Desde mi sillón de orejas

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 3 de marzo de 2015 ~ 5 ~ 0

La Crisis y sus explicaciones y soluciones alternativas

KFWimerRecordad la advertencia.

Cuando hablamos de la Crisis estamos hablando, en general, de estas cosas que acabo de mencionar (al final del post anterior) que son justamente de las que se nutren las páginas económicas y no pocos editoriales de todos los periódicos desde hace siete años.

Estalló una burbuja en los EE.UU. cuyo origen hay que buscarlo en el desmesurado crecimiento financiero de este país, resultado a su vez, según explicó Varoufakis en su bestseller «El Minotauro global», de los dos déficits gemelos americanos -el fiscal y el de balanza de pagos- que atrajeron todo el ahorro mundial hacia ese país desorbitando el sistema financiero.

Este sistema financiero se tambaleó a resultas del estallido de la burbuja inmobiliaria y la globalización de los mercados financieros hizo que éstos sirvieran ahora no tanto para mitigar riesgos como para propiciar el contagio entre las instituciones financieras de todo el mundo más o menos rápidamente. Las crisis financieras pronto se convirtieron en crisis de endeudamiento, tal como la historia económica nos ha enseñado repetidamente por activa y por pasiva y, en consecuencia, se hizo más y más difícil la emisión de deuda y el uso de la inversión pública para salir del pozo.

El endeudamiento aumentó enormemente en la creencia de que todo terminaría pronto, pero no fue así revelando otros problemas menos generales. En Europa no cabía la devaluación si queríamos mantener el euro como moneda fuerte (con todo lo que eso significa) por lo que la situación no tenía salida fácil; en España, como en Grecia, se procedió a una devaluación interna (que se ha traducido en devaluación salarial) y, quien más quien menos, con diferencias entre norte y sur, incrementó el desempleo.

Y ahí estamos en este momento en el que nos preguntamos si hemos aprendido algo. Ahora me toca por lo tanto argüir mi aseveración inicial de que sólo sabemos que no sabemos lo que sería bueno que supiéramos. Trataré de hacer ver que esto es verdad antes de poner en duda la posibilidad de reconocer esta noción.

La Economía, como toda ciencia más o menos «dura», suspira por la unidad y no es de extrañar que se haya hecho un esfuerzo enorme por unificar el modelo central o básico microeconómico y el modelo macroeconómico con el que nos manejamos para lidiar con los problemas mencionados y tomar medidas adecuadas de Política Económica. No estoy seguro de que esta tendencia a la unificación sea una estrategia óptima, pero me parece imposible de esquivar.

Ahora bien esta unificación pudo realizarse hace cuarenta años aproximadamente de dos formas alternativas. O bien comenzamos por el modelo central o básico con un cierto rozamiento que hace que no todos los mercados estén en equilibrio en todo momento, o bien iniciamos nuestro trabajo a partir del modelo central puro y duro en el que todos los mercados posibles están siempre en equilibrio.

En el primer caso podríamos permitirnos introducir problemas de falta de información y de formación de expectativas sobre el valor de ciertas variables en un futuro hoy desconocido y, en consecuencia, introducir de manera natural el dinero fiduciario como un depósito de valor que nos permite trasladar poder de compra entre períodos de tiempo. Esto dio origen a la Macroeconomía del Desequilibrio aparentemente prometedora durante la época de los sesenta pero que fue desvaneciéndose durante el inicio de los setenta con cambios notables en ciertos autores cono Barro y Grossman que se cambiaron de bando de manera ostentosa.

En el segundo caso no podemos permitirnos introducir mecanismo alguno de formación de expectativas pues toda la información disponible será usada y, en este modelo, toda ella está disponible. Es pues necesario, tal como nos avisó Lucas en 1970, que no quede información sistemática sin utilizar o, lo que es lo mismo, que las expectativas han de ser racionales.

Como no hay manera de modelar la racionalidad de las expectativas de manera operativa en situaciones de desequilibrio, la profesión se quedó con este segundo caso al precio de hacer de la introducción del dinero algo artificioso. Este segundo caso da origen a la Macroeconomía del Equilibrio que se plasma en su modelo canónico, el «Dinamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) model». Es la adoración de la racionalidad por parte de los teóricos de la economía la que rompe el esfuerzo por comprender como resultado de la bifurcación en la manera de «hacer macroeconomía».

Curva de PhilipsUn ejemplo relativamente sencillo nos hace ver que esta diferenciación en la forma de unificar la Economía no es algo trivial. Pensemos en la llamada Curva de Phillips que relaciona la tasa de inflación y la tasa de desempleo y cuya forma es crucial a efectos de la toma de medidas ante una situación, por ejemplo, de desempleo. Si en su representación habitual la curva tiene una pendiente negativa quiere decir que una relajación de política monetaria que incremente la inflación traerá consigo una disminución de la tasa de desempleo. Si esta curva es vertical no hay manera de reducir el desempleo mediante la generación de inflación.

Notemos ahora que un partidario de la Macroeconomía del Desequilibrio usando su modelo con expectativas adaptativas -no racionales- pensará que la curva de Phillips tiene pendiente negativa y se convertirá en un intervencionista. Análogamente un partidario de la Macroeconomía del Equilibrio con su modelo firmemente anclado en la racionalidad de las expectativas pensará que la curva de Phillips es vertical y se convertirá, siguiendo a Friedman o a Phelps, en un partidario de no intervenir.

Pues bien, durante la Gran Moderación y a pesar de no pocas crisis menores, estas no eran lo suficientemente amenazadoras para los países centrales con lo cual los economistas, especialmente los teóricos, se concentraron en sus ambiciones académicas desarrollando el modelo DSGE, así como su uso econométrico, hasta límites insospechados ganando una enorme credibilidad basada en el reconocimiento profesional de su actividad teórica. También es cierto que los intervencionistas aprendieron también a sofisticar sus modelos, pero por alguna razón adicional (que yo relacionaría otra vez con la adoración de la racionalidad) su influencia no ha ido en paralelo con la calidad de su trabajo.

