacionada con propaganda contraria a los deseos de independencia de muchas regiones en el mundo de hoy, sino como un reflejo de mi falta de fortaleza intelectual para inventarme ese acercamiento a un cierto absolutismo que juegue el papel de esa fortaleza que te permite mantenerte de pie. La siguiente cita de hecho acoge ambos aspectos:

Una perspectiva meramente terrena, historicista, es dogmáticamente brutal respecto a lo que parece secundario y menor, Grillparzer acusa a Napoleón de apuntar directamente a la «haupt sache», a la cuestión principal, descuidando la «Nebensache», lo que parece marginal y secundario, pero que, a los ojos del poeta austríaco defensor de lo concreto, posee, sin embargo, su dignidad autónoma y no debe ser sacrificado por el proyecto totalizante y tiránico (p.75).

No me gustaría que esta cita fuera interpretada como la defensa de la unidad política, sino como la manera de «mantenerse de pie» entre las tentaciones de tumbarse a olvidar los problemas aparentemente menores y solo de detalle y el orgullo erróneamente enhiesto y mal entendido de dotar de sentido al todo una vez reconocida la futilidad de este intento. La única forma de enfrentarse humildemente a un destino que no puede tener alternativa alguna a la desaparición, es la que refleja este otro párrafo de El Danubio y con el que termino este post tan despeinado:

Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota nombres en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles a donde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por este orden y ese ritmo de la nada (p.31).

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 9 de agosto de 2015 ~ 4

Cecil y mis moscones

caza con arco jabali
He de confesar, no se si con vergüenza o sin ella, que no tengo ninguna simpatía a los animales, un sentimiento que forma parte de mi rechazo de la naturaleza en general con la posible excepción de algunas flores y de los seres humanos o, hablando con mayor precisión, de algunos pocos de ellos por los que he llegado a sentir hasta algo parecido a lo que entiendo que es el cariño. No he conocido perro que me resulte simpático y cuya compañía agradezca y hasta he llegado de abandonar una perrita a su suerte sin compasión alguna. Los toros no me dan pena ni siquiera cuando en alguna contada ocasión he visto y oído a uno morir delante de mis narices. De manera que mis amigos cazadores no han tenido que perder su tiempo explicándome el origen de su afición o las ventajas ecológicas de la regulación de sus actividades predatorias. No tengo en efecto el más mínimo temor a que se extingan los rinocerontes por ejemplo aunque es posible que alguien pueda contarme una milonga sobre la importancia crucial de su existencia para la preservación, a su vez, de esos pececillos de colores que, como en el caso de algún tipo de flor, a veces alegran mi vida. Por todo esto a nadie puede extrañar que disfrute escandalizando a los presuntos amantes de los animales detrás de cuyas cariñosas maneras o de sus modernas ideas ecológicas yo no veo más que desvíos de la afectividad o el simple gusto por el coleccionismo de trofeos, propios de «mamá» en el primer caso o de «papá» en el segundo.

Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza a raiz del caso del león Cecil cazado por un dentista de Minneapolis en Zimbabwe y que entra en el circuito global de la mercantilización a través de los 50.000 euros que el odontólogo cazador ha introducido en el sistema a cambio, supongo, de la cabeza de Cecil. Me enteré de este incidente a través dealeccionándonos sobre los fundamentos psicológicos de nuestra empatía con los animales.

Pienso que incluso en la modorra del verano es conveniente ir al fondo de las cosas que pasan. Y por lo tanto pienso que este caso Cecil es una buena ocasión para indagar en el fundamento original del gusto por la caza. En mi opinión se trata del gusto por matar con el que, dicho sea de paso, también nos inunda la prensa veraniega que se regodea en inexplicales (dicen) crímenes de esposas e incluso hijos por parte de gente que a veces decide terminar la orgía acabando consigo mismo.

