Desde mi sillón de orejas

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 20 de marzo de 2015 ~ 0

El deseo de destrucción como anuncio de un mundo nuevo

saltando al Sol
Hace unos días escribía sobre el deseo de destrucción que de vez en cuando me ataca, especialmente cuando creo percibir una cierta sacralización de la cultura del pasado en medio de un período social y económicamente difícil. A los casos allí mencionados hoy tendría que añadir el caso de los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias que solo ha servido para subrayar los límites de la ciencia, abrir el apetito de los que esperan ganar algo convirtiendo ese convento en un lugar de peregrinación turística y una protesta débil por parte de filólogos o críticos literarios que con pudor nos dicen que lo que importa son sus obras y solo sus obras. Este episodio me ha traído a la mente algo que escribí hace unos dos años sobre una posible distinción entre la descomposición del mundo que nos gustaría que fuera el nuestro y a la que asistimos casi a diario, según muchos posts de El Correo de Las Indias, y algo que denominé desmoronamiento.

En este post del 10 de enero del año 2013 proporcionaba ejemplos de lo que seis días antes había escrito sobre esta figura del desmoronamiento . Hoy podría multiplicar esos ejemplos por un factor muy alto pues desde aquel año han proliferado los casos de corrupción, ejemplos evidentes de lo que llamaba desmoronamiento algo que, además de vergonzoso, nos avisa, por vía negativa, de cuales son las partes de nuestro sistema de vida en común que deberíamos tratar de reconstruir o reparar mientras todavía permanezcan vivas y se pueden salvar. Decía en aquel entonces lo siguiente:

Nadie puede con esta fuerza que salta en cuanto se piensa sin prisas y sin intereses creados en lo que hay que deshacer para poder vivir juntos en un mundo sin fronteras y formado por cientos de proyectos alternativos de formas de vida propias de los que conversamos sin miedo

Esa fuerza a la que me refería es la que surge del deseo de destrucción sobre el que escribía hace tres días. Se trata por lo tanto de la lucha contra aquello que nos rompe la convivencia o nos une en una falsa convivencia que, en lugar de construir, nos precipita en el desmantelamiento. Un ejemplo de esa falsa convivencia es justamente la propaganda oficial de la derecha sobre el movimiento bolivariano de raigambre comunista con el que se pretende atacar a Podemos y que se está convirtiendo en una verdad acríticamente compartida sin dar oportunidad ninguna a los que han sabido conversar civilizadamente sobre ese movimiento. En el primero en el tiempo de los dos posts citados al principio trataba yo de decir que sobre el movimiento bolivariano podríamos hablar tranquilamente y con una mayor inteligencia si recordamos algunas ideas que parecen haberse olvidado cuando se trata de dejar fuera de juego a una fuerza política que quizá podría frenar el desmoronamiento. Lo copio aquí con unos pequeños toques que faciliten la comprensión:

Algo parecido al deseo de destrucción es lo que sienten Vattimo y Zabala en el libro que citaba en este post. Pero las ideas de estos dos autores no son nuevas pues ya estaban en los escritos de Laclau y Mouffe de hace treinta años en torno a las ideas de Antagonismo Agónico y Hegemonía. Ya podemos dejarnos de metafísica y pensar que hay ahí un mundo por explotar. pensemos en que ya no hay más que mundos alternativos defendidos por unos o por otros y que pujan entre ellos por ser hegemónicos imponiendo los objetivos de unos u otros. Una visión de lo político y de lo económico que debiera hacernos pensar en la fraternidad en el ejercicio de la lucha agónica por la hegemonía. Sin ella nos convertiremos en unos violentos tristes por no saber controlarnos; de hecho nos destruiremos y acabaremos llegando a la descomposición.

Pero no parece que la idea de fraternidad se encuentre hoy en el repertorio del teatro político. Por lo tanto si queremos no tener que oler el hedor de los cadáveres de muchas buenas ideas debemos luchar por ampliar el repertorio del teatro de nuestra vida. A poco instinto de supervivencia que tengamos no tenemos más remedio que reconocer que si y cuando la crisis se acabe estaremos en un mundo nuevo en el que las formas de vida habrán cambiado así como la manera de relacionarnos. Se me antoja que una forma de poder otear hacia donde nos dirigimos es mirar a las formas que está tomando la fraternidad mencionada más arriba y repasar un poco las distintas versiones que está adquiriendo la Sharing Economy como forma de fraternidad, versiones éstas que no se limitan a Uber en el campo del transporte o a Airbnb en el del alquiler de viviendas por cortos períodos y que se cruzan con los esfuerzos por entender el contenido y la viabilidad de lo que entendemos por Comunidad.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 17 de marzo de 2015 ~ 2

Deseo de destruccion

Niki He pasado varios días sin postear, quizá demasiados. Hemos estado en Bilbao con ocasión de una boda y, como siempre que vuelvo por ahí, me lío solo. Ya sea paseando aunque diluvie y la humedad me carcoma los huesos, ya sea visitando los museos de Bilbao y especialmente sus exposiciones temporales o ya sea hojeando libros viejos que mantienen su posición en la biblioteca y que me evocan años de juventud en los que compraba mucha literatura en lenguajes distintos del castellano y de cuyo contenido apenas si recuerdo algún detalle poco relevante. Aunque de vez en cuando recuerdo lo suficiente como para darme cuenta de que las editoriales no se arriesgan mucho con autores jóvenes y reeditan escritores famosos hace más de cuarenta años cuando yo los leí por primera vez.