Pero la Política Económica no la deciden en general los académicos sino los economistas que ocupan puestos básicos en las instituciones como los bancos centrales o los tesoros nacionales. Y así nos encontramos con que en el año 2008, y quizá con independencia de las luchas académicas, unos países tomaron medidas monetarias y fiscales claramente intervencionistas mientras que otros u otras zonas económicas se ataron al mástil del no usar nunca la política monetaria y solo un poco la fiscal dada la situación de endeudamiento.

Recordemos cómo incluso al final de la administración Bush, antes de que Greenspan dejara la FED, este último junto con el secretario del Tesoro, Paulson, colaboraron al rescate de la banca estadounidense en noviembre del 2008 con la excepción famosa de Lehman Brothers. Al mismo tiempo el entonces Presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, aumentaba los tipos de interés.

Es esta división en la Economía una de las variadas causas de las diferencias en el tratamiento de la crisis junto con otras que quizá son fruto de la idiosincrasia histórica de los diferentes países. Mi comentario amargo es, en este punto, que es muy posible que si esa división no se hubiera realizado de manera tan poco seria, las medidas no hubieran sido tan distintas y, más en particular, se hubieran evitado los efectos perniciosos de un exceso de austeridad .

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 28 de febrero de 2015 ~ 5 ~ 1

Sobre Economía: micro y macro

Behavioral Economics: Buy the Right ThingRecordad la advertencia.

Seáseme permitido comenzar por el principio diciendo que la economía moderna es un sistema, complejo o no, en el que se mueven los seres humanos desde casi el comienzo de los tiempos y que la Teoría Económica o Economía con mayúscula es un intento de entender la asignación de recursos entre esos agentes, ya sea para el consumo ya sea para la producción, a partir de una caracterización de esos seres humanos, incluida la racionalidad, y de una institución que se llama mercado.

Este intento de entender acabó generando un modelo central, el sistema de equilibrio general, en el que un número muy grande de agentes individuales, dotados de cantidades finitas de un gran número de bienes, los intercambian en el mercado determinando así un precio para cada mercancía en cada fecha y en cada posible estado de la naturaleza hasta llegar a una situación en la que no hay otra asignación posible que sea unánimemente preferida.

Los estudios sistemáticos de este modelo central constituyen la Microeconomía y aquí los economistas han generado resultados muy potentes y muy útiles para la organización de una sociedad en la que quizá no tengamos siempre «todos» los mercados abiertos, en la que surgen nuevas instituciones para poder trasladar poder de compra entre fechas o entre estados de la naturaleza que reducen el riesgo o en la que se usan bienes públicos que nadie quiere contribuir a sufragar.

En estos estudios se han generado muchas ideas respecto a la regulación o a la lucha contra los monopolios; se ha relajado la hipótesis de la racionalidad instrumental y se ha comenzado a elaborar lo que se llama «Behavioral Economics» en la que se estudian todos estos temas en un contexto en el que los agentes individuales se mueven por motivos e incentivos bien entendidos por los psicólogos (como el Nobel Kahnemann) a través de experimentos y que conforman una racionalidad menos estereotipada en la que cabe el altruismo e incluso la racionalidad expresiva (en la que uno no solo compra bacalao porque le gusta sino porque eso le identifica como bilbaíno); se han entendido mucho mejor los mercados financieros, incluidos los de derivados raros, se ha elucubrado sobre la posibilidad de emergencia de burbujas y se han estudiado los mecanismos de gobernanza de la empresas etc.

Este campo de la Microeconomía, en el que florece por ejemplo el último premio Nobel, Jean Tirole, no plantea problemas y sigue siendo un campo abierto como se puede ver pensando, por ejemplo, en la discusión relativamente reciente sobre la unificación de las agencias regulatorias independientes en España del que por una u otra razón se habla muy a menudo.

Este modelo central básico es, sin embargo, tan abstracto y ambiguo como para no poder ser utilizado sin más para estudiar ciertos problemas como el paro, el déficit presupuestario, la inflación, la balanza de pagos o los tipos de cambio. Estos problemas exigen la agregación de las variables micro en variables macro que, al no ser muy numerosas, pueden ser manejadas con relativa facilidad y nos permiten albergar la esperanza de poder llegar a recomendar medidas de política económica entendibles e implementables y sobre las que los políticos pueden discutir.

Esta es la Macroeconomía y la mayoría de los últimos premios Nobel han recaído sobre estudiosos de esta rama (desde Lucas a Prescott pasando por Sargeant). Tomemos el modelo central, agreguemos todos los agentes en uno solo y todas las empresas en una sola y dejemos correr el modelo a lo largo del tiempo, con unas gotitas de aleatoriedad, observando su comportamiento, que puede generar ciclos en el empleo o en la inflación o períodos largos de aburrimiento como «La Gran Moderación» de los noventa.

Esta breve explicación es suficiente, señores académicos, para que a continuación pueda concentrarme en la explicación de la crisis y en la exploración de las posibles explicaciones y las correspondientes posibles soluciones.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 26 de febrero de 2015 ~ 5 ~ 3

Introducción

Advertencia. Ayer , día 25 de Febrero tuve el honor de pronunciar la segunda conferencia del Aspen Institute España Fellowship Program bajo el título de «Lo que no hemos aprendido de la Gran Recesión». Como me pasa a menudo, mi charla era demasiado larga por lo que tuve que saltarme algunas partes. Con el permiso de Aspen Institute España voy a tratar de reproducir aquí todo lo que tenía programado decir pero de una forma un tanto peculiar. Voy a cambiar el estilo de escritura para construir una parte de un intento de novela que comencé hace tiempo supuestamente en París y que todavía no tiene nombre definitivo pero que aquí denominaré El Discurso de la Academia. Y lo voy a hacer en varios posts que irán apareciendo bajo este nombre precedidos por un enlace a esta advertencia.

