Desde mi sillón de orejas

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Religión

Entre los borradores que creo nunca publiqué he encontrado dos posts muy largos. Sobre religión uno y sobre valores el otro. Ambos están escritos con rabia y sin contemplaciones excesivas. No parece que quepan muchos enlaces y no tengo ganas de inventarme algunos por la mera estética del blog. Así que ambos posts saldrán tal como los he encontrado. Lean ustedes, si no se sienten ofendidos, el primero de ellos. No recuerdo la fecha, pero no es difícil deducirla del propio texto. En cualquier caso me parecen oportunos para estos días que nos tocan vivir.

ascensionHoy he recibido por esas extrañas vías de internet una foto de la curia con Benedicto XVI al frente enfundándose unos impermeables de plexiglás cuasi transparente, foto que venía acompañada de un comentario que decía más o menos que «por fin buenas noticias de Roma: La Iglesia católica permite el uso del condón aunque no parece tener mucha práctica en este menester», expresión que encajaba con las dificultades que los viejos cardenales parecían tener para revestirse con el impermeable. Es inevitable pensar que estos viejos no están ya para nada y no es intención de quien esto escribe hacer chistes más o menos verdes, es que no hay forma de aprender a partir de una cierta edad. Son los jóvenes los únicos que pueden cambiar el mundo y los viejos están ahí para perpetuarse a sí mismos fingiendo su autoridad delegada por el de arriba que, desgraciadamente, solo contribuye al inmovilismo.

Es como si el inmovilismo fuera la esencia de lo sagrado. Y si no díganme ustedes por que razón llorarían los jóvenes sevillanos ante la lluvia que no ha permitido cargar con las imágenes sacras por miedo a que se dañen y echa por la borda el trabajo de todo un año preparando en cada hermandad o cofradía los hábitos y los bordados en los adornos de los pasos. Manos mal que las saetas no necesitan, supongo, demasiada preparación y brotan del alma de esa mujer por lo demás aparentemente normal o de ese hombre que parece que ya durmió la mona.Como en Valencia bastantes locos se pasan el año trabajando, ensayando, aprendiendo a no desafinar la trompeta o a golpear el tambor con una cadencia simplísima; pero a diferencia de los levantinos esta gente de poniente corre el riesgo de no poder terminar gozándola por la lluvia mientras que la cremá siempre es posible. Seguramente los andaluces tienen más fe.

Pero ¿hay alguien que todavía tenga fe y no la tenga como un simple fetiche, como quien ha cogido unas purgaciones? Los defensores de la fe, es decir los censores, trabajan a destajo, se encargan de excomulgar o excluir de la comunidad eclesial a los pocos ancianos que todavía no tiene Alzheimer, verdadero o simulado, y se preguntan cosas obvias como la prohibición del sacerdocio de las mujeres o del uso del preservativo más allá de resguardar de la lluvia esas increíbles casullas bordadas por vírgenes drogadas que más tarde desvían su naturaleza hacia objetos raros y puntiagudos.

Nadie cree pero parece haber muchos que piensan que mejor no desvelar esa cruda verdad. Quizá temen que el cielo se derrumbe sobre nuestras cabezas vacías. Pero también es posible que para no pocos y de no poca enjundia haya aquí todavía un misterio o un aspecto de la realidad sin desvelar. Así grandes científicos o filósofos esforzados tratan cada uno desde su perspectiva de hablar con sentido de la existencia de Dios o de un Uno trascendente y para ello se sirvan cruelmente del desvalimiento del ser humano siempre rodeado de muerte. Y sus desvaríos o ardides comerciales, siempre a mayor gloria de Dios, son ennoblecidos por las grandes tiradas de los libros en que se plasman esas intensas faltas de cordura o de decencia.Y aquí tocamos un asunto peliagudo pues los ingresos de los dignatarios de la religión de que se trate están siempre en juego. Y digo de todas las religiones pues como dice Hugo en un pasaje de Los Miserables ante la inminencia de un naufragio un voluntario con ganas de prosperar realiza un acto común a todas las religiones: pasar el plato o el sombrero o la boina, justo como los saltimbanquis que abarrotan nuestras esquinas y los cruces de nuestras calles. Los bienes materiales que dicen despreciar son el objeto de su rapiña de su avaricia aparentemente justificada para ayudar a los indigentes quienes sin embargo no ven un duro de lo recaudado por esa o esta otra Iglesia aunque, es justo decirlo, a veces sí que reciben un mendrugo de pan de manos de hombres y mujeres santos que muy a menudo colgaron los hábitos.