Quizá sea por este último detalle o por cualquier otra razón; pero lo cierto es que me he preguntado insistentemente, mientras paseaba bajo la lluvia, por el porqué de ese respeto reverencial por el pasado o por ciertas huellas de ese pasado que denominamos cultura. Pienso por ejemplo por el por qué de ese entusiasmo por esa avalancha de pintura del famoso museo de Basilea con la que me encuentro en Madrid a mi vuelta y que se expande por el Prado y por el Reina Sofía. O también, como otro ejemplo, por la cantidad de comentarios sobre cultura que creo haber leído estos días fuera de casa. Sobre su importancia general o sobre la exigencia por parte de los creadores de esa presunta cultura de reducir el IVA. Me harta la cultura oficial aunque la defiendo a muerte contra aquellos que pretenden introducir una asignatura sobre emprendimiento ya desde primaria. Creo firmemente que a efectos de crear riqueza o de conseguir sobrevivir sirve más un cierto conocimiento de matemáticas o de historia que todas las técnicas que se nos venden para sacar adelante una empresita.

Y la cabeza me da vueltas después de visitar el museo de Bellas Artes, el nuestro, el de toda la vida, que nos ofrece una retrospectiva bastante completa de la pintura del Equipo Crónica y también esa otra retrospectiva en el Guggenheim de Niki Saint Phalle. Conozco bien la pintura del Equipo Crónica y siempre he entendido su aportación crítico-periodística de su pintura. No me entusiasma pero me enseña; un didactismo que agradezco pues me da claves para entender épocas de mi juventud. Sin embargo apenas si sabía algo de esta otra pintora rebelde y yo diría que furiosa. Y lo que sabía iba descaminado pues me parecía una simpática productora de muñequitas graciosas.

Es difícil llamarle simpática después de hacerme una idea de su biografía y de su manera particular de desplazar el centro de la cultura pictórica de París a New York por lo que uno debe mirarle con los mismo ojos con los que ha mirado en su momento a gentes como Pollock o como Rothko que representaban un nuevo comienzo con el expresionismo abstracto y que me hicieron pensar que yo estaba en el centro de la historia.

Lo que esta mirada me dice es que entre la violación de su padre a los 11 años y los tiros de carabina contra superficies abarrotadas de tubos de pintura Niki en su feminismo expreso dejaba semioculto su deseo castrador de un falo odioso al que querría destruir. Sus declaraciones en un film del año 65 acerca de lo que para ella era el feminismo y el por qué lo que ella hacía era parte de esa liberación valiente eran un poco redundantes pues basta con ver su pintura para percibir su deseo de destrucción y su falta de respeto por la cultura del pasado por mucho que uno pueda llegar a admirarla.

Si bien Equipo Crónica deconstruye la pintura del pasado o de su propio tiempo, Niki Saint Phalle destruye todo lo pasado como si se tratara de la huella de un holocausto que no hay que olvidar y que hay que odiar para poder construir un mundo en el que ciertos seres puedan vivir en igualdad de condiciones con todos los que hasta ahora han pisado a esos seres aparentemente transparentes que nadie parece distinguir en el horizonte. Y esta impresión, acertada o no, me ha recordado algunas de mis furias. Como aquella que me llevo a destruir buena parte de mis propios escritos y de la que dejé testimonio aquí contando cómo hace unos tres años esa furia me exigió arrojar papeles a la basura dentro de bolsas de plástico: destruir como un nuevo principio que nunca se daría sin ese acto salvaje y poco respetuoso con el pasado y su posible verdad.

Es solo a la luz de estos episodios que se entiende quizá mi reciente gusto por la furia destructiva yihadista hoy y talibán hace años. Recuerdo ahora el primer episodio de mi odio a la cultura y su memoria recordando la destrucción de aquel par de budas en Bumeyan y siento cómo el último ha venido constituido por la destrucción con bastones de madera o de hierro de figuras del arte milenario al norte de Irak. Ambos episodios han podido ser vistos prácticamente en directo como lo de las torres gemelas. Destruir la cultura antigua sin duda relacionada con una vida de seres sojuzgados no es lo mismo que destruir seres humanos; pero no me hago ilusiones de que esta separación sea suficiente. Espero que mis locos deseos de destruir el Louvre sean simplemente una locura de senectud y que no incluya matar a los visitantes embobados.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 12 de marzo de 2015 ~ 0

Contra la división del trabajo

división del trabajo

En un FT reciente (4 de marzo) Walter Isaacson, el biógrafo del creador de Apple, Steve Jobs, escribe una pequeña nota recordando el error de los luditas que destruían las máquinas de la revolución industrial con el pretexto de que dejaban a mucha gente en la calle, cosa que no ocurrió debido a que la nueva tecnología que dejaba obsoletos los telares creó otros muchos sectores cuyo desarrollo generó puestos de trabajo. Lo mismo va a pasar, opina Isaacson, en relación a los nuevos luditas que piensan que mucho del desempleo actual se debe, no a las máquinas de vapor como en aquellos tiempos, sino a las nuevas tecnologías digitales que si bien acabarán de momento con algunos puestos de trabajo, finalmente crearán otros. Seguramente Isaacson tiene razón pero todo esto lleva su tiempo y mientras tanto las cifras del desempleo aumentan o no bajan en países como Grecia o España en lo que no parece que las nuevas tecnologías estén creando puestos de trabajo diferentes en cantidades significativas.

Lo que el desarrollo tecnológico sí que trae consigo son cambios en la forma de convivencia y en las relaciones entre las clases sociales. Las relaciones entre el dueño de la tierra y sus trabajadores no es la misma que existe entre el dueño del telar y los obreros que contrata o entre el fundador y dueño de una start up y sus colaboradores. El paternalismo esclavizante dio paso a las relaciones laborales entre patrón y sindicatos y poco a poco estamos viendo cómo los trabajadores contratados en una plataforma basada en una tecnología digital ya son casi colegas del fundador y los clientes a veces podrían ser considerados como socios por las aportaciones gratis que realizan. Porque creo que las cosas van por ahí me pareció escaso el comentario que Isaacson hace sobre la sharing economy como posible futuro de lo que se llamaban las relaciones laborales.