Introducción

discursoBuenos tardes y muchas gracias por la disposición que muestran ustedes, distinguidos miembros de esta Academia, a escuchar a este humilde candidato al ingreso. Me dispongo a exponer en alta voz lo que llevo pensando hace años, que no hemos aprendido nada de esta crisis económica que, con el nombre de la Gran Recesión, hemos sufrido desde julio del 2007 hasta hoy en varias fases que han afectado de manera diferenciada a distintos y países y zonas económicas en un mundo globalizado y que hoy todavía nos tiene en vilo a los europeos por el asunto de Grecia y su reto a la U.E a partir del triunfo de Syriza.

Se han escrito miles de páginas al respecto que podría clasificar. Podría así mismo resumir las innumerables ideas en unas pocas claves que parecen haber ganado crédito en estos años en el mundo de las publicaciones técnicas. Podría también dar una opinión, más o menos informada, sobre el éxito relativo de unas u otras medidas de política económica e incluso puedo filosofar un poco sobre el significado de «aprender». Podría hacer todo eso y algo de todo ello haré, pero creo que es sano y honrado que, desde el principio, de este discurso les diga, ilustres académicos, que ante la pregunta «¿qué hemos aprendido de la crisis?» voy a responder que nada y que, eso, saber que no sabemos nada que no supiéramos, es ya mucho, pues nos abre todo un espacio de trabajo significativo y creo que rupturista.

A partir de este momento dividiré mi exposición en cuatro partes. En primer lugar y por un deseo de completitud comenzaré exponiendo lo que todos sabemos es la Economía con mayúsculas separando estratégicamente lo que es el modelo básico microeconómico y cómo del surgen dos familias de modelos macroeconómicos. En segundo lugar trataré de aclarar cómo las ideas explicativas sobre la Gran Recesión proceden, en parte, de una u otra de estas familias y cómo esas ideas llevan a sugerencias de políticas económicas alternativas. En tercer lugar contestaré en negativo la pregunta sobre lo que hemos aprendido lo que me llevará a un epílogo en el que avanzaré mi convicción de que debemos cambiar no solo nuestra manera de trabajar en Economía sino también lo que entendemos por aprender y lo que consideramos es la verdad.

En los siguientes posts iré completando este programa en la esperanza de que constituyan quizá la parte final de la la novela con la que lucho delatando el carácter débil y contemporizador de su protagonista salpimentado con ciertos toques de protesta y de acusaciones amargas.
Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 22 de febrero de 2015 ~ 3

Predatory Journals

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Predatory Journals es el nombre genérico que se da a las revistas científicas tramposas a través de las cuales se pueden cometer graves pecados científicos, o eso parece a la luz de estos posts en NesG: el de Bagües en el que se cita al de Fernandez Villaverde. En uno de los comentarios a este segundo post el autor del primero hace un buen resumen de la situación.

Me sorprende que algunos comentaristas sean tan indulgentes con el tema de los predatory journals (por no hablar de las predatory conferences). Para los lectores que no pertenecen al mundo académico, se trata de falsas revistas científicas internacionales gestionadas por individuos ajenos al mundo científico que a cambio de una módica suma te publican el artículo, independientemente de su calidad. Puede que haya algún caso en el que el autor ingenuamente no se haya enterado, pero en general se trata de un pacto de canallas en el que ambas partes salen ganando: el pseudoeditor de la falsa revista se lleva el dinero de las fees y el autor con pocos escrúpulos adorna su CV con una publicación en una revista internacional con un nombre rimbombante. No engaña a nadie del gremio que se dedique medianamente a la investigación pero puede colar como mérito en según qué situaciones. Y aunque no tengo pruebas de ello, no me extrañaría que gran parte de estas publicaciones en estas falsas revistas científicas internacionales se estén pagando con dinero público.

Suena todo un poco feo pero también raro porque no es creíble que nadie piense que cuando recibe una invitación a escribir en uno de estos Journals debido a la gran reputación que le adorna en el campo correspondiente, se lo trague. Es una falsedad tan grande como cuando un presunto amigo te pide dinero por mail, desde Sri Lanka, digamos, para poder volver a casa puesto que le han robado la cartera con el dinero y el billete de avión.

Y, sin embargo, no consigo indignarme por la existencia de estos Journals predatorios o por su uso para rellenar el CV o por el «mal» uso del dinero público para pagar la publicación correspondientes. Es algo tan tonto que tampoco entiendo bien que alguien se dedique a hacer la lista de estos Journals. Su presunta mala calidad debería ser evidente a partir de su lectura y si no lo fuere pues igual no está tan mal que existan estas revistas tramposas.

Curiosamente los detractores de este pequeño timo me recuerdan a los que atacan las protestas de los taxistas ante la emergencia de, por ejemplo, este medio de transporte colaborativo que se llama Uber. Alguien respetable como Richard Stallman, que además de nacer el mismo día que yo aunque algunos años más tarde, y haber pasado por este winterworkshop de la FUE como enemigo de la propiedad intelectual, explica aquí sus razones para recomendar que, en las circunstancias actuales, no se use. Pero, sin embargo, a mi me parece que no hay quien pare este arreglo que acabará siendo totalmente legal en cuanto se elabore una cierta regulación única para el gremio tradicional y para los que ofrecen sus servicios a través de Uber.