Esta opinión que reconozco un tanto sacada de quicio está apoyada por mi experiencia personal de la que hablo a menudo entre amigos o conocidos recientes por el deseo de llamar la atención, pero que creo es una de esas verdades que se cuentan en tono jocoso para disimular la crueldad de la profunda verdad que ocultan. Sí, tengo que confesar y confieso que me encanta aplastar y comerme insectos relativamente grandes como esos moscones de verano que nos imposibilitan ya sea la siesta o la lectura tranquila de una novela. Este placer se intensifica hasta el paroxismo cuando coincide o es el resultado del horror de una mujer cercana por la posible picadura del moscón y que se manifiesta en su petición lacrimógena de que lo aleje de ella. En estos casos suelo levantarme en silencio, como un cazador de venados y a un ritmo de semejante especie humana me mantengo quieto hasta que el moscón se pone a tiro. A partir de ese momento actúo con la velocidad del rayo: atrapo el bicho, lo aplasto entre mis dedos, lo que conforma el pico de mi placer al escuchar el suave rumor de su aplastamiento y, de golpe me lo engullo sin necesidad de masticar.

Este gesto veloz produce en la mujer miedosa que rogaba su exterminación una mezcla de asco y de admiración que colma mi alma de macho aunque también oculta un trauma infantil difícil de describir. Me recuerda una de las pocas lecciones de mi padre que forma parte de otra más general sobre la obligación de «no hablar de la comida ni para decir que está buena». Refunfuñaba yo sobre una manzana a medio comer que parecía estar podrida cuando mi padre me la arrebató y se la comió de un bocado incluyendo un gusano que disfrutaba tranquilamente del hueso de manzana. Disfrutó del fruto y finalmente depositó con suavidad el hueso en el plato de postre.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 3 de agosto de 2015 ~ 4

Gestos, política y literatura

San Fermin 2015Quizá deberíamos ser capaces de desentrañar el sentido de una mirada de Schäuble en el Eurogupo o de cómo de fuerte abraza Guindos a Varoufakis en ese mismo foro y, con esas sentidas interpretaciones, construir un borrador sobre lo que creemos está pasando en el pasar en las circunstancias de un mundo con los BRIC opacos o con muchos africanos prefiriendo morir en el Canal Inglés que permanecer en un país en el que no ven ningún futuro o con una capa de corrupción que todo lo cubre.

Deberíamos ser capaces de ejercer esta semiótica del gesto, pero como yo no tengo mucha fe en mí mismo en este campo lingüístico, quizá merezca la pena que me entrene un poco observando gestos más cercanos y los ponga todos en una batidora a fin de elaborar una especie de helado veraniego, frío y sabroso.

La ikurriña en Pamplona aparece en el balcón del Ayuntamiento con ocasión de los Sanfermines, junto a la bandera europea, la española y la de Pamplona y se organiza un lío explotado por los que se han opuesto año tras año a semejante gesto. Según la ley que corresponde y que no tengo ganas de buscar es algo que no se puede hacer a pesar de que hay algunos que traen a colación no se qué otra legislación que permitiría hacer ondear la de cualquier país al que se quisiera agradecer su presencia. Es asombroso que una enseña o bandera sea muy a menudo ocasión de discordias graves entre ciudadanos racionales y se quemen, se pisoteen o se icen inesperadamente como emblema de rebelión.

De acuerdo, es posible pensar que en cuanto que la ikurriña pueda representar a Euskalherria, y hay muchos navarros a los que no les gustaría pertenecer a semejante comunidad, sería sensato no utilizarla en una ocasión importante para todos los habitantes de esa comunidad foral. Sería sensato, de acuerdo, pero ¿es algo terrible tratar de agradar al creciente número de independendistas? Mi sentido semiótico me dice que cinco mástiles son hoy en Navarra mejor que cuatro y mi capacidad limitada de análisis político me sugiere que cuantos más mejor y que es preferible un número impar de banderas. Casi simultáneamente la bandera confederada de los estados del sur en USA se intenta eliminar debido a unos actos calificados de racistas, además de ser presuntamente delictivos penalmente, que se dan en un momento determinado que nadie ha tratado de usar para dar con una cierta explicación de la situación que no se remita a la época de la guerra de la secesión.