Pero, pensarán no pocos lectores, no se puede confundir la Iglesia con la Religión. Al fin y al cabo una Iglesia es una obra humana y a veces demasiado humana; pero una religión, y especialmente una de las tres llamadas el libro, pretenden ser un alarde de inteligencia y de sensibilidad como diría el arzobispo de Canterbury en su deseo de organizar la discusión y sacar algo de dinero para su Iglesia que se desvanece poco a poco. O todo un argumento electoral en las campañas para la Presidencia de los Estados Unidos de América. O, como dirían algunos de los hombres y mujeres dignos y buenos, que todavía los hay, la Religión puede ser un consuelo para muchos y no solo a la hora de la despedida sino en momentos de tribulación de esos que a todos nos tocan y seguramente de forma potencial como todo en la naturaleza para que el 20% de nosotros carguemos con el 80% de las penas. Pero ¿quién sino el gran creador podría haber programado semejante ley? Y, de todas formas ¿quien ha pedido consuelo más allá de unas buenas dosis de morfina?

Dejémonos ya de torpes ideas y golpes de efecto y confrontemos la nada con un poquito de dignidad o con la mayor de las pataletas si es eso lo que nos pide el cuerpo que tampoco la dignidad es obligatoria o nos gana méritos para otra vida. No la hay y aunque la hubiere no se puede consentir que una vicepresidenta de un gobierno tenga dificultades interpuestas por su obispo para recitar el pregón de la Semana Santa de su pueblo porque no está casada por la Iglesia Católica. Claro que tampoco se entiende que alguien que tiene que ordenar el funcionamiento de todo un gobierno en momentos difíciles insista en lanzar semejante reliquia del pasado como ese pregón que supongo nos llama a rememorar el principio de «nuestra fe» como no nos privamos de decir incluso los que carecemos de cualquiera, ese principio teñido del dolor de la muerte y coronado por la Resurrección de un personaje curioso que lo mismo transforma el agua en vino o alaba al administrador infiel.

No hay manera de creerse la última trinchera de toda esta impostura, esa afirmación de que sin estas creencias el mundo sería un caos aun mayor del que ya es bajo su héjira, argumento que me dicen es el que usan estos días los economistas aduladores del Poder: que sin los recortes de todo tipo estaríamos todavía peor. Mucho añoramos el advenimiento de ese mundo aun peor para finalmente poder luchar a cuerpo limpio contra las mixtificaciones que hieren nuestra sensibilidad y finalmente enfrentarnos a un enemigo real y no inventado por alguien a quien importamos muy poco.

«Religión» recibió 6 y desde que se publicó el 4 de marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia

  1. David de Ugarte

    Mientras escribía el post sobre las condiciones de la conversación me vino varias veces a la cabeza la imposibilidad de conversación con el catolicismo (en general con cualquier ideología donde haya seres todopoderosos que se involucren en la Historia). Al leer tu comentario pensé… es hora pues de decirlo claramente…

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  2. Fernando Palma

    Para tener conversación, se debe reconocer al otro como un igual en dignidad, derechos y deberes; sólo de esa forma se tendrán las interacciones esperadas.

    Además, hay que considerar un pequeño detalle: Todos tenemos fe; fe en qué o quién, eso es otra historia.

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  3. juan urrutia

    Si fe es creer en lo que no vemos, pues sí, todos tenemos fe. pero si fe es algo más ontológico tu afirmación Fernando no me parec obvia.

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  4. F.Tusell

    Pero ¿qué mosca te ha picado, Juan? Vale que la emprendas con el clero, vale que hagas propaganda atea o, si te place, anti-tea. Pero ¡un poco de perspectiva y sentido de la justicia! ¿De verdad crees que de lo que recaudan las iglesias para ayudar a los indigentes, éstos no ven un duro? Sólo haces excepción con algunos “hombres y mujeres santos que muy a menudo colgaron los hábitos”.

    Algunos, sí (quizá pensabas en Vicente Ferrer), otros no: ahí tienes a Teresa de Calcuta, y quienes la han seguido. Da a cada cual lo suyo. Hasta el Victor Hugo que citas hace, si no recuerdo mal, en las primeras páginas de “Los miserables”, la semblanza de un obispo, del que habla con veneración y respeto. Y no era Victor Hugo ningún meapilas.

    De lo demás, nada te puedo decir. Aquello contra lo que te alzas es, en efecto, “escándalo para los judíos, locura para los griegos”. Vivimos en un siglo racionalista y griego, y ver más allá de la locura no es fácil para nadie; menos aún para alguien tan griego como tú.

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  5. ayanto

    Paul Veyne: “Sin Constantino el cristianismo habría continuado siendo probablemente una secta de vanguardia” (citado de memoria de los documentales de Mordillat y Prieur: “L’apocalypse”)

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1 Trackback/Pingback

  1. Comentario sobre el comentario de F. Tusell

    [...] post sobre Religión ha enfadado a mi jóven ex-colega Fernando Tusell y alguien como él, que mira al mundo con ojos de [...]

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