Pero volviendo al problema de la defensa de la verdad científica y la denuncia del error, no veo razón alguna para que no haya una especie de almacén central de publicaciones, bien ordenadas, sobre las cuales cualquiera pueda hacer de referee, anónimo si quiere, explicando sus reticencias o denunciando errores, reticencias y errores que todo el mundo puede leer y sopesar.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 17 de febrero de 2015 ~ 5

Seducción y verdad

Palas Atenea imponiendo la paz entre el oficio y la industria, por Federico Amutio y Amil
Todos estos días han sido como unos ejercicios espirituales ignacianos en los que he intentado saber, una vez más, quién soy y, en segunda instancia, si ese individuo que yo soy merece o no esta pertenencia pública a una élite que no respeto. No he perdido el tiempo sino que he tratado de entender qué es la sabiduría y si yo me puedo creer que realmente soy un sabio, tal como afirmaba aquí, o si lo soy más que mi posible predecesor y amigo poco a poco cobardemente abandonado por mí. Mi idea original era no admitir esa oferta debido a que Javier, como ejemplo de persona que pertenecía a esa banda y a la que yo tendría que rendir homenaje, no lo merecía pues su obra no tenía nada de esa economía teórica que yo aprecio y a la que he tratado de aportar sin demasiado éxito. Pero, de repente, he encontrado una obra suya que me ha dejado asombrado justamente por su sabiduría y que sin embargo ha sido totalmente ignorada por sus colegas, incluido yo, me temo.

Hace más de veinte años, en efecto, publicó un librito inclasificable bajo el nombre extraño de «Seducción y Verdad» que he recordado que me regaló en su día y que nunca leí. No es de extrañar que tampoco nadie me hablara de él pues mis colegas desean y necesitan contribuir significativamente al conocimiento y no pierden el tiempo en leer algo que comienza con esta cita de Raymond Chandler un autor que nada tiene que ver con el conocimiento económico y que tampoco parece que pueda ayudar a acercarse a lo que podríamos llamar sabiduría:

No tiene por qué ser una magnífica escritura.
No tiene por qué ser terriblemente buena.
Basta con que sea mía.

A pesar de esta sospecha inicial resulta que en la siguiente página del Prólogo leo lo siguiente que me deja tocado.Tratando de explicar por qué va a escribir sobre cuatro autores neoclásicos del siglo XIX afirma que lo hace..

…como banco de pruebas para observar cómo se las arregla un individuo para hacer de la teoría económica su obra, esa especie de secreción interna que, como vaciado en yeso de sí mismo, le refleja y permanece ahí tangible, objeto de manipulación física y mandala de meditación, salvándole de la inanez de la vida y,finalmente, quizá, de la muerte.

Esto ya se parece más a la búsqueda de la sabiduría y en los párrafos siguientes me deja asombrado y cabreado pues me doy cuenta de que he perdido años en mi propia búsqueda de sentido pues podría haber aprendido mucho de él si hubiera leído que lo que pretendía era exorcizar esa dificultades para vivir que sentimos los hombres y que se puede entender como…

…sentirnos a la deriva sin timón en un mundo caótico, en donde no hay jueces o testigos que atestigüen o validen nuestro devenir personal.

Desde estas primeras páginas de este libro de quien fue mi amigo y al que fui abandonando porque se desviaba del buen camino hacia la verdad, aparece lo que ahora yo llamaría la búsqueda de esa sabiduría que yo podría haber aprendido de él, pero que me negué a hacer para seguir colaborando a lo que yo consideraba conocimiento científico a fin de sentirme como parte de un grupo de gentes respetables que dedican su vida a la creación de algo que, al final, no me hizo sentirme orgulloso nunca.

Y, de esa manera me sentí frustrado y me mentía a mí mismo contándome en silencio que lo que yo necesitaba era una forma de pensar que,como decía Javier….

…me permitiera construir una verdadera quilla que me permitiera navegar, a la deriva sí, pero de forma enhiesta y orgullosa.

Sospecho que a la luz de este trabajo de Javier que, en su día, desprecié pueda yo, no solo decidir sobre mi respuesta de ingreso en la academia de XXXX, sino también ser capaz de entender el porqué de estas dubitaciones que ya me resultan bastante cargantes. Tengo que leerlo entero pues ya desde este prólogo me produce celos de esa sabiduría a la que aspiraba desde aquella juventud en la que parecía que nos entendíamos. No dice nada nuevo sobre la “verdad”, una mera propiedad de nuestro lenguaje, pero reconoce que esa verdad, nunca definitiva, nos deja insatisfechos.Con años de adelanto estaba ya descubriendo lo que ahora se ha empezado a llamar sabiduría y que él llamó seducción. Esto es lo que escribe:

He llegado a comprender que por «seducción» entiendo la sintonía erótica con el mundo real. Entrando en resonancia con el pulso de las cosas conocemos el mundo de una manera visceral y podemos dejar huella en él, quizá transformarlo, aunque es posible que nunca lleguemos a entender.

Me siento muy mal por no haber sido capaz hace veinte años de haber atendido a este amigo que debió sentirse entristecido por el hecho de que yo pusiera la verdad por delante de la vida y ello me llevara al distanciamiento precisamente cuando lo que nos unía eran preocupaciones vitales de las que dejamos de hablar y que, ahora entiendo, a él le dirigieron por el camino de la sabiduría y a mí por el del conocimiento. No sé si su camino le llevó a la soledad y si ésta fue satisfactoria. Sí creo saber que mi camino hacia el conocimiento me granjeó muchos amigos aparentes que, sin embargo, solo lograban ocultar apenas una soledad de fondo. Ramón: ¡pregúntate ahora para qué sirve un timón si has perdido la quilla!

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 13 de febrero de 2015 ~ 0

Autenticidad y sabiduría

paseandoDesde hace tres años paseo por la ciudad siguiendo las instrucciones del librito del infartado tal como expliqué en este post en el que trataba de explicar, y me atrevía a mejorar, una de las más famosas ideas de Nietzsche, la del Eterno Retorno. Los paseos que allí describía, siempre cuesta abajo y a la sombra, han continuado siendo fuente de muchas ideas y «ocurrencias» que a menudo encuentran su sitio en ese pequeño cuadernito o agendita que siempre llevo encima y en ocasiones son expandidas en este blog o en otros lugares más públicos. El paseo por lo tanto es ya una parte de mi vida tanto laboral, yendo y viniendo a y de la oficina, como de fin de semana en paseos sin meta que me permiten descubrir rincones para mí desconocidos que me transportan a otro mundo. Lo curioso es que en estas caminatas me siento yo mismo y no me reconozco pues el entorno me refleja un ser que desconozco.