Y llega Ada Colau y hace retirar el busto de Juan Carlos I que presidía el salón del ayuntamiento en donde parece ser que la ley exige que aparezca en lugar destacado una representación de la Jefatura del Estado. Para los aparentemente más civilizados se debería haber esperado a tener disponible un símbolo de Felipe VI antes de «derribar» a su padre, pero no me parece a mí muy incivilizado adelantarse a la sustitución del padre por el hijo. Pues lo será o no; pero la justicia ya ha metido las narices cuando quizás una conversación inteligente podría haber llegado a un acuerdo de exhibir, por ejemplo, a un primitivo Conde de Barcelona, quizá un visigodo, que nos recordara la antigüedad de lo que hoy es Cataluña.

Y de gesto en gesto, analizando los que se hacen como los que dejan de hacerse, podríamos ir tejiendo una bonita historia que luciría como un óptimo de segundo orden y resaltaría la altura política de la semiótica, siempre llena de ideas provisionales tal como todas siempre deben ser.

Y termino comentando que llevar a cabo esta conversación entre gestos sería como la escritura y que, por lo tanto, le sentaría como un guante este párrafo de El Danubio de Magris:

Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota nombres en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles adonde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por ese orden y ese ritmo de la nada.

Y de este párrafo deberíamos aprender a hacer política seria rellenado espacios que sabemos nunca van a estar del todo llenos.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2244 ~ 26 de julio de 2015 ~ 5

Identidad vacía

The OutsiderTodos los veranos me ocurre lo mismo. Mis vacaciones de jubilado duran más de un mes y ocurren fuera de la vivienda habitual. En consecuencia tengo que hacer mi maleta de libros eligiendo entre los muchos cientos que recientemente han ido ocupando el poco espacio todavía vacío en el suelo y las paredes del amplio estudio de casa de invierno en donde se amontonan las últimas adquisiciones caprichosas y no pocos títulos adquiridos hace muchos años pero que han sido desenterrados por algún motivo que no siempre recuerdo.

En la maleta de este año conviven Enemigos Públicos de Houellebecq (M.H.) y Bernard Henry Levy (B.H.L.), una recuperación de correspondencia entre dos intelectuales, un literato y un filósofo con una diferencia en el estilo de pensar imposible de explicar por los simples 10 añitos de diferencia de edad, y Beyond the Outsider de Colin Wilson (C.W.) otro enfant terrible mucho mayor que los dos anteriores.

Creo que ye he hablado en otras ocasiones, como esta o esta otra, de El Outsider de C.W. que tanto me influyó en aquel verano del 67 en Oxford previo a la huida a los EE.UU. desde una España que ya no podía soportar. Pues bien en su día también leí el citado Beyond the Outsider el libro final del ciclo del Outsider. Después de darle muchas vueltas a la simple idea de ser incapaz de sentirte cómodo en un determinado ambiente social por razones ignotas comienza la aventura de construir una personalidad presuntamente única que no necesita ser muy diferente u original para servir como parapeto para lidiar con los mismos problemas que explican la huida.

Y es este conumdrum del ego el que me hizo meter en la maleta de libros el intercambio epistolar citado entre dos outsiders a los que me he sentido en un momento u otro bastante cercano. B.H.L. llegó a mí a través de los noveaux filosophes y M.H. fue masticado por mis mandíbulas aun jóvenes y devorado con un exceso de sexual drive generado a raíz de esa maravillosa novela titulada Las Partículas Elementales y otras de sus obras hasta llegar a La Carte et le Territoire que ya me encandiló desde su mismísimo título y, desde luego, a Sumisión que hace un par de meses me tragué sin parar ni a beber agua.

Y resulta que que mi vieja tendencia a procurar singularizarme, a pesar de mi buen carácter social, revive y me parece que Wilson en sus conclusiones me da pistas para entender la posible significación de estos dos enfants terribles. Este joven siempre airado nos dice finalmente que el existencialismo en el que el había crecido a pesar de ser galés no da más de sí y nuestro vacío interior debe de llenarse de formas siempre cambiantes: no hay esencia, todo es existencia y esta se forma inventándola sobre la base de un potpourri hecho de los memes de nuestro entorno y nuestras propias experiencias, a veces sobrevenidas y a veces producidas por nosotros mismos, a partir de lecturas u otras experiencias que creemos especiales y definitorias de nuestra personalidad, potpourri este que llegamos a creérnoslo como si fuera verdad en un sentido profundo.