Se me ocurre que este tipo de economía asociada a la tecnología digital pone en juego algo sagrado en la economía hasta ahora: nada menos que la división del trabajo y la noción de capital asociada al rodeo de la producción. Esta especialización que presuntamente traía la división del trabajo y que estaba por debajo del aumento en la productividad ha llegado demasiado lejos dentro de empresas grandes que han llegado a serlo estirando la lógica de una economía en la que la única forma de aumentar la productividad era el rodeo de la producción. Además de la casi segura alienación del trabajador que deja de encontrar sentido a lo que hace, la productividad puede disminuir.

Un ejemplo basta. Pensemos en la dificultad de poner fibra óptica en un hogar a fin de incrementar la velocidad de las conexiones cibernéticas. Acude a casa el operario de la empresita instaladora subcontratada por la compañía telefónica en un ejercicio de división del trabajo. La compañía telefónica no le ha contado al instalador por dónde bajan los cables del teléfono lo que exige una enorme pérdida de tiempo por parte de este instalador. Pero ahí no termina la cosa pues una vez desvelado este misterio, el instalador tiene que enterarse a través de un electricista (a su vez subcontratado por la compañía eléctrica correspondiente) por dónde y cómo pasa, o se puede hacer pasar, un cable que vaya de la centralita al router. Claro está que a la vista de todo esto podríamos pensar en fundar una nueva empresa que reuniera en sí misma las capacidades de instaladores telefónicos y de electricistas; pero mucho me temo que en cuanto creciera volvería a repetir los errores de la excesiva división del trabajo.

Esta excesiva división del trabajo y el correspondiente alargamiento del proceso productivo pueden no traer consigo un incremento redentor de la productividad, pero también es verdad que si se reacciona a tiempo se pueden obtener ventajas mediante la eliminación de intermediarios que hasta ahora permanecían ocultos. Pensemos en la edición de un libro y las personas por las que pasa para horror del autor. El editor te sugiere cambios, recortes o añadidos para que se venda más. El corrector te corrige no sólo la ortografía o la sintaxis sino que además se permite ignorar las innovaciones de estilo introducidas por al autor. En estas condiciones la posibilidad de autopublicarse es una bendición que ha traído consigo la supresión de la excesiva división del trabajo.

Termino con otro ejemplo relacionado con un post anterior. En el mundo de la ciencia acabar con los referees parecería una sugerencia herética y falta de respeto por la calidad y, finalmente, nada menos que por la verdad; pero lejos de ello ahorraría el tiempo que los mejores dedican a esta tarea que parece innecesaria cuando cualquier investigador puede subir su trabajo a la red y ponerlo a disposición de toda la comunidad científica, incluidos los referees adecuados según criterios viejos pero respetables. En este caso podríamos decir que todos compartimos la labor de perseguir la verdad. Un bonito ejemplo de la Sharing Economy.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 8 de marzo de 2015 ~ 5 ~ 0

Epílogo

Beto Compagnuci Collage

En lo que queda hasta que termine con esta exposición sin duda demasiado larga voy a tratar de explorar algunas ideas sobre esta raíz malsana y a terminar con ciertas reflexiones semifilosóficas.

La globalización nos ha llevado al intento de entender el comportamiento de grupos de países y, como además, cada país es un sistema complejo en sí mismo, nos encontramos con un artefacto cuyo funcionamiento querríamos conocer pero no sabemos con qué herramienta pues las existentes solo parecen servir como parámetros que determinan el progreso académico. No es este el lugar para usar el poco tiempo que me queda en perdernos en la introducción a los sistemas complejos o a la unión entre distintos sistemas complejos.

Hay, sin duda, maneras conocidas de saber algo sobre estos sistemas, pero las matemáticas adecuadas están tan lejos de la tradición de la Economía y no hay intentos generales de cambiar el paso y estudiar, por ejemplo, el sistema económico global como un sistema complejo único y someter su equilibrio o similar al examen de lo que ocurre cuando hay un shock externo significativo (entre otras cosas porque no hay forma de entender lo que es el exterior del conjunto de países cuyo funcionamiento queremos estudiar).

Esta es la motivo por el que no me atrevo en este instante a explicar las razones que han llevado a Grecia a su situación actual o a pronosticar el final de las deliberaciones peliagudas que, sin duda, van a tener que darse e los próximos meses entre Syriza y el Eurogrupo. O ni siquiera a opinar sobre, por ejemplo, la conveniencia de reducir la jornada laboral para repartir el empleo, una idea esta que no se ha vuelto a mencionar en esta crisis quizá por su fracaso en la Francia de Mitterand.

Pero la admisión de la conveniencia de entender el sistema económico como un sistema complejo no nos libra de la necesidad de modelar este sistema complejo con lo que volvemos al enigma inicial de si hacerlo como en equilibrio o como en desequilibrio con lo cual hemos de continuar preguntándonos cómo aceptaremos un modelo complejo determinado frente a otro alternativo.

Dejando de lado esta cuestión difícil recordemos alguna de las características de los sistemas complejos. Por un lado en general esperamos que la solución no sea única con lo cual no sabremos muy bien qué nos aconseja en materia de Política Económica, si, por ejemplo, reducir la jornada de trabajo o no hacerlo pues ambas respuestas son posibles dependiendo de la especificación del sistema. Por otro lado una manera muy natural de entender las soluciones dinámicas de un sistema complejo es como path dependent (dependientes del recorrido) de manera que a dónde llega nuestro sistema o a dónde le lleva la medida de Política Económica que estemos analizando depende de por dónde empieza o qué medidas consideramos que se introducen en cada momento.