De vez en cuando los paseos de fin de semana los hago acompañado de otras personas y es precisamente una de estas personas,CA, la que me ha regalado un libro, escrito por Frédéric Gros, un filósofo francés, en 2008, editado aquí por Taurus y que lleva por título justamente «ANDAR. Una filosofía». Ya sabía que Nietzsche era un gran andarín aunque no imaginaba que lo era tanto, que llegaba a andar hasta 10 horas diarias en algunos momentos de su vida. Sabía que Thoreau era un gran escritor y recuerdo haber leído Walden como un elogio de la vida retirada, pero no estaba al tanto, o no recordaba, que era un paseante fervoroso. Tampoco sabía que esta afición o necesidad afectaba también a a Rousseau y a Rimbaud. Y aunque la experiencia de caminar parece tener unos orígenes diferentes en unos u otros (más allá de la necesidad de huir y estar solo) los efectos de poner un pie delante de otro de manera acompasada en medio de la naturaleza son a menudo parecidos en casi todos ellos: una especie de descubrimiento de uno mismo que les cambia la vida aislándoles de las convenciones sociales. Parece que,aunque no lo hace Gros, al menos en la mitad del libro que llevo leída, podríamos decir que esas enormes caminatas en la naturaleza les proporciona a estos y otros autores eso que se suele llamar autenticidad,una noción difícil de entender cuando no se refiere a una cosa u obra de arte, un algo a lo que podríamos acercarnos mediante la lectura de este libro de Gros, cosa bien de agradecer pues, más allá de la familiaridad con el «Sein und Zeit» de Heidegger, imposible de adquirir para el lego, no hay forma de saber lo que queremos ser cuando deseamos ser auténticos. Y tampoco sabemos si esa propiedad del carácter se puede obtener de otra manera que caminando precisamente en la naturaleza.

Es precisamente esa aparentemente necesaria cercanía a la naturaleza y sus variaciones, esa lejanía de la vida urbana,la que parece estar por debajo de la autenticidad de los pensadores citados. Si esta aparente conexión entre autenticidad y naturaleza es realmente necesaria abandono toda esperanza de alcanzar esa propiedad del ser humano. Odio la naturaleza a no ser que se le haya domesticado un poco y la odio porque me da miedo. Y no se trata de un miedo a conocerme a mí mismo pues este miedo ya lo exorcicé en el diván. Se trata de un terror a la muerte que siempre está tan cerca de la naturaleza. Si el hombre es auténtico solo cuando reconoce que es un «ser para la muerte», me temo que no tengo esperanza alguna de llegar a ser auténtico.

A no ser, claro está, que ese ser siempre el mismo y solo el mismo se pueda alcanzar de otra manera. Se trataría de olvidarse de las convenciones sociales o memes que definen una identidad colectiva, noción esta que podría confundirse con la de autenticidad cuando, en realidad, son lo contrario pues para ser yo mismo todo el tiempo y tal como dije en una revista seria de filosofía, tengo que desprenderme de esa identidad mediante esa traición secuencial a la que, a veces, he alabado como única forma de llegar a ser tu mismo. Esa renuncia es más fácil cuando uno tiene posibilidades de convivir en el seno de sociedades con convenciones definitorias distintas a aquellas con las que uno se identifica en uno u otro momento. Y esto es hoy más fácil cuando sus paseos son urbanos en una ciudad en la que conviven muchas identidades distintas. Cuando uno sigue esta vía más de hoy en día ocurre que, a menudo, resume de una cierta identidad en los contactos en los que incurre en su camino hacia la autenticidad.

La autenticidad como vemos puede exigir sacrificios y cierta soledad, cosas estas que la hacen casi inaccesible. Le pasa lo mismo que a la sabiduría: que como es difícil de definir la confundimos a menudo con el conocimiento. Así decimos que un experto o un buen científico son sabios, lo que puede ser cierto, pero no porque sepan mucho de una cosa o de muchas. Alcanzar la sabiduría es difícil sin partir de conocimientos acumulados, pero hay que ir más allá, lo que posiblemente exija olvidar sus detalles para trascenderlos mediante respuestas pensadas a preguntas muy razonables aunque nada corrientes.

Una de estas podría ser si, por ejemplo Nietzsche, era un sabio o un simple experto en filología griega. Es esto, la filología, lo que estudió y lo que le llevó a Basilea en donde como profesor jovencísimo logró un enorme éxito. Pero, sin embargo, lo que este joven profesor alemán perseguía no era el conocimiento en sí sino, más bien, esa sabiduría que exige, como la autenticidad, soledad y desapego a poder ser simultáneos. Esto es lo que rezumaba este post reciente en el que yo me negaba a ser un experto y afirmaba, con cierta ironía que era un sabio.

Pero debería preguntarme si se puede ser un sabio sin haber pasado por el conocimiento que hace de uno un experto. Mi experiencia me dice que esto no es posible pues la sabiduría es una especie de metaconocimiento algo impracticable cuando no se tiene conocimiento, de la misma forma que no se puede alcanzar la individuación sin la pertenencia. Y porque creo esto no me puedo quedar con esas ideas bien intencionadas pero, en mi opinión, cortas que relacionan la sabiduría con la espiritualidad o con el rechazo de ciertos valores humanitarios, como la salud, cuya persecución poco sabia haya podido ser la causa de algunas tragedias (talidomida por ejemplo). No, la sabiduría es un metaconocimiento que trasciende la manera convencional de dar por sentada una verdad. Si se trata habitualmente de la concordancia entre la palabra y la cosa, la sabiduría nos dice que no hay ninguna verdad eterna. Y es esto lo que produce una soledad y una inseguridad que solo se cura vaciando la cabeza en el paseo solitario.