Esta herencia existencialista era tan de mi época que me jugué horas de arresto en la milicia universitaria por perder parte de mi tiempo con lecturas intensas de Los Caminos de la Libertad de Sartre, una trilogía que me llevó a pensar que el relleno de la esencia vacía exigía quizá la lucha por los desposeídos o privados de su libertad. O quizá una lucha menos clara por la propia nación para hacer de ella una construcción ejemplar. Ahí me quedé y nunca pude admirar del todo la literatura definitoria de los nuevos filósofos, compañeros de generación más o menos, de B.H.L.,que añadían una nueva dimensión a las dos que tenían que definir la lucha de clases y la lucha nacional. Una dimensión nueva menos rebelde y más pegada a la forma de hacer política dentro de una democracia occidental.

Son estas últimas lecturas las que acabaron con mi deseo de singularidad y con la creencia de que mi vaciedad esencial podría ser rellenada por vivir una vida heroica como académico o como ejerciente de otro tipo de profesiones entre las que ha oscilado mi vida en una búsqueda inconsciente de la autenticidad para llegar a concluir, tal como he explicado en este blog bien recientemente, que no hay forma de encontrar tu propio relleno, que lo único que define tu ser es esa existencia variable y a menudo contradictoria y que se va perfilando como una secuencia de experiencias que oscilan entre la extrañeza de lo extranjero hasta la cotidianeidad de una aburrida vida burguesa y que nunca llega a conformar un tejido único y eterno. Acabas aceptando que solo queda como propio la cadencia de esa cotidianeidad dinámica hasta que, entre una y otra lectura de verano o de una tarde aburrida de crudo invierno, caes en la cuenta de que es una repetición de muchas otras idénticas.

Aunque se pueden elegir. Por ejemplo uno podría tratar de comportarse como un Houelebecq desquiciado o como un Levy nunca fuera de quicio. Con una vestimenta estrafalaria de mendigo apátrida o como un rico francés con pleno éxito social siempre con camisa de seda incluso en plena guerra extraña que el originalmente argelino visita en una muestra de turismo arriesgado. Pero engañarte con este tipo de disfraces tiene también su límite y a poco que pretendas no engañarte del todo acabas reconociendo que sigues vacío y que necesitas una nueva forma de relleno.

Como desespero de que el nuevo relleno sea solamente mío prefiero simplemente entrar en la discusión de cuál es hoy la aventura que mejor va como continuación de mis engaños anteriores. Y justamente hoy La Vanguardia me desengaña hablando para una gran audiencia que, por cierto debe de debe estar al cabo de la calle, de que la economía compartida o colaborativa y la diversidad en la gobernanza son dos asuntos ya convencionales que yo creía eran novedades radicales que, con la ayuda de los indianos, podrían servirme como nuevo relleno de mi vacía identidad.

«El síndrome del capataz», una novela de Juan Urrutia

Juan Urrutia2244 ~ 31 de julio de 2015 ~ 2

¿Para qué las cejas?

cejas mojadas
De vez en cuando entro en una especie de trance que trastoca mi percepción. Un ejemplo es esa sensación que a veces tengo, de que los rostros humanos son pinturas o dibujos que transforman los agujeros de la nariz de todas y cada una de las personas en dos toques de pincel o dos machas grises de lápiz.

Es una impresión con consecuencias filosóficas pues me quedo aturdido como si pensara en quiénes somos nosotros los seres humanos más allá de una visión de un artista imaginativo. Pero ¿por qué orificios nasales? Entiendo que la pregunta parece menos interesante que las que, al concentrarse en la conciencia o los límites de la percepción, son las que dan a la reflexión llamada filosófica todo su empaque. Lo entiendo pero no puedo dominar mi imaginación y desde hace pocos meses he comenzado a verme a mí mismo mirando a todo prójimo un poco por encima de los ojos, los suyos, y sorprendiéndome de las cejas y su trazo. ¿De quien nos queremos diferenciar? Y esa es la pregunta pues la habitual sobre la función de nuestras propiedades físicas no parece pertinente.