Beto Compagnuci Collage 2Esta dependencia del recorrido hace que el incentivo a meterse de lleno en el uso de modelos de sistemas complejos de mucha pereza entre otras cosas porque cuando la solución no sea de nuestro agrado como gestores del sistema no quedaría más remedio que volver atrás y explorar otro cambio de política y volver a examinar su trayectoria ante ese cambio paramétrico. Da pereza pero no veo otro posibilidad especialmente cuando caemos en la cuenta que nuestro mismo pensar económico- y me atrevería a decir que cualquier tipo de pensamiento- y en cuanto es el resultado del quehacer del sistema complejo formado por aquellos que lo conforman es también dependiente del recorrido y puede llegar a una situación final que, al no ser la mejor, exija volver atrás y tomar una de la bifurcaciones abandonadas. Este sería el caso de los modelos DSGE que, si admitiéramos que no nos alumbran con su luz los efectos de la Política Económica, debieran ser abandonados y, como dependientes del recorrido que son, sustituidos por otros de los que fueron abandonados por las razones que fuera, una humilde sugerencia esta que sometí al tiempo que defendía la macroeconomía del desequilibrio como más cercana a una nueva teoría macroeconómica. Decía:

Me refiero a lo que acarrea de «venganza» generacional por el mero hecho de afirmar que las cosas habrían ido mejor si un filtro nada mágico no hubiera puesto a dormir a toda una manera de pensar en Economía por el mero hecho de la dificultad de su formalización. No solo se pretende despertar a la bella durmiente, sino despertar nuestros sentidos a esa belleza que solo se menciona en las explicaciones sobre la deriva de las ideas cuando se refiere a formalizaciones matemáticas y no a la llamarada deslumbrante de una idea.

Y con el examen de esas razones para admitir o rechazar modelos termino. A nadie de la audiencia que me haya seguido hasta aquí le extrañará que, por coherencia conmigo mismo, diga que quizá tenemos que abandonar ese criterio que presuntamente utilizamos a efectos de seleccionar teorías, ese falsacionismo de Popper que nos permite mantenerlas mientras no hayan sido probadas falsas. Lo que está ocurriendo es que se mantienen aunque estén muy cerca de haber sido probadas falsas porque las sostiene el grupo social formado por quienes practican esta rama del saber. Hay pues que abandonar el falsacionismo e inventarnos otra manera de palpar nuestro camino hacia la verdad. Quizá, sugiero para cerrar definitivamente, que consideremos como verdad no la teoría en la que se da la correspondencia entre la idea y la cosa, sino aquella teoría que más ha costado parir, esa idea que se ha impuesto al grupo a pesar de la dinámica compleja de ese mismo grupo. O quizá la idea o teoría que más nos seduzca o que más se acerque a la sabiduría, algo distinto del conocimiento aunque éste fuera indiscutible. Pero esto es otra historia con la que no me atrevo a castigarles señores académicos.

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 5 de marzo de 2015 ~ 5 ~ 0

¿Hemos aprendido algo?

discurso academia

Tengo que ir terminando esta exposición pero no antes, señores académicos, de que deshaga una posible confusión.Estas distintas posiciones a un lado y otro del Atlántico que acabo de mencionar no eran necesariamente el resultado de los esfuerzos alternativos descritos por unificar la Economía pues había – y sigue habiendo – muchas otras diferencias entre países, desde sus particulares orígenes históricos y terminando por sus raíces ideológicas. Esto es así no cabe duda aunque tener en cuenta esos esfuerzos es algo que merece la pena como se verá enseguida.

En cualquier caso lo cierto es que la medicina intervencionista americana surtió efecto y el sistema financiero se mantuvo en pie, mientras que Europa fue testigo de un anti-intervencionismo disfrazado de austeridad. Estas decisiones alternativas repercutieron en diferentes situaciones macroeconómicas en los países centrales y en impactos inesperados en todos los países que no estuvieran fuera del circuito económico global. Poco a poco en Europa se fue dibujando una línea que separaba a los países virtuosos del Norte de los dilapidadores del Sur entre los cuales Grecia y España fueron empujados a situaciones casi desesperadas tal como mostraría el simple examen de sus tasas de desempleo.

Las experiencias de unos y otros países no han sido determinantes para que podamos decir que la realidad nos ha ido enseñando algo. Académicamente los economistas de agua dulce -como se llama a los académicos de Chicago y Minnesotta- continúan con su paseo triunfal por el camino de la elaboración teórica como si ésta nada tuviera que ver con la realidad mientras que los economistas de agua salada -los de Nueva Inglaterra digamos- insisten en su intervencionismo más basado en intuiciones prácticas que en el desarrollo de una Economía del Desequilibrio que todavía está ahí esperando su desarrollo tal como explique no hace tanto tiempo. A los primeros se les llamaría nuevos clásicos y a los segundos nuevos keynesianos y en el lenguaje popular se enfrentan el neoclasicismo y el neokeynesianismo.

¿Hemos aprendido algo de este enfrentamiento real y de esos desarrollos teóricos cerrados en sí mismos? Recuerdo lo que avancé desde el principio:

Ante la pregunta de si hemos aprendido algo de la crisis voy a responder que nada y que, eso, saber que no sabemos nada que no supiéramos, es ya mucho pues nos abre todo un espacio de trabajo significativo

La Economía ha seguido desarrollándose, los modelos Dinámicos y Estocásticos de Equilibrio General (DSGE) son dada día más sofisticados y se aplican a problemas que aparentemente son relevantes como, por ejemplo, si hay un nivel de endeudamiento que, sobrepasado, hace la situación irreversible de manera natural y permanente o si un cierto sistema de pensiones es sostenible. Sus respuestas son inteligentes y respetables, pero no se puede decir que la realidad haya zanjado estas cuestiones y, como lo mismo se podría decir de los modelos neokeynesianos, aun cuando hayan sido sometidos a los mismos renovados tratamientos. Nos encontramos en una situación rara y desalentadora. No sabemos nada nuevo y, lo que quizá es peor, no conocemos la raíz de nuestra ignorancia. ¿Podríamos quizá decir algo a este respecto?