Termino autocitándome:

No es muy difícil cantar a la diversidad como catalizadora de la generación de conocimiento; pero resulta que es también una enorme ayuda para la persecución exitosa de la sabiduría siempre que por semejante cosa no nos limitemos a entender la persecución de un conocimiento trufado de valores espirituales o de objetivos que protejan nuestra especie. No niego que la sabiduría puede añadir efectividad a estas finalidades, pero ellas no conforman la sabiduría como tal sabiduría que sí que podríamos considerar como el objetivo último a perseguir. Esta sabiduría necesita diversidad que a su vez exige el nomadismo entre diversas especialidades de la ciencia…

Nótese que este párrafo puede aplicarse tanto al conocimiento y su relación con la sabiduría como a la autenticidad y las convenciones sociales. Sin estas y sin conocimiento no podemos esperar alcanzar la autenticidad o la sabiduría.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2210 ~ 8 de febrero de 2015 ~ 2

Nomadismo y sabiduría

Varufakis
Con ocasión del triunfo de Syriza hemos tenido la oportunidad de rastrear en la red no pocas ideas del nuevo Ministro de Finanzas griego. Entre ellas llama la atención, por inesperada en un académico,su orgullo de ser una especie de economista-en-residencia en una empresa de videojuegos que se llama Valve. No solo nos hace pensar que el economista académico puede ser un activo en una empresa sino también un profesional que puede colaborar a que las empresas no solo estén interesadas en la generación de beneficios, sino que, como un medio hacia ese fin, se empeñen en generar conocimiento e incluso sabiduría. Estas dos cosas se desprenden de una intervención específica de Varufakis (que ahora no encuentro) en la pone mucho énfasis en lo que podría parecer una trivialidad o una simple curiosidad: el hecho de que todas las mesas tengan ruedas de forma que todo trabajador pueda desplazarse hacia donde le parezca que sus cualidades pueden ser más útiles. Se trata de una especie de nomadismo interior a la empresa cuya descripción por el economista-en-residencia nos sirve para ir más allá de esta empresa en particular y acercarnos hacia la comprensión de lo que son el conocimiento y la sabiduría.

El tránsito continuo entre diferentes grupos, cada uno de ellos formado por individuos con sus propias ideas surgidas de diferentes orígenes, es una forma útil de visualizar y pensar la vida nómada. Para empezar las mesas con ruedas son incompatibles con esas jerarquías que podrían entenderse como la forma de control que correspondería a un nomadismo de grado cero en el que los contactos entre diferentes mentes se limitan más o menos arbitrariamente. Estas jerarquías son pues nocivas para la búsqueda del conocimiento pues este florece en comunidades igualitarias. Imaginemos lo pobre que sería un desarrollo científico en el que cada investigador no pudiera intercambiar su conocimiento con otros pares bien sea de manera natural a través del irrefrenable deseo de contrastar ideas o bien sea mediante las instituciones creadas al efecto como podría ser el proceso de revisión por pares. No es por casualidad que cada día es más fácil acceder al conocimiento de primeras versiones de artículos ambiciosos. Un ejemplo de este rasgo del proceder científico en los últimos tiempos se ilustra en este artículo (referenciado en El Correo de las Indias) en el que se demuestra que cada vez la búsqueda de conocimiento se lleva acabo menos en el interior de las empresas y cada vez más en instituciones públicas que no solo generan rentas a las empresas privadas por cargar con los costes de la investigación, sino que, en cierta medida, contribuyen a diseminar el conocimiento que seguramente permanecería menos visible si fuese generado por la iniciativa privada.

Esta defensa del nomadismo intelectual es generalizable al nomadismo en general. Lo interesante es, sin duda, imaginarse un mundo en el que todas las comunidades del tipo que sean, fueran nómadas y pensar en el intercambio de ideas y de prácticas que los encuentros esporádicos traerían consigo así como en el enorme empuje al conocimiento que este nomadismo traería consigo. El Propio Varufakis nos proporciona un ejemplo de esas posibles ganancias en conocimiento cuando aprovechando dos artículos muy dispares sobre desigualdad acaba confesando aquí que ha aprendido más del autor que no respira ideológicamente como él que de aquellos que defienden la igualdad con razones ortodoxas. Y su defensa de quien en principio parecería estar contra la igualdad acaba siendo un canto a la diversidad de ideas al diferenciar desigualdad de diferencia o, yo diría, de diversidad; diversidad y diferencia que pueden ser compatibles con la desigualdad.

No es muy difícil cantar a la diversidad como catalizadora de la generación de conocimiento; pero resulta que es también una enorme ayuda para la persecución exitosa de la sabiduría siempre que por semejante cosa no nos limitemos a entender la persecución de un conocimiento trufado de valores espirituales o de objetivos que protejan nuestra especie. No niego que la sabiduría puede añadir efectividad a estas finalidades, pero ellas no conforman la sabiduría como tal sabiduría que sí que podríamos considerar como el objetivo último a perseguir. Esta sabiduría necesita diversidad que a su vez exige el nomadismo entre diversas especialidades de la ciencia y/o el conocimiento tal como pretendía decir yo en este post. Es decir, la especialización no es siempre tan fructíferas como a veces se pretende con lo que la multiplicación en las formas de buscar el conocimiento igual no es tan enriquecedora y solo refleja intereses creados. Sin embargo, creo que empiezan a serlo cuando dejamos de considerarlas especialidades con sus propios ritos y variadas cohortes de sacerdotes y comenzamos a ver en ellas ideas distintas de las que no se puede prescindir si queremos acercarnos a la sabiduría en sí misma.