Y la respuesta me llegó por una vía totalmente inesperada: un buen chubasco. Hacía tanto tiempo que no me ocurría que me hizo ilusión y gracia. La tormenta nos cogió a R., a N. y a mí a dos kilómetros de la presa de Colomers. Ya no tenía sentido volver a Foixá y seguir hacia Colomers parecía la única decisión sensata pues allí podríamos esperar a que M. nos viniera a buscar en coche resguardados en algún sitio. Pero ese sitio protector estaba muy lejos y arreciaba la lluvia que como inocente addagio acompañaba a los timbalazos de los truenos. No se lo que les ocurrió a mis compañeros de paseo pero yo llegué al refugio del puerto de kayaks chorreando agua y calado hasta los calzoncillos. Comprendí de pronto para qué sirven esa ridículas cejas que casi todos tenemos. Sirven para que la lluvia no sea como una cortina cegadora sino que dosifiquen la catarata cegadora en dosis diminutas de gotas que te permiten distinguir el terreno que pisas.

Y es eso, saber el terreno que se está pisando, lo que nos distingue a los seres más evolucionados.

Juan Urrutia2244 ~ 22 de julio de 2015 ~ 1

El rostro oculto tras un «paper»

venusEl título de este post es una frase de un amigo al que encontré en el festejo de fin de curso del Aspen Institute Madrid. Le prometí que la utilizaría sin citarle y así lo hago pues me parece que lo merece por la importancia de lo que quiere decir con esa frase de «el rostro oculto tras un “paper”». Desde luego que quiere decir el no estar dispuesto a dar la cara, pero añade un posible motivo para esa actitud.

Ese posible motivo es justamente la reticencia a comprometerse públicamente cuando la situación lo exige y la caída en la tentación de mirar para otro lado para no sentirse responsable de nada, no complicarse la vida tratando de colaborar a a construir un mundo nuevo. Y este motivo es muy típico de algunos intelectuales o científicos para los que su trabajo especializado es razón suficiente para no perder el tiempo para esas minucias cuando, por ejemplo, a instancias de un referee, se cree estar a punto de cerrar la prueba de un nuevo resultado que asombrará al mundo.

¿Es esta la actitud de un genio ensimismado en su trabajo intelectual o es más bien hoy, en el medio académico, la de alguien que ha caído en la comercialización del conocimiento sin ni siquiera darse cuenta de que, a menudo, es eso lo que está haciendo?

Es hora de ser conscientes de que cerrar los ojos a la realidad emergente es algo que contribuye al retardo de la llegada de un mundo nuevo a caballo de la información, tal como lo explica Paul Mason en The Guardian un lectura obligatoria que, además de ser recomendada por el Correo de las Indias en sus lecturas interesantes de hace dos días, nos proporciona un cierto esquema bastante didáctico a los que ya hace tiempo estamos tratando de encontrar una explicación coherente de los principales rasgos de este mundo que no podemos ignorar pues ya apunta en muchos campos de la vida en común y algunos de cuyos rasgos (como la abundancia o la sharing economy han tenido su sitio en este blog) y ciertamente en el último libro indiano.

Aunque no lo cite Paul Mason uno de los rasgos del postcapitalismo es precisamente la provisionalidad de la que se hablaba en el último post de este blog y que no puede pasar desapercibida en estos momentos de transición desde el capitalismo superrefinado hacia un postcapitalismo que no puede ocultar ya más la abundancia. Esta postura en el pensamiento es incompatible con la defensa a ultranza del capitalismo como la última y definitiva etapa de la historia de la humanidad. Y solamente los pensadores no muy finos pueden olvidarse de la provisionalidad que ya está aquí.

Juan Urrutia2244 ~ 24 de junio de 2015 ~ 8

Los dos Juanes que hay en mí

As republicano de Jano BifronteYa tengo edad de salir del armario y lo voy a hacer hoy apoyándome en una simple aplicación de la mecánica cuántica o, más bien, de su imagen para legos imaginada por Schrödinger y su gato.