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 3 de marzo de 2015 ~ 5 ~ 0

La Crisis y sus explicaciones y soluciones alternativas

KFWimerRecordad la advertencia.

Cuando hablamos de la Crisis estamos hablando, en general, de estas cosas que acabo de mencionar (al final del post anterior) que son justamente de las que se nutren las páginas económicas y no pocos editoriales de todos los periódicos desde hace siete años.

Estalló una burbuja en los EE.UU. cuyo origen hay que buscarlo en el desmesurado crecimiento financiero de este país, resultado a su vez, según explicó Varoufakis en su bestseller «El Minotauro global», de los dos déficits gemelos americanos -el fiscal y el de balanza de pagos- que atrajeron todo el ahorro mundial hacia ese país desorbitando el sistema financiero.

Este sistema financiero se tambaleó a resultas del estallido de la burbuja inmobiliaria y la globalización de los mercados financieros hizo que éstos sirvieran ahora no tanto para mitigar riesgos como para propiciar el contagio entre las instituciones financieras de todo el mundo más o menos rápidamente. Las crisis financieras pronto se convirtieron en crisis de endeudamiento, tal como la historia económica nos ha enseñado repetidamente por activa y por pasiva y, en consecuencia, se hizo más y más difícil la emisión de deuda y el uso de la inversión pública para salir del pozo.

El endeudamiento aumentó enormemente en la creencia de que todo terminaría pronto, pero no fue así revelando otros problemas menos generales. En Europa no cabía la devaluación si queríamos mantener el euro como moneda fuerte (con todo lo que eso significa) por lo que la situación no tenía salida fácil; en España, como en Grecia, se procedió a una devaluación interna (que se ha traducido en devaluación salarial) y, quien más quien menos, con diferencias entre norte y sur, incrementó el desempleo.

Y ahí estamos en este momento en el que nos preguntamos si hemos aprendido algo. Ahora me toca por lo tanto argüir mi aseveración inicial de que sólo sabemos que no sabemos lo que sería bueno que supiéramos. Trataré de hacer ver que esto es verdad antes de poner en duda la posibilidad de reconocer esta noción.

La Economía, como toda ciencia más o menos «dura», suspira por la unidad y no es de extrañar que se haya hecho un esfuerzo enorme por unificar el modelo central o básico microeconómico y el modelo macroeconómico con el que nos manejamos para lidiar con los problemas mencionados y tomar medidas adecuadas de Política Económica. No estoy seguro de que esta tendencia a la unificación sea una estrategia óptima, pero me parece imposible de esquivar.

Ahora bien esta unificación pudo realizarse hace cuarenta años aproximadamente de dos formas alternativas. O bien comenzamos por el modelo central o básico con un cierto rozamiento que hace que no todos los mercados estén en equilibrio en todo momento, o bien iniciamos nuestro trabajo a partir del modelo central puro y duro en el que todos los mercados posibles están siempre en equilibrio.

En el primer caso podríamos permitirnos introducir problemas de falta de información y de formación de expectativas sobre el valor de ciertas variables en un futuro hoy desconocido y, en consecuencia, introducir de manera natural el dinero fiduciario como un depósito de valor que nos permite trasladar poder de compra entre períodos de tiempo. Esto dio origen a la Macroeconomía del Desequilibrio aparentemente prometedora durante la época de los sesenta pero que fue desvaneciéndose durante el inicio de los setenta con cambios notables en ciertos autores cono Barro y Grossman que se cambiaron de bando de manera ostentosa.

En el segundo caso no podemos permitirnos introducir mecanismo alguno de formación de expectativas pues toda la información disponible será usada y, en este modelo, toda ella está disponible. Es pues necesario, tal como nos avisó Lucas en 1970, que no quede información sistemática sin utilizar o, lo que es lo mismo, que las expectativas han de ser racionales.

Como no hay manera de modelar la racionalidad de las expectativas de manera operativa en situaciones de desequilibrio, la profesión se quedó con este segundo caso al precio de hacer de la introducción del dinero algo artificioso. Este segundo caso da origen a la Macroeconomía del Equilibrio que se plasma en su modelo canónico, el «Dinamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) model». Es la adoración de la racionalidad por parte de los teóricos de la economía la que rompe el esfuerzo por comprender como resultado de la bifurcación en la manera de «hacer macroeconomía».

Curva de PhilipsUn ejemplo relativamente sencillo nos hace ver que esta diferenciación en la forma de unificar la Economía no es algo trivial. Pensemos en la llamada Curva de Phillips que relaciona la tasa de inflación y la tasa de desempleo y cuya forma es crucial a efectos de la toma de medidas ante una situación, por ejemplo, de desempleo. Si en su representación habitual la curva tiene una pendiente negativa quiere decir que una relajación de política monetaria que incremente la inflación traerá consigo una disminución de la tasa de desempleo. Si esta curva es vertical no hay manera de reducir el desempleo mediante la generación de inflación.

Notemos ahora que un partidario de la Macroeconomía del Desequilibrio usando su modelo con expectativas adaptativas -no racionales- pensará que la curva de Phillips tiene pendiente negativa y se convertirá en un intervencionista. Análogamente un partidario de la Macroeconomía del Equilibrio con su modelo firmemente anclado en la racionalidad de las expectativas pensará que la curva de Phillips es vertical y se convertirá, siguiendo a Friedman o a Phelps, en un partidario de no intervenir.