Juan Urrutia2210 ~ 13 de diciembre de 2014 ~ 0

Mis adminículos

bilbaobaldosaTengo un buen y querido amigo que dice a quien quiera oírle que me conoció con boina, paraguas y barba. Yo siempre aclaro que se confunde y que nunca he llevado esos tres adminículos juntos. Y es verdad, pero creo que también lo es, y debo confesarlo, que dependiendo del tiempo, a veces sí que llevo tres adminículos curiosos juntos, pues aunque la barba no duró mucho, la que siempre va conmigo es la gabardina, esa prenda que ya solo llevamos los muy mayores pero que, en mi caso, no deja obsoletos ni la boina ni el paraguas. Quizá esto es así pues hubo un tiempo, allí en mi infancia bilbaína, en el que sí que me protegía con boina, paraguas y gabardina en mi camino al colegio. Hacía frío, humedad y una fina lluvia que nunca cesaba de manera que, al acarreo de los libros escolares, debía añadir cada día esas tres defensas contra el mal tiempo. ¡Aquello era vida! Sobre todo por la tarde, después de comer en casa y de asistir a las clases hasta las siete de la tarde. Volver a casa era como una aventura de Salgari. Siempre lloviendo, casi siempre oscuro como una noche casi cerrada y con un frío que la gabardina no podía contrarrestar. Caminaba rápido, con ganas de protegerme, pero sobre todo de disfrutar de las sorpresas que me podrían estar esperando en casa una vez desembarazado del paraguas, la gabardina y la boina. Escribo esto cuando, por fin ha llegado a Madrid lo que la gente llama el mal tiempo, ese que yo asocio a la felicidad en mi Bilbao infantil con un clima que me llevaba allí, y hoy me lleva aquí, a caminar al ritmo exacto de lo que se llama vida, algo entre la nostalgia y el aburrimiento pero siempre presidido por esa todopoderosa esperanza exaltada de las sorpresas que me esperaban al llegar al calor del refugio, esperanza exaltada esta que, pase el tiempo que pase, nunca acaba por apagarse o serenarse.

Juan Urrutia2210 ~ 6 de diciembre de 2014 ~ 0

Tximeleta y Wittgenstein

tximeletaSe ha roto la racha y por primera vez en mucho tiempo nuestra venida a Bilbao no ha traído el sol consigo. Hace un tiempo de perros y los yates del Abra apuntan su proa hacia el noroeste evidenciando el que denominamos viento gallego, el que, a diferencia del francés, trae el mal tiempo. Graniza y hace frío y me paseo por nuestra casa renovada tratando de encontrar el sitio adecuado para cada cuadro pues el cambio del entorno exige una renovación de lo que lo enmarca. Pero lo que da forma y sentido a un entorno no son solo los cuadros; también cuentan otros elementos. Como, por ejemplo, las mesitas bajas. La nueva del salón tiene forma de ala de mariposa y debe ser por eso que, tomando la parte por el todo, recibe el nombre comercial de tximeleta. Se me ha ocurrido que cuando llegue el momento de volver a LA para siempre puedo ocupar mis mañanas en escudriñar por donde sopla el viento y colocar la proa de esa mesa tan ligera en dirección al viento que toque. Una forma esta de no distinguir el interior del exterior añadiendo un intento más a esta tarea terca en la que estoy enganchado y que trata de escapar de la prisión del lenguaje siguiendo la estela de Wittgenstein. Quizá algún día pueda decir que yo hablo y que ya no es cierto que el lenguaje me habla. Pero quizá esta tarea pueda ir más allá de lo esperado e invertir los términos. Estoy dispuesto a sugerir en el Ayuntamiento que proporcione boyas adicionales de forma que todos los yates estén amarrados a dos boyas simultáneamente comprometiendo así la dirección de su proa. El viento habrá dejado de ser un fenómeno del exterior y se habrá convertido en una característica identitaria de mi casa cuya tximeleta habrá de ser consultada por los meteorólogos.

Juan Urrutia2210 ~ 3 de diciembre de 2014 ~ 0

Adios al lenguaje

La última película de Jean-Luc Godard: un joven de 84 años que se da cuenta de lo que aquí hace tiempo llamé el fin de la heurística y de la concomitante obligación de subvertir el lenguaje para que no caigamos en el engaño de creer que las cosas tienen sentido porque podemos contar historias. En la discusión en la que me enzarcé en ése post Godard habría estado de mi parte y lo muestra ya desde el título de esta película, «Adiós al Lenguaje», de donde sale el título de este post.

A los dos días de disfrutar de la película de Godard escuché con relativa atención una conferencia de Fredric Jameson sobre la globalización y la representación en la que este señor tan serio nos venía a contar que la globalización en la que se habría desarrollado la postmodernidad en el campo cultural era muy difícil de representar en sí y que no daba origen a ninguna forma realmente novedosa de representación de uno u otro tipo que mereciera ser entendida como cultura. En la discusión del post citado hubiera estado en el otro bando junto con Vargas Llosa y tratando de relacionar el «High Frequency Trading» (aunque no pronunció estas palabras) con la falta de sentido de las producciones que pretenden ser cultura y no son sino mercancías en un mundo en el que el capitalismo ya no tiene alternativa. Ambos Godard y Jameson son o han sido marxistas y esta forma de ver el mundo les ha condicionado su discurso. Pero mientras uno ha renunciado a esa representación de las épocas históricas, el otro continúa buceando en esas aguas en busca del sentido de las formas de representación en el siglo XXI. A este crítico de la cultura se le entiende todo, es un profesor frankfurtiano y, por tanto, se entiende también cuando no acierta con su diagnóstico. Al primero, que es un artista, que ha renunciado a entender o a explicar, no se le entiende nada y por eso es mucho más didáctico pues nos enseña que «allá nosotros», una de las pocas cosas que hoy se pueden enseñar sin sentir el ridículo.

Juan Urrutia2210 ~ 27 de noviembre de 2014 ~ 0

Señales malas

Malas SeñalesHe pasado unos días retirado bajo el poder de los antibióticos y solo me he enterado de lo que pasa en la calle a través de la televisión o internet cada vez más alejados ambos de las señales que uno capta cuando va y viene del trabajo. Seguramente me picó un bicho en el oído y probablemente fue en el tren. Renfe no es lo que era hasta antes de ayer, el tren estaba sucio, se olvidaron de ofrecerme auriculares y la puerta del servicio no cerraba bien. Unas señales no muy alentadoras respecto a la situación económica por mucho que los medios nos quieran hacer creer que vamos mejor.