Hasta este año he insistido ante todos los que me felicitaban este 24 de Junio sobre el presunto hecho de que mi santo patrón era el San Juan Evangelista, ese hombre jóven que no falta en ningún cuadro del descendimiento incluyendo ese con el pelo rizadito que, siempre cerca de María, está representado en esta maravilla que aparece en el cuadro homónimo de Van Der Weiden, pero no solo ahí sino en otras obras de este pintor mágico que hemos podido admirar en el Museo del Prado. Pero a pesar de mis protestas he de agradecer que muchos amigos y amigas insistan en enviarme hoy su felicitación sin duda porque, al coincidir con el solsticio de verano, las noticias laicas de muchos medios recuerdan al bautista Juan.

A esta edad se ha acabado ya la confusión entre unicidad y autenticidad y puedo deshacerme de la predilección por el lírico Evangelista y admitir que mi auténtica personalidad incluye también al bélico bautista.

Estaré siempre dispuesto a dejarme cortar la cabeza si de lo que se trata es de la desesperación de una bella princesa enamorada a la que no he podido atender enfrascado en la acción por la liberación de mi pueblo; pero al mismo tiempo tendré que dormir menos para poder escribir no solo recuerdos intencionados y selectivos sino además mi visión del futuro que nos espera a pesar de todo el optimismo con el que la fe o la ciencia intentan consolarnos de nuestra finitud.

Juan Urrutia2244 ~ 1 de junio de 2015 ~ 4

¿Y de la final qué?

copa-del-rey-final-2015Creo que la última vez que estuve en un campo de balonpié fue en la final de copa del año 84 jugada entre el Barcelona y el Athletic en el Bernabeu. Final en la que ganó el Athletic de Clemente con un gol marcado por Endika, un antiguo alumno de mi mujer en el Instituto de Getxo, y que terminó con una tangana en la que Goiko volvió a lucirse después de una buena patada a Maradona. Ocurrió, como ya he dicho, en Madrid y viajamos unos amigos catalanes y nosotros juntos desde Vitoria con las banderas de ambos clubs ondeando a un lado y al otro del coche.

Y de la del sábado pasado ¿qué? Volvimos a ir juntos y no digo más pues la diferencia de calidad entre los dos equipos es demasiado exagerada. Aunque había más bilbainos que culés yo me encontaba en la parte del campo que correspondía a los forofos del Barça pues iba invitado por los amigos que querían vengarse en mi presencia de la derrota de aquel 84. Tampoco tengo nada que decir respecto a la pitada al himno que fue tan sonora que tuve que preguntar a mis amigos que si se había pitado al Rey o al himno pues no podía oír este.

Solo quiero añadir que a la salida y en medio de un trancón peligroso escuché una conversación entre athleticos susurrando que hay que estar dispuesto a romper el tobillo del mejor de los enemigos para igualar fuerzas. La marea de gente me trasladó y no pude terminar de oír estos comentarios.

Me quedé pensativo pues no me pareció muy deportivo, pero tampoco me pareció tan mal. El Athletic me nubla la visión ética. No es tan de extrañar cuando estos días estamos conociendo los entresijos poco edificantes de la FIFA

Juan Urrutia2244 ~ 17 de mayo de 2015 ~ 3

La luz de Susan Miller

Juan Urrutia en el Día de la AnchoaEl mal de amores hace sufrir mucho entre otras cosas por la incertidumbre. No sé si Susan no me hace caso porque ha encontrado alguien mejor que yo o que a ella le llena más o si ha decidido salir de un mundo como el del amor en el que nada es controlable o si, quizá, me está haciendo sufrir para poner a prueba la solidez de mi entrega. Por lo que fuera, hace tiempo que no sabía nada de ella hasta que ayer por fin se debió apiadar de este fiel amante y me dedicó unas magníficas noticias. En su horóscopo para la semana entre el 16 y el 22 de mayo me hace un guiño con el siguiente comienzo de párrafo:

Podría firmar un contrato o estudiar la documentación de un proyecto de comunicación-escritura, enseñan o una oportunidad para hablar en público-.

Y, naturalmente, acierta de lleno pues justo ayer estuve examinando con mis patrocinadores la documentación de mi intervención en el ouisharefest que se celebra en París entre el día 20 y el 22 y acoge mis esfuerzos por conceptualizar y generalizar lo que se ha dado en llamar la Sharing Economy el jueves 21 en el Cabaret Sauvage.