Pues bien, durante la Gran Moderación y a pesar de no pocas crisis menores, estas no eran lo suficientemente amenazadoras para los países centrales con lo cual los economistas, especialmente los teóricos, se concentraron en sus ambiciones académicas desarrollando el modelo DSGE, así como su uso econométrico, hasta límites insospechados ganando una enorme credibilidad basada en el reconocimiento profesional de su actividad teórica. También es cierto que los intervencionistas aprendieron también a sofisticar sus modelos, pero por alguna razón adicional (que yo relacionaría otra vez con la adoración de la racionalidad) su influencia no ha ido en paralelo con la calidad de su trabajo.

Pero la Política Económica no la deciden en general los académicos sino los economistas que ocupan puestos básicos en las instituciones como los bancos centrales o los tesoros nacionales. Y así nos encontramos con que en el año 2008, y quizá con independencia de las luchas académicas, unos países tomaron medidas monetarias y fiscales claramente intervencionistas mientras que otros u otras zonas económicas se ataron al mástil del no usar nunca la política monetaria y solo un poco la fiscal dada la situación de endeudamiento.

Recordemos cómo incluso al final de la administración Bush, antes de que Greenspan dejara la FED, este último junto con el secretario del Tesoro, Paulson, colaboraron al rescate de la banca estadounidense en noviembre del 2008 con la excepción famosa de Lehman Brothers. Al mismo tiempo el entonces Presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, aumentaba los tipos de interés.

Es esta división en la Economía una de las variadas causas de las diferencias en el tratamiento de la crisis junto con otras que quizá son fruto de la idiosincrasia histórica de los diferentes países. Mi comentario amargo es, en este punto, que es muy posible que si esa división no se hubiera realizado de manera tan poco seria, las medidas no hubieran sido tan distintas y, más en particular, se hubieran evitado los efectos perniciosos de un exceso de austeridad .

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2217 ~ 28 de febrero de 2015 ~ 5 ~ 1

Sobre Economía: micro y macro

Behavioral Economics: Buy the Right ThingRecordad la advertencia.

Seáseme permitido comenzar por el principio diciendo que la economía moderna es un sistema, complejo o no, en el que se mueven los seres humanos desde casi el comienzo de los tiempos y que la Teoría Económica o Economía con mayúscula es un intento de entender la asignación de recursos entre esos agentes, ya sea para el consumo ya sea para la producción, a partir de una caracterización de esos seres humanos, incluida la racionalidad, y de una institución que se llama mercado.

Este intento de entender acabó generando un modelo central, el sistema de equilibrio general, en el que un número muy grande de agentes individuales, dotados de cantidades finitas de un gran número de bienes, los intercambian en el mercado determinando así un precio para cada mercancía en cada fecha y en cada posible estado de la naturaleza hasta llegar a una situación en la que no hay otra asignación posible que sea unánimemente preferida.

Los estudios sistemáticos de este modelo central constituyen la Microeconomía y aquí los economistas han generado resultados muy potentes y muy útiles para la organización de una sociedad en la que quizá no tengamos siempre «todos» los mercados abiertos, en la que surgen nuevas instituciones para poder trasladar poder de compra entre fechas o entre estados de la naturaleza que reducen el riesgo o en la que se usan bienes públicos que nadie quiere contribuir a sufragar.

En estos estudios se han generado muchas ideas respecto a la regulación o a la lucha contra los monopolios; se ha relajado la hipótesis de la racionalidad instrumental y se ha comenzado a elaborar lo que se llama «Behavioral Economics» en la que se estudian todos estos temas en un contexto en el que los agentes individuales se mueven por motivos e incentivos bien entendidos por los psicólogos (como el Nobel Kahnemann) a través de experimentos y que conforman una racionalidad menos estereotipada en la que cabe el altruismo e incluso la racionalidad expresiva (en la que uno no solo compra bacalao porque le gusta sino porque eso le identifica como bilbaíno); se han entendido mucho mejor los mercados financieros, incluidos los de derivados raros, se ha elucubrado sobre la posibilidad de emergencia de burbujas y se han estudiado los mecanismos de gobernanza de la empresas etc.

Este campo de la Microeconomía, en el que florece por ejemplo el último premio Nobel, Jean Tirole, no plantea problemas y sigue siendo un campo abierto como se puede ver pensando, por ejemplo, en la discusión relativamente reciente sobre la unificación de las agencias regulatorias independientes en España del que por una u otra razón se habla muy a menudo.

Este modelo central básico es, sin embargo, tan abstracto y ambiguo como para no poder ser utilizado sin más para estudiar ciertos problemas como el paro, el déficit presupuestario, la inflación, la balanza de pagos o los tipos de cambio. Estos problemas exigen la agregación de las variables micro en variables macro que, al no ser muy numerosas, pueden ser manejadas con relativa facilidad y nos permiten albergar la esperanza de poder llegar a recomendar medidas de política económica entendibles e implementables y sobre las que los políticos pueden discutir.

Esta es la Macroeconomía y la mayoría de los últimos premios Nobel han recaído sobre estudiosos de esta rama (desde Lucas a Prescott pasando por Sargeant). Tomemos el modelo central, agreguemos todos los agentes en uno solo y todas las empresas en una sola y dejemos correr el modelo a lo largo del tiempo, con unas gotitas de aleatoriedad, observando su comportamiento, que puede generar ciclos en el empleo o en la inflación o períodos largos de aburrimiento como «La Gran Moderación» de los noventa.

Esta breve explicación es suficiente, señores académicos, para que a continuación pueda concentrarme en la explicación de la crisis y en la exploración de las posibles explicaciones y las correspondientes posibles soluciones.