Tumbado en mi chaise longue he vuelto a oír al chatarrero original ofrecer sus servicios. Servicios dirigidos hacia los hogares que ya no pueden sostenerse y tienen que vender algo viejo que sea de hierro. Y simultáneamente he notado la desaparición del tapicero que un día también voceó ofreciendo este otro tipo de servicio que parecería más a tono con una recuperación que da alas a la imaginación aplicada a la redecoración de una casa que estaba pidiéndolo a gritos después de unos cuantos años de austeridad. Pero cuando ya he vuelto a salir, más o menos recuperado creo haber notado otras malas señales.

Son malas tanto porque no se trata de señales técnicamente correctas como porque no creo que anuncien nada bueno. No solo he detectado una mayor mendicidad contradiciendo así los signos de recuperación que nos proporcionan las estadísticas macro voceadas por los medios, sino también un incremento notable de la mendicidad vergonzante. Señoras bien ataviadas con abrigos de hace unos años pero que todavía hacen su papel y que se acercan a uno con cortesía y musitan que les ayudes-que tengas piedad. Sigo preparado para mi rumanita a la que todas las mañanas le doy algo aunque sospeche que es parte de una mafia, pero no lo estoy para estas señoras arregladas que dirías acaban de salir de la peluquería. Es como si fueran las últimas víctimas de una contienda bélica y generan la misma especial tristeza por haber recibido la última bala del último disparo antes del armisticio.

Juan Urrutia2210 ~ 18 de noviembre de 2014 ~ 0

Dos gemelos

ibarra y petitboEl otoño y la edad son dos factores que, juntos, producen una cierta tristeza y, en mi caso, una merma de mis facultades mentales. Hoy no quiero insistir en mis lloros de viejo, sino hacerles ver que no he perdido todas mis facultades. Hay una que continúa tan viva como siempre. Me refiero a esa capacidad fisiognómica mía que acentúa cada vez más su poder de, no solo reconocer parecidos físicos, y sobre todo faciales, sino de revelar otras afinidades. Fijémonos primero en Amadeo Petitbo y a continuación en Juan Carlos Rodriguez Ibarra. Aproximadamente de la misma edad ambos han sido profesores de universidad a un nivel u otro y mientras el segundo ejercía de político de primera fila el otro pasó por el Tribunal de defensa de la Competencia para recalar luego en el mundo de las Fundaciones. Sus facciones, especialmente la barbilla muestra en ambos determinación y sentido de la realidad.

Juan Urrutia2210 ~ 11 de noviembre de 2014 ~ 1

Esta semana

abside burgalésFui a Barcelona y a Marsella siguiendo lo que Susan Miller me predijo. Resulta que vuelvo de este viajecito (del que ya les contaré) y no puedo evitar volver a consultar a mi nueva astróloga para ver lo que los astros me tienen preparado. Es en efecto cierto que estoy pensando en hacer una nueva escapada, esta vez a Bilbao, y me topo con que ella me aconseja que:

… realice un itinerario que además de educativo también sea inspirador.

No se cómo podría variar el itinerario habitual de ida y vuelta entre Madrid y Bilbao, pero supongo que ahí está justamente el reto. Quizá debería no parar en Landa sino entrar en Burgos y recogerme un ratito en la catedral. En caso de que esta visita no pueda ser llevada a cabo, Susan me dice que tendré que ocupar mi tiempo

…con revistas y libros que le hagan viajar mentalmente,

lo que me lleva a preguntarme a donde querría viajar realmente y me contesto que creo que a Uruguay.

Pero me siento inquieto porque no se trataría de un viaje sustitutivo en todos los sentidos ya que mi nueva astróloga termina diciendo que:

… debe asegurarse de que su lista de lectura esté llena de publicaciones que son aceptables académicamente

Pero ¿es esto lo que realmente deseo? Creo que, antes de decidir cómo enfoco esta semana, no me queda otra que concentrarme y reflexionar sesudamente sobre mi viaje recién terminado y de ahí sacar consecuencias académicas.

Juan Urrutia2210 ~ 31 de octubre de 2014 ~ 3

Dos reflexiones: Introducción

industrialorgtiroleHace unos días la Fundación Areces organizó una sesión sobre el reciente premio Nobel Jean Tirole, cuya obra fue glosada por David Pérez Castrillo, Gerard Llobet y Luis Garicano. Los dos primeros nos presentaron unas transparencias que dejaban entender muy pronto que Tirole había trabajado, y muy duro, durante cuarenta años, en el área de Organización Industrial y en todas sus subáreas, así como en todos los instrumentos exigidos para su desarrollo riguroso. Su libro, en efecto, continúa siendo, después de hace más de veinte años, una referencia en el área. Faltaba que alguien indicara que también había trabajado en macro y en finanzas; pero Luis Garicano optó por obviar ese área en sí y, prescindiendo de transparencias, disertar sobre la necesidad de entender la simultaneidad, en el estudio del problema básico de la Ciencia Económica, del funcionamiento de los mercados y el de la autoridad, manifestada esta última en instituciones cuya regulación eventual debe ser estudiada siguiendo los pasos del flamante Premio Nobel. Esta última intervención, quizá por su sorprendente formato, me llamó la atención por su generalidad y me sugirió un par de reflexiones que pienso desarrollar un poco en próximos posts. En el primero trataré de resumir un antiguo argumento que desarrollé en un working paper ya antiguo sobre las condiciones bajo las cuales puede ser hasta conveniente la propiedad privada de una empresa de ciencia básica. En el segundo, de carácter más metodológico, indagaré algunas de las razones por las cuales es más difícil el progreso en Macro que en Micro.

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