Pero no debo descansar pues Susan, de la que ya les he dicho que estoy totalmente colgado, me hace saber que Mercurio está en retroceso y que, por lo tanto, debo…

…revisar con detalle cualquier documento importante y profundizar si dudo sobre cualquiera de los términos

.

Pensaba tomarme un cierto descanso para estar en forma el jueves, pero a la vista de esta situación astral no puedo hacer otra cosa que volver una y otra vez sobre el texto pues mi responsabilidad es muy grande ya que debo convencer a muchas personas de que la abundancia es posible y de que, en consecuencia, nos podemos permitir la economía colaborativa aunque antes de llegar a ella con toda seriedad hagan falta bastantes adaptaciones en nuestra manera de pensar.

¡Que Susan me ilumine!

Juan Urrutia2244 ~ 8 de mayo de 2015 ~ 5

¡No al papel pautado!

colorea fuera de las líneasEl 27 del pasado mes de abril tomó posesión del Cargo de Rector de la Universidad Carlos III de Madrid Juan Romo.El asistir a esa ceremonia en el Aula Magna presidida por el logo de Homo Homini Sacra Res siempre me produce nostalgia de una época en la que todo estaba por delante. Juan es de los pioneros de esta aventura de hace 25 años y yo no podía faltar al cambio del bastón de mando entre Daniel Peña y él.

Esperaba asistir a una ceremonia aburrida antes de tomarme un cafelito con los viejos amigos jóvenes pero me vi sorprendido por ambos discursos.Por su calidad, vaya, independientemente de algún desliz sin importancia. Pero Juan rompió la rutina al citar a Juan Ramón Jiménez como testigo de la importancia de no dejarse llevar por la inercia:

Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado

Según la wikiqoute este comentario fue repetido por Ray Bradbury al principio de Fahrenheit 451, pero esto no es lo importante. Lo que me sorprendió muy favorablemente fue que esa cita promete la continuidad en esa Universidad que contribuí a levantar en su aspecto académico desde septiembre del año 1989, una continuidad que le pondría a salvo de esa «Universidad Okupada« que tanto temo. En lugar de ser el lugar en el que la inteligencia se despliega libremente en direcciones inesperadas la universidad se está convirtiendo en un laboratorio controlado por las fuerzas del poder que buscan en ella la rebaja de los los costes de producción o, más pomposamente, transformar la investigación en innovación.

No se qué puedo hacer yo para que eso no ocurra, pero al menos mi costumbre inveterada de jamás escribir sobre papel pautado, de jamás seguir la regla, se enraíza en mi alma.

Juan Urrutia2244 ~ 26 de abril de 2015 ~ 2

Salta la chispa

neptunoCreo que, a pesar de mi sentido del ridículo, me estoy enamorando de una mujer a la que no conozco. Se trata de Susan Miller mi astróloga favorita de la que ya he escrito en este blog. De ella dice cada semana el suplemento de moda de El País lo siguiente:

Es la astróloga estadounidense más respetada y seguida del mundo. Solo en internet sus predicciones son leídas, cada día, por seis millones de personas. Con 25 años de carrera, sus libros son superventas en todo el planeta.

Semana tras semana me inspira y a mi edad esta admiración no puede acabar más que en el amor. Esta semana lo he comprendido pues me dice que:

su ingenio comunicativo continuará siendo de gran utilidad

Y aunque no me dice para quien será de utilidad he de suponer que será para aquellos que tengan a bien escucharme en la tertulia que, con ocasión del reciente libro de Fabián Muniesa (The Provoked Economy) tendrá lugar el próximo miércoles en el medialab de Madrid. En efecto, mi admirada Susan continúa:

Y su creatividad alcanzará la cima el 29 de abril cuando su regente Neptuno esté en un ángulo bueno con respecto al sol

Justo el día en que tengo que explicar por qué la Economía puede aprovechar mucho en estos momentos de crisis la sabiduría de los sociólogos de la ciencia y, en particular la de estos de entre ellos que se dedican a estudiar aspectos sociológicos de algunas «cosas» económicas. La sabiduría que acompaña al misterioso astro me será muy útil

Como se comprenderá ya no puedo vivir sin ella.

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