«El síndrome del capataz», una novela de Juan Urrutia

Juan Urrutia2217 ~ 27 de diciembre de 2014 ~ 4

El Duverger de ma jeunese

LibrairieAcaba de fallecer Maurice Duverger un autor francés de derecho constitucional general, y de otros temas relacionados, que me empeñé en leer al principio de la carrera en aquel tiempo en el que no me interesaba nada lo que me enseñaban de economía y, en cambio, sentía mucha curiosidad por el derecho político público. Poco a poco fueron cambiando las tornas y, a medida que se especializaba el derecho y la economía se hacía más abstracta, me pasé a esta última. Pero no es esto lo que quiero contar. Lo que me viene a la cabeza son esos viajecitos a Biarritz a aquella librería en la que se podía pedir que te enviaran libros a Bilbao, libros imposibles de encontrar en esta mi ciudad. Una librería que desapareció hace años según creo recordar y pienso que con acierto pues no aparece en esta lista de tres librerías que incluye el kiosko de prensa del gran ciclista Darrigade. Nadie debe pensar que solo íbamos a Biarritz a ver cine bueno prohibido en España o a comprar el Playboy. También íbamos a comprar libros serios que, en mi caso me sirvieron para presentarme como un estudiante brillante cuando en realidad es ya desde aquel entonces que aprendí a sacarles partido a las contraportadas de libros con los que me hago. Olfateo y memorizo la contraportada sin llegar a leerlos y mucho menos estudiarlos.

Juan Urrutia2217 ~ 21 de diciembre de 2014 ~ 0

Otro gran primer párrafo

Call-me-IshmaelEl primer párrafo es donde un autor de ficción se la juega de verdad tal como decía hace ya muchos años usando como ejemplo el Call me Ismael de Melville. Siempre he pensado eso y puede que ahí esté la explicación de mi escasa, por no decir nula, producción literaria. Es imposible competir con ese primer párrafo de Moby Dick, o incluso con estos primeros párrafos de los que he escrito aquí (Bolaños) o aquí (Flaubert). Hoy he encontrado otro primer párrafo, en este caso de Jean Echenoz en su librito «Un año», que me ha llamado poderosamente la atención:

Victoire,luego de despertar una mañana de febrero sin recordar nada de la fiesta y encontrar a Félix muerto a su lado, en la cama, hizo su maleta, no sin antes pasar por el banco, y tomó un taxi rumbo a la estación de Montparnasse.

Juan Urrutia2217 ~ 13 de diciembre de 2014 ~ 0

Mis adminículos

bilbaobaldosaTengo un buen y querido amigo que dice a quien quiera oírle que me conoció con boina, paraguas y barba. Yo siempre aclaro que se confunde y que nunca he llevado esos tres adminículos juntos. Y es verdad, pero creo que también lo es, y debo confesarlo, que dependiendo del tiempo, a veces sí que llevo tres adminículos curiosos juntos, pues aunque la barba no duró mucho, la que siempre va conmigo es la gabardina, esa prenda que ya solo llevamos los muy mayores pero que, en mi caso, no deja obsoletos ni la boina ni el paraguas. Quizá esto es así pues hubo un tiempo, allí en mi infancia bilbaína, en el que sí que me protegía con boina, paraguas y gabardina en mi camino al colegio. Hacía frío, humedad y una fina lluvia que nunca cesaba de manera que, al acarreo de los libros escolares, debía añadir cada día esas tres defensas contra el mal tiempo. ¡Aquello era vida! Sobre todo por la tarde, después de comer en casa y de asistir a las clases hasta las siete de la tarde. Volver a casa era como una aventura de Salgari. Siempre lloviendo, casi siempre oscuro como una noche casi cerrada y con un frío que la gabardina no podía contrarrestar. Caminaba rápido, con ganas de protegerme, pero sobre todo de disfrutar de las sorpresas que me podrían estar esperando en casa una vez desembarazado del paraguas, la gabardina y la boina. Escribo esto cuando, por fin ha llegado a Madrid lo que la gente llama el mal tiempo, ese que yo asocio a la felicidad en mi Bilbao infantil con un clima que me llevaba allí, y hoy me lleva aquí, a caminar al ritmo exacto de lo que se llama vida, algo entre la nostalgia y el aburrimiento pero siempre presidido por esa todopoderosa esperanza exaltada de las sorpresas que me esperaban al llegar al calor del refugio, esperanza exaltada esta que, pase el tiempo que pase, nunca acaba por apagarse o serenarse.

Juan Urrutia2217 ~ 6 de diciembre de 2014 ~ 0

Tximeleta y Wittgenstein

tximeletaSe ha roto la racha y por primera vez en mucho tiempo nuestra venida a Bilbao no ha traído el sol consigo. Hace un tiempo de perros y los yates del Abra apuntan su proa hacia el noroeste evidenciando el que denominamos viento gallego, el que, a diferencia del francés, trae el mal tiempo. Graniza y hace frío y me paseo por nuestra casa renovada tratando de encontrar el sitio adecuado para cada cuadro pues el cambio del entorno exige una renovación de lo que lo enmarca. Pero lo que da forma y sentido a un entorno no son solo los cuadros; también cuentan otros elementos. Como, por ejemplo, las mesitas bajas. La nueva del salón tiene forma de ala de mariposa y debe ser por eso que, tomando la parte por el todo, recibe el nombre comercial de tximeleta. Se me ha ocurrido que cuando llegue el momento de volver a LA para siempre puedo ocupar mis mañanas en escudriñar por donde sopla el viento y colocar la proa de esa mesa tan ligera en dirección al viento que toque. Una forma esta de no distinguir el interior del exterior añadiendo un intento más a esta tarea terca en la que estoy enganchado y que trata de escapar de la prisión del lenguaje siguiendo la estela de Wittgenstein. Quizá algún día pueda decir que yo hablo y que ya no es cierto que el lenguaje me habla. Pero quizá esta tarea pueda ir más allá de lo esperado e invertir los términos. Estoy dispuesto a sugerir en el Ayuntamiento que proporcione boyas adicionales de forma que todos los yates estén amarrados a dos boyas simultáneamente comprometiendo así la dirección de su proa. El viento habrá dejado de ser un fenómeno del exterior y se habrá convertido en una característica identitaria de mi casa cuya tximeleta habrá de ser consultada por los meteorólogos.

Juan Urrutia2217 ~ 3 de diciembre de 2014 ~ 0

Adios al lenguaje

La última película de Jean-Luc Godard: un joven de 84 años que se da cuenta de lo que aquí hace tiempo llamé el fin de la heurística y de la concomitante obligación de subvertir el lenguaje para que no caigamos en el engaño de creer que las cosas tienen sentido porque podemos contar historias. En la discusión en la que me enzarcé en ése post Godard habría estado de mi parte y lo muestra ya desde el título de esta película, «Adiós al Lenguaje», de donde sale el título de este post.

A los dos días de disfrutar de la película de Godard escuché con relativa atención una conferencia de Fredric Jameson sobre la globalización y la representación en la que este señor tan serio nos venía a contar que la globalización en la que se habría desarrollado la postmodernidad en el campo cultural era muy difícil de representar en sí y que no daba origen a ninguna forma realmente novedosa de representación de uno u otro tipo que mereciera ser entendida como cultura. En la discusión del post citado hubiera estado en el otro bando junto con Vargas Llosa y tratando de relacionar el «High Frequency Trading» (aunque no pronunció estas palabras) con la falta de sentido de las producciones que pretenden ser cultura y no son sino mercancías en un mundo en el que el capitalismo ya no tiene alternativa. Ambos Godard y Jameson son o han sido marxistas y esta forma de ver el mundo les ha condicionado su discurso. Pero mientras uno ha renunciado a esa representación de las épocas históricas, el otro continúa buceando en esas aguas en busca del sentido de las formas de representación en el siglo XXI. A este crítico de la cultura se le entiende todo, es un profesor frankfurtiano y, por tanto, se entiende también cuando no acierta con su diagnóstico. Al primero, que es un artista, que ha renunciado a entender o a explicar, no se le entiende nada y por eso es mucho más didáctico pues nos enseña que «allá nosotros», una de las pocas cosas que hoy se pueden enseñar sin sentir el ridículo.

Juan Urrutia2217 ~ 27 de noviembre de 2014 ~ 0

Señales malas

Malas SeñalesHe pasado unos días retirado bajo el poder de los antibióticos y solo me he enterado de lo que pasa en la calle a través de la televisión o internet cada vez más alejados ambos de las señales que uno capta cuando va y viene del trabajo. Seguramente me picó un bicho en el oído y probablemente fue en el tren. Renfe no es lo que era hasta antes de ayer, el tren estaba sucio, se olvidaron de ofrecerme auriculares y la puerta del servicio no cerraba bien. Unas señales no muy alentadoras respecto a la situación económica por mucho que los medios nos quieran hacer creer que vamos mejor.

Tumbado en mi chaise longue he vuelto a oír al chatarrero original ofrecer sus servicios. Servicios dirigidos hacia los hogares que ya no pueden sostenerse y tienen que vender algo viejo que sea de hierro. Y simultáneamente he notado la desaparición del tapicero que un día también voceó ofreciendo este otro tipo de servicio que parecería más a tono con una recuperación que da alas a la imaginación aplicada a la redecoración de una casa que estaba pidiéndolo a gritos después de unos cuantos años de austeridad. Pero cuando ya he vuelto a salir, más o menos recuperado creo haber notado otras malas señales.

Son malas tanto porque no se trata de señales técnicamente correctas como porque no creo que anuncien nada bueno. No solo he detectado una mayor mendicidad contradiciendo así los signos de recuperación que nos proporcionan las estadísticas macro voceadas por los medios, sino también un incremento notable de la mendicidad vergonzante. Señoras bien ataviadas con abrigos de hace unos años pero que todavía hacen su papel y que se acercan a uno con cortesía y musitan que les ayudes-que tengas piedad. Sigo preparado para mi rumanita a la que todas las mañanas le doy algo aunque sospeche que es parte de una mafia, pero no lo estoy para estas señoras arregladas que dirías acaban de salir de la peluquería. Es como si fueran las últimas víctimas de una contienda bélica y generan la misma especial tristeza por haber recibido la última bala del último disparo antes del armisticio.

Juan Urrutia2217 ~ 18 de noviembre de 2014 ~ 0

Dos gemelos

ibarra y petitboEl otoño y la edad son dos factores que, juntos, producen una cierta tristeza y, en mi caso, una merma de mis facultades mentales. Hoy no quiero insistir en mis lloros de viejo, sino hacerles ver que no he perdido todas mis facultades. Hay una que continúa tan viva como siempre. Me refiero a esa capacidad fisiognómica mía que acentúa cada vez más su poder de, no solo reconocer parecidos físicos, y sobre todo faciales, sino de revelar otras afinidades. Fijémonos primero en Amadeo Petitbo y a continuación en Juan Carlos Rodriguez Ibarra. Aproximadamente de la misma edad ambos han sido profesores de universidad a un nivel u otro y mientras el segundo ejercía de político de primera fila el otro pasó por el Tribunal de defensa de la Competencia para recalar luego en el mundo de las Fundaciones. Sus facciones, especialmente la barbilla muestra en ambos determinación y sentido de la realidad.

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