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La retórica según McCloskey

A finales de esta semana Deirdre McCloskey estará en Madrid dando un seminario en el IE. Hablará sobre la burguesía como verdadero fundamento del capitalismo, una idea que va expandiendo en volúmenes tan inteligentes como gruesos. Pero hace ya muchos años de hizo muy famosa por sus ideas acerca de la Retórica y yo escribí en su momento algo al respecto. Como acabo de encontrar entre mis papeles desordenados una hojita sobre la materia que me suena debe de ser porque lo escribí para algo, pero, esté publicado o no, me parece que viene a cuento en vísperas de su venida. Lo reproduzco a continuación.

mccloskeyEn el mundo posmoderno aparece con nitidez la reflexividad del pensamiento científico que nos sorprende con la posibilidad de un mundo construido, de una verdad como constructo del lenguaje. Ese lenguaje poderoso sería la Retórica.

Comencemos a adentrarnos en este territorio movedizo de una manera muy simple. Los científicos se explican con un lenguaje que utiliza muchas y variadas figuras del lenguaje como la ironía, la analogía, la metonimia y , desde luego y de manera generalizada, la metáfora. Nada interesante en esta primera reflexión excepto su intención de hacer ver a lo que nos dirigimos, a mostrar que no hay lenguaje transparente, que el lenguaje deja huella.

Todas las figuras mencionadas piensan por nosotros. Rorty nos dice:

Son las imágenes más que las proposiciones y las metáforas más que las afirmaciones lo que determina la mayor parte de nuestras convicciones.

¿Cuánto del poder de convicción de Galileo se debe a que escribía no ya en latín sino en italiano? Y pensemos si el poder de convicción de Keynes en su día (su influencia en estos últimos años es otra cuestión que habrá que dilucidar; pero no ahora) no se deberá quizá al famoso tono de su voz conocido por todo el mundo a raíz de sus intervenciones radiofónicas además de a su perfecta resonancia con la cultura de su tiempo.

Y McCloskey va más allá en la apreciación de las figuras del lenguaje:

la idea misma de eliminar los ornamentos para destapar un significado simple que se expreasaría subterráneamente es, en sí misma, una metáfora. Tal vez el pensamiento sea metafórico. Tal vez eliminar la metáfora sea eliminar el pensamiento.

Y ni que decir tiene que esta frase de la creadora del planteamiento retórico, que es crucial para entender las posibilidades de verdad o de credibilidad de los enunciados de le ciencia económica es, en sí misma, metafórica.

La provocación de McCloskey consiste no solo en llamar la atención sobre la necesidad de volver nuestra atención hacia el lenguaje de los científicos, sino en dejar traslucir que la ciencia no es más que retórica. Esta autora nos remite al crítico literario Wayne Booth para quien esta Retórica no es, o no es solamente, la preceptiva aristotélica, sino la conjunción del Arte de persuadir y el Arte de conversar.

Pensemos en el Arte de la Persuasión. No parece distorsionador llamar de esta manera a una primera acepción de la Retórica como

el arte de descubrir buenas razones, encontrando las que realmente justifican el asentimiento poque deben convencer a toda persona razonable

Este arte de la Persuasión es utilizado en todas las ciencias empíricas porque en estas ciencias, a diferencia de las matemáticas, las proposiciones no se validan de manera indubitable por la fuerza de la simple razón, sino que necesitan una cierta predisposición a ser persuadido. Y no solo se utiliza por los científicos para dar a conocer sus resultados sino para redactar las solicitudes de financiación o para hacerse valer en los medios de comunicación. Este hacerse valer va íntimamente unido a la necesidad de ser alguien en la sociedad para allegar fondos con los que seguir trabajando. Y esta necesidad de ser alguien explica algunos de los rasgos de las comunidades científicas que, de manera tangencial, sostienen la retórica del lenguaje trasladándola de lo financiero a lo sustantivo condicionando la producción de la ciencia tal como insinué en una conferencia que luego colgué aquí.

Esta especie de desvío psicoanalítico no debe hacernos pasar por alto el otro aspecto de la retórica destacado por Wayne Booth, el Arte de la conversación. En este sentido la retórica sería

el arte de descubrir las creencias justificables y mejoraralas en discurso compartido….o el arte de participar en una investigación conjunta

Este Arte es imprescindibles para perfilar los resultados y acabar consolidándolos como parte del acervo de la ciencia de que se trate en una forma que resulte más adecuada para su adherencia con las creencias del momento. Más recientemente Vattimo y Zabala nos han hecho reflexionar sobre las condiciones necesarias para una verdadera conversación como algo que no debe confundirse con un diálogo, tal como expliqué aquí.

«La retórica según McCloskey» recibió 3 y , desde que se publicó el 11 de marzo de 2013. Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia

  1. Antonio Fernández Porrúa

    Lo que a mí me importa de una teoría científica es su capacidad de generar modelos cuyas predicciones sean útiles.

    Es decir, su utilidad como herramienta.

    Lo cual no es muy diferente del motivo por el que ciertas teorías, propugnadas por científicos mediocres o corruptos, cuya capacidad de predicción es nula, consiguen éxito y notoriedad.

    Por su utilidad como herramientas, en este caso debido a su capacidad de justificación o legitimación.

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    • David de Ugarte

      Creo que es más complejo que eso Antonio. Creo que sería difícil llamar a Ricardo, Marx, Pigou, Marshall o Keynes, entre otros, «corruptos» en el sentido que usas, es decir, aceptar que sus modelos de análisis económico fueran espurios, meramente justificativos de no-se-sabe-quién. Pero desde luego no son falsables en el sentido Popperiano, ya que el mundo de los modelos parte de una limitación previa de variables que hace la falsabilidad practicamente imposible. Todos los grandes economistas son, no pueden ser otra cosa, que retóricos y seductores. Incluso, os sobre todo, cuando tratan de convencernos de que son lo contrario.

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      • Antonio Fernández Porrúa

        Cuando la condición de falsabilidad no es posible, hay que recurrir a la noción de utilidad.

        Los economístas y los sociólogos plantean hipótesis y teorías que son más útiles en tanto y cuanto predicen el futuro con más acierto y antelación.

        El materialismo histórico y el keynesianismo tienen capacidad de predicción, y por lo tanto resultan útiles per se.

        (De los otros que has citado no conozco nada)

        De lo que no me cabe duda es de que cuando una escuela sociológica o económica (o psicológica, o pedagógia, o incluso biológica) tiene éxito a pesar de que su útilidad para predecir es escasa o nula, no se debe a una mejor capacidad para la retórica y la seducción sino a que sirven para apuntalar ideologías o para defender intereses.

        Yo mismo, me siento más seducido por aquellas teorías que reafirman mi modo de pensar o son mejores para mis intereses